De Letras y de Ciencias

Ciencias y LetrasEsta mañana, camino del bus, Antón y yo hemos ido repasando los contenidos del control de Conocimiento del Medio que tenía hoy. Entre ellos, las etapas de la vida: gestación, infancia, adolescencia, madurez y vejez. Pues bien, en las diferentes etapas de mi propia vida, he tenido distintas relaciones con la rama de las ciencias: en la infancia (EGB) odiaba las matemáticas, para pasar a aborrecer las ciencias en general al llegar a la adolescencia (BUP). La causa: una serie encadenada de docentes de estas asignaturas en el instituto que eran tan abominables, como maravillosos aquellos que me impartieron Historia, Literatura o Lengua. Esto, sumado a esa otra abominación de obligar a un alumno a elegir entre ciencias o letras, cuando aún no tiene edad ni criterio para decidir cuestiones mucho más básicas de la vida diaria.

Así que, dadas mis experiencias con los profesores de Ciencias, me decidí por las Letras. Pero no letras a secas, sino letras purísimas. Tanto, que incluían hasta griego. Todo por mantener ecuaciones, derivadas, tablas periódicas, átomos, neutrones y formulaciones lo más alejados de mi persona que fuera posible.

No fue hasta alcanzar la “Madurez”, cuando empecé a ser consciente de lo mucho que, en realidad, me gustan las ciencias. Especialmente la biología. Cuando fui madre y empecé a llevar a mis hijos a ciertos museos relacionados con la ciencia y la tecnología, me encontré como una niña más: parándome a leer cada explicación en paneles y cartelas, a ver todos y cada uno de los vídeos o hacer cola para manipular cada elemento interactivo que encontraba a mi paso. Mamá era siempre la última en salir de la exposición y, tan inmersa estaba en aquel mundo que empezaba a descubrir, con una curiosidad igual de infantil que la de sus propios polluelos, que llegaba a desentenderse de ellos. Menos mal que siempre podían recurrir a su padre, a quien el sistema encaminó y especializó en el sendero contrario: el de las Ciencias.

Como mi intención es evitar que esta experiencia se repita en mis hijos, en nuestra casa nunca se ha hablado de las Humanidades en contraposición a las Ciencias, ni viceversa. Ambas son igual de apasionantes, complementarias y necesarias. Es una pena que nuestro sistema educativo, donde tantas reformas se han sucedido durante los últimos años (a cada cual peor que la anterior), no sea capaz de incorporar esta idea, que es puro sentido común. Seguimos empeñados en especializar y bifurcar el interés por aprender y la curiosidad innata de nuestros niños.

Así que, me encuentro descubriendo, al mismo tiempo que mis hijos, un mundo que por culpa del sistema creía aborrecer. Esta reflexión me ha surgido a raíz del trabajo conjunto que estamos haciendo Antón y yo en las últimas semanas para descubrir juntos todos los entresijos de esa máquina tan fascinante que es el Cuerpo Humano. Por el camino hemos encontrado aplicaciones maravillosas que iremos señalando en las próximas entradas.