Respeto profundamente a Noelia.
A quien no respeto es a la clase política, a la clase médica y a la sociedad que si hubieran (hubiéramos) procurado a Noelia un entorno digno de cuidados, amor y respeto no hubiera querido dejar de vivir.
Entiendo perfectamente el sufrimiento psiquiátrico que es infinitamente peor que el físico. Y ese era el sufrimiento de Noelia. Pero a ella se le concedió la eutanasia en base a su discapacidad.
En este país fallecen por suicidio más de 10 personas al día (el doble que en accidentes de tráfico), porque no pueden más con ese sufrimiento, pero a ellas nunca se les concederá legalmente el recurso a la eutanasia. A Noelia sí, porque estaba el añadido de la discapacidad y nuestro infame sistema de creencias que nos convence de que nadie querría vivir con una tretraplejia. Cuando lo realmente insufrible es vivir con depresión crónica.
Somos una sociedad CAPACITISTA y EUGENÉSICA y la muerte de Noelia no hace más que confirmarlo.
Sobre el morbo informativo alrededor de esta chica no voy ni a hablar. Es similar al que hubo alrededor de Ramón Sampedro. Pero los medios nunca jamás darán voz a personas nombradas por la discapacidad y con importantes limitaciones físicas que no quieren morir.
Soy atea y me aterran todas las voces que desde el ateísmo y la (teórica) defensa de los derechos humanos piensan que esta muerte era inevitable y necesaria.
Noelia vivía en una residencia. Entiendo que alguien de la edad de mi hija quiera morir viviendo en un lugar donde no tiene decisión sobre nada, ni a qué hora se levanta, ni qué o cuándo come, qué se viste, cuándo sale (si sale), la hora a la que se acuesta, y apuesto a que sin nada qué hacer durante todo el día más que mirar al infinito. Noelia vivía en la NADA más absoluta. No hablemos ya de la ausencia de familia y amigos. De amor.
¿Quién no querría morir en esas circunstancias? Porque eso es lo que ha matado las ganas de vivir de Noelia y no su tetraplejia.
A Noelia la hemos matado todos como sociedad.

📸Descripción de la imagen: El activista Paco Guzmán en una manifestación. De su silla de ruedas cuelga un cartel que dice: «No sufro discapacidad, sufro discriminación».



























































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