El pasado abril tuvo lugar en Asunción, Paraguay, el 1er Congreso Iberoamericano de Educación Inclusiva como Movimiento Social. Asistieron más de 600 personas de 9 países de Latinoamérica y yo fui una de las 30 personas que formó parte de la delegación española.

No todo fue trabajo, coloquios, talleres, conferencias… Los primeros días nuestra delegación, más dos compañeras uruguayas y una argentina, pudimos hacer un tour que disfrutamos muchísimo. Fuimos en bus y, aparte de las cosas tan bonitas y divertidas que se vivieron tanto allí dentro como a la hora de comer, tuvimos la gran fortuna de estar en las Cataratas de Iguazú. Yo ya tuve el placer de verlas, un par de años antes, pero por el lado brasileño. Esta vez las contemplamos desde el lado argentino y, sin desmerecer a las de la parte brasileña, casi que me gustaron más estas. Es que verlas desde esa perspectiva y, además, ver el agua caer con esa fuerza, tanto que te empapas enterito… Es una preciosidad de la naturaleza que no hay demasiadas oportunidades de ver en la vida. La emoción y la euforia que sentí al estar allí es difícil de explicar. Es uno de estos lugares que en fotos y vídeos son alucinantes, pero no hay nada mejor como vivirlo en vivo y en directo.
Y, menos mal que el guía con el que íbamos nos dijo que era mejor ver las cataratas por la mañana, que por la tarde había riesgo de lluvia. Lo que no me esperaba es que lloviese tantísimo y es que, justo cuando estábamos al sitio donde íbamos a comer, empezó a caer, de verdad, el diluvio del siglo, con gotas enormes. Llovía tanto que, con el ruido que hacía, hasta parecía que se iba a venir abajo el techo. Una parte de los del grupo se habían perdido y fueron testigos de verdad de que allí cuando llueve, llueve. En serio, no vi llover tanto ni en Galicia, la comunidad autónoma de dónde soy y que tiene fama de estar siempre lloviendo. De vuelta a Asunción vimos las cataratas de Salto de Monday que, claro, en comparación con las otras parecían pequeñas, pero la verdad es que también eran increíbles.

En este 1er Congreso Iberoamericano de Educación Inclusiva como Movimiento Social escuchamos experiencias dolorosas, testimonios que deberían servir para eliminar todo lo que se está haciendo mal en las escuelas, pero también escuchamos soluciones y recovecos de esperanza. Algunas veces pienso que no estamos consiguiendo gran cosa porque no veo avances, pero el poder de convocatoria que vi me deja claro que toda nuestra fuerza y la gente que hay luchando y queriendo transformar el mundo es algo tan grandioso, que al final vamos a hacer que las cosas cambien y que todas las personas que componen el sistema educativo (profesores, alumnado, familias, administración, políticos…) sean conscientes de que el sistema no funciona para casi nadie, que se están saltando constantemente el derecho de personas con diversidad funcional a existir, a una educación inclusiva y, sobre todo, humana. Así que sí, es poco a poco, a veces es demasiado despacio, pero estamos consiguiendo avances, aunque solamente sea por la cantidad de personas de ambos lados del charco que nos hemos unido para conseguirlo, que es mucho más de lo que me imaginaba cuando empecé a ser parte activa de esta nuestra lucha.

Participé en el panel de estudiantes que fue muy emotivo. Todos y todas pudimos hablar sobre experiencias pasadas y que el público asistente nos escuchara. Mi compañero Raúl contó algo que no había contado hasta ese momento y se emocionó. También Magda lloró con él y todos nos abrazamos porque además de compañeros, somos amigos y nos preocupamos unos de otros.
Hace dos años ya había estado en Paraguay, fui con dos compañeros de España al Congreso IÓN. Además de poder dar a conocer todo nuestro trabajo, hicimos un tour por todo el país y durante esos días compartimos muchas horas de convivencia, hicimos una gran piña y el último día nos dio mucha pena despedirnos. No teníamos ni idea de si nos volveríamos a ver, pero resulta que sí, y es que dos personas de IÓN vinieron a un workshop que tuvo lugar en Barcelona. Este año hemos vuelto a Asunción y estoy seguro de que nos volveremos a ver.
Me encantó conocer a Magda y a su madre Mercedes y poder por fin conocer a Patricia, ya era hora de que nos viéramos la cara después de tantos años a través de un ordenador. Fue una auténtica alegría reencontrarme con todas las personas de Paraguay que conocí en el congreso IÓN hace dos años, y también con Silvana, una persona a la que le tengo mucho cariño y es maravillosa, igual que Marisol que nos conocimos en Barcelona y fue una alegría volver a verla. Fue increíble ver en persona a toda la gente que nos conocíamos de redes y que pensaba que nunca nos íbamos a encontrar. Además me impresionó que tanta gente conociera mi libro y que quisiera leerlo, y de verdad que fue muy emocionante.

Antes he dicho que había estado hace dos años en Paraguay, y es que junto con dos amigos y compañeros del grupo fuimos al congreso IÓN. Fue otro congreso en donde además de dar a conocer todo nuestro trabajo, hicimos un tour por todo el país y, durante esos días compartimos muchas horas en una furgoneta, momentos de charla en los desayunos, comidas, cenas y en la habitación de los hoteles. Fue todo eso por lo que hicimos una gran piña y el último día nos dio mucha pena despedirnos. No teníamos ni idea de si les volveríamos a ver, pero resulta que sí, y es que dos personas del IÓN vinieron a un workshop que tuvo lugar en Barcelona. Este año hemos vuelto a Asunción y estoy seguro de que nos volveremos a ver. Les guardo mucho cariño y es que me sentí muy bien tratado y querido las dos veces que fui.




























































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