Deshumanización y cosificación de las personas con discapacidad

Antes que Antón, nació su hermana Amara y, durante 4 años, 3 meses y 2 días, pude ser una madre corriente y moliente. Así que tengo experiencia en estas dos maternidades tan distintas. Por eso, cada vez que alguien, ante dificultades, contratiempos o problemas que le salen al paso a Antón, me dice algo parecido a “pues como todos los niños, ¿no?” me enfado mucho. Muchísimo.

Ahora ya he conseguido enfadarme sólo por dentro, al tiempo que sonrío, y ya no me molesto en contestar, ni aclararlo o intentar hacer ver a esa persona que esto no es así en absoluto. Porque no es así, de ninguna manera es lo mismo: ni por el volumen de las dificultades que surgen en la vida de Antón, ni por su peso, ni por la cantidad de herramientas y habilidades que él pueda tener para hacerles frente en comparación a otros niños que han nacido con su vermis cerebelosa intacta. No es lo mismo ni por asomo. Y más vale que quien piense así, y además tenga la osadía de verbalizarlo, no llegue a comprobarlo nunca en su propia piel.

Hasta tal punto no es así, que ahora me río de muchas de las cosas que me agobiaban cuando mi hija era pequeña y me pregunto cómo podía ser tan tonta. Así que yo, como la mayoría de las madres diversas, tenemos que colocar la sonrisa y mordernos la lengua para contenernos cada vez que tantos padres y madres ordinarios se preocupan, angustian y agobian por cosas absurdas delante de nosotros. Entiendo que lo hagan porque yo también he estado allí. Lo que no entiendo, ni tolero, ni acepto es que algunas personas intenten equipararlo y ponerlo al mismo nivel que las cosas que nos preocupan, angustian y agobian respecto a nuestros niños con discapacidad.

Es como si se diera por hecho que, dado que nuestros hijos tienen una discapacidad, viene en el lote todo ese añadido de dificultades. Acepto las dificultades en cuanto a su funcionalidad, pero no las sociales y de aceptación, las que tienen que ver con el (in)cumplimiento de sus derechos civiles y tantas otras…

También parece que se da por hecho que, una vez aceptado el diagnóstico de nuestros hijos, esto implica también aceptar y asumir que se van a encontrar con todas esas dificultades. Pues no, tampoco funciona así: el hecho de que sepamos que nuestros hijos van a tener que enfrentarse a infinitas dificultades, no significa que nos duela menos. Ni dejan de doler con el tiempo. Es más, a medida que crecen, ese dolor se vuelve cada vez más y más doloroso.

No sé cómo resulta tan difícil de entender.

nacho calderon almendrosO puede que sí lo sepa porque, lo que aquí subyace en realidad, es una idea que venía tiempo rondando mi cabeza pero que a la que no había podido dar forma hasta que escuché unas palabras de Ignacio Calderón Almendros donde afirmaba que «existe una ideología que interpreta la vida de las personas con discapacidad como una vida que no es completamente humana

Es lo que él denomina Proceso de Cosificación: «Es un ataque a la Humanidad de las personas con discapacidad. Los matamos a través de un proceso en que convertimos a las personas con discapacidad en cosas.»

Ignacio Calderón Almendros es un pedagogo que ha centrado la mayor parte de sus estudios e investigaciones en el tema de la integración escolar en relación a la discapacidad. Y seguramente, no, casi con toda probabilidad, la coherencia, sensatez y sensibilidad de todas sus conclusiones y reflexiones se deban al hecho de haber convivido con la diversidad en su familia, y el culpable de su mirada normalizadora y respetuosa es su hermano Rafael Calderón. Rafael cuenta con miles de características (biológicas y espirituales), como todo ser humano, sin embargo, la que más ha marcado su vida de cara a los demás (a los otros) ha sido su trisomía en el par 21, el Síndrome de Down. Y contra eso ha luchado la familia Calderón Almendros toda su vida.

 

frases nacho calderon

 

Todos estos años con Antón en mi vida me habían llevado a elaborar una idea sobre la causa de esta percepción distorsionada sobre Antón que hace el mundo exterior, el mundo más allá de su familia. Más que una idea, era un sentimiento, una sensación. Es decir, yo comprendía esa razón pero no podía traducirlo más que en sentimientos, en sensaciones, no había conseguido elaborarlo en forma de palabras. Y fue entonces cuando escuché una de las fantásticas ponencias [aquí] de Nacho Calderón y leí su libro Educación, hándicap e inclusión y, allí mismo, encontré ese sentimiento que yo tenía dentro de mí convertido en palabras. Y el caso es que ni siquiera se precisaba de cientos de ellas para ser explicado. La razón por la que el mundo percibe a Antón de forma diferente a cómo lo hace respecto a su hermana, se resumía en esta idea: por un proceso de COSIFICACIÓN y de DESHUMANIZACIÓN.

Así de simple.

 

sirena y sapito

Estos son mis hijos: Amara y Antón

Esto es lo que yo, madre, veo: dos niños maravillosos

Y esto es lo que la mayoría de la sociedad, del mundo exterior, ve y percibe: una niña brillante y un ser fallido.

Por tanto, entienden que mis expectativas para ellos no pueden ser las mismas.

Esa diferencia de miradas es lo que muchas veces lleva al enfrentamiento entre las familias diversas y el mundo exterior. Donde nosotros, las familias, vemos DERECHOS, el mundo exterior ve FAVORES.

Y es la prueba evidente que confirma la teoría de Ignacio Calderón Almendros.

 

Sobre “No aceptar” la discapacidad de nuestros hijos

La práctica totalidad de las familias diversas hemos tenido que escuchar, en algún momento del camino, que “no aceptamos” la discapacidad de nuestros hijos. Muchos de esos padres han llegado incluso a convencerse de que es así. Yo lo hice durante mucho tiempo, demasiado tiempo. Hasta que me di cuenta de que la realidad era justo la contraria: era el mundo el que no aceptaba la discapacidad de mi hijo.

Y de que cuando se nos dice esto (“no aceptas”), lo que en realidad se nos quiere decir es: no te resignas a que tu hijo no tenga los mismos derechos que los niños sin discapacidad, que no tenga derecho a lo mismo, que no tenga derecho a su lugar en el mundo.

 

Lo que acepto

Yo asumo la discapacidad de Antón. Vaya si la asumo. Asumo que su funcionalidad no le vaya a permitir correr 3.000 metros en los 12 minutos que lo hace su hermana. Si consigue hacerlo en una hora, será todo un logro. Y además un logro mucho mayor de quien lo consigue en diez minutos con su vermis intacta, con todos los órganos del cerebro en su sitio, el tono de sus músculos en perfecto estado y su sentido de la coordinación y el equilibrio intactos.

Asumo también que con 10 años no pueda vestirse, asearse o cepillarse los dientes solo, ni escribir a mano, ni andar en bicicleta, ni nadar, ni… tantas cosas. Claro que lo asumo, es más, llegados a este punto me parece un problema relativo o ni siquiera un problema. Yo también necesito de la ayuda de los demás en cientos, miles de cosas y no soy completamente autónoma en muchísimos aspectos de mi vida.

 

Lo que no acepto

Asumo todo esto respecto a las dificultades que su limitación en la funcionalidad imponen a Antón. Ahora bien, me niego a asumir:

  • que tenga que estar solo en el recreo.
  • que no reciba invitaciones a cumpleaños en la misma proporción en que lo hacía su hermana. Ni a jugar a otras casas, pasar la noche fuera o ir al cine.
  • que no le acepten en los campamentos de verano.
  • que no encaje en prácticamente ninguna actividad extraescolar del colegio, ni del ayuntamiento, ni de la Diputación, ni de prácticamente ninguno de los organismos sostenidos con recursos públicos.
  • que hayamos tenido que dejar de ir al parque porque nadie educa a sus hijos para que le den un sitio en sus juegos.
  • que deba soportar día sí, día también, que algún niño le diga que “tiene una enfermedad”, que “anda mal” o que “no sabe hablar ni hacer nada”. Y lo peor: que se lo digan tanto, tantas veces y tan fuerte, que él mismo llegue a convencerse de que es así, de que es un ser incapaz porque otros lo han marcado y así lo han decidido.
  • que cada vez que denuncio este tipo de situaciones se me tache de hipersensible, paranoica, suspicaz, radical… e incluso utópica e ilusa.
  • y tantas y tantas cosas…

Así que, si eso significa que no acepto la discapacidad de mi hijo, pues no, no la acepto.

Y mi lucha está (y estará) en que cada vez que mis hijos atraviesen la puerta de casa, sean percibidos de la misma manera y se les supongan los mismos derechos. No quiero que mi hija tenga derecho a derechos y mi hijo tenga que conformarse con favores. Que lo que en mi hija son derechos, en Antón se transformen en favores y su lugar en el mundo dependa de la buena o mala voluntad del resto.

El problema principal de mi hijo es que haya personas convencidas de que tiene un problema. Un problema que, para muchos, no sólo restringe sus aspiraciones y sueños, sino también sus derechos. Tener afectada la funcionalidad es un contratiempo, no un problema. El verdadero problema de las personas con diversidad funcional son las barreras físicas y, sobre todo, las mentales: la falta de empatía, la insolidaridad, la crueldad y la exclusión que tantas veces sufren nuestros niños. No hablo ya de lo que será su vida como adultos…

 

Paco Guzmán

 

No sufro discapacidad, sufro discriminación (Paco Guzmán)

 

Comments

  1. Xenial como sempre Carmen!
    E seguro, porque os coñezo, que tes dous fillos marabillosos, distintos pero ambos os dous marabillosos; como adoitan ser a maioría dos nenos ata que os adultos os maleamos.
    O problema é que parece que nesta sociedade solo teñen lugar os “estandares”; sen percatarnos de que non existen dúas persoas iguais.

    • Así es, Carlos: maravillosos e igual de imprescindibles en mi vida. Me entristece y me enfurece que en cuanto cruzan la puerta de casa, la mirada que reciban sea tan diferente: una, la niña que todo padre querría tener y otro, el que todo teme. Y no sé ya cómo decir ni cómo gritar que los dos son iguales: igual de maravillosos e igual de necesarios, que los dos deberían tener derecho a aspirar a la misma vida y a contar con los mismos derechos.
      Bicasos, Carliños e grazas pola túa aportación 😘

  2. Irene Tuset Relaño says:

    Hace unas semana caminando por Madrid unos sin techo que recogían juguetes de la calle y los colgaban para decorar un árbol de la vía pública (lástima que no sacase una foto) se acercaron a Andrés y le regalaron varios de sus juguetes rotos. ¡Claro! , pensé yo. Mi hijo síndrome de Down de seis años también es un desheredado de la tierra. Se solidarizan, conocen su dolor presente y su dolor futuro. Les tuve que pedir que por favor le regalasen también algún juguete a mi otra hija de siete años, con todas sus capacidades intactas, que no entiende porqué todo el mundo intenta compensar a su hermano de algo. Lo hicieron, claro, ella no tiene la culpa. Pero de alguna manera me miraban como diciendo: ella no es de los nuestros. Así que Andrés y Antón son, a día de hoy, parte de esos desheredados de la tierra, sin derechos básicos reconocibles, bajo amenaza de destierro si molestasen demasiado.
    Pero si se están quietecitos, si no pedimos mucho, nos pasarán la mano por el lomo y nos “compensarán” por nuestra mala suerte con algún que otro juguete roto.

    • Gracias por tu historia, Irene. Iba a decir “qué bonita” pero quizás ese calificativo aquí no procede aunque, a pesar del trasfondo tan triste de que los expulsados por el sistema reconozcan en Andrés a uno de los suyos, es una igualmente una historia bella y poética. Besos para el pelirrojo y la rubita 😘 😘

  3. Francisco Carrasco says:

    Que emocionante tu relato Carmen. Me ha llegado a lo más profundo de mi persona, por la claridad y realidad de lo que expresas. Te entiendo perfectamente y bien sabe Dios que llevas toda la razón del mundo. La lucha por la inclusión en todas las esferas de la vida, ya sea escolar, laboral pero sobre todo social, es una lucha dura y lenta pero que estoy convencido que va dando sus resultados, aunque insuficientes aún, los va dando.
    Mucha fuerza, mucho ánimo Carmen. Eres una heroína más en este mundo. Un heroína de la que aprender a no ser conformista, a no bajar los brazos ante el desánimo, a no callarse ante las injusticias, a luchar por los derechos, que no favores, como bien dices en tu escrito…EN fín Carmen, un abrazo muy fuerte cont odo mi cariño a tí y tu familia. No dejes nunca de luchar y gritar por Antón. Muchas personas estaremos sosteniéndote. Kiko.

  4. Gracias por compartir tus experiencias. Esto que la sociedad veamos los derechos de las personas con algún tipo de capacidad como favores me ha impactado. No conocía el trabajo de Nacho Calderón, también gracias por las presentaciones.
    Esta entrada me ha puesto en contacto una vez más con mi lucha constante como ser humano de darme cuenta cuando entro en el juego de “ver la paja en el ojo ajeno cuando no veo la viga en el propio”.
    Lo comparto. Un saludo,

  5. María Luisa says:

    Estoy totalmente de acuerdo,la sociedad no respeta la discapacidad, los cuentos, los héroes, no tienen protagonistas discapacitados, los centros ya sean tiendas, supermercados, los medios de transporte, las actividades varias no tienen en cuenta A las personas que tienen necesidades especiales por motivos de movilidad o de otro tipo, o no lo suficiente. No sé cómo alguien puede comparar el esfuerzo que hacen los padres con esta situación con la standard.Sólo puedo mostrar mi respeto y apoyo A todos vosotros. Ví A mí hijo vulnerable en alguna ocasión por motivos de salud y se me rompió el alma, sufro dificultad de movilidad que me limita en mi vida diaria sin ser extrema es lo suficiente para comprender la frustración y otros achaques que me hacen sentirme especialmente sensible A lo que expresas en tu reflexión, más aún cuando el discapacitados es un niño. Amor y más amor, no decaigas, ánimo y luchemos por esa igualdad para todos estos niños bellos que es un derecho como seres humanos y como ciudadanos de este mundo.

  6. María Luisa says:

    Y si mi discapacidad puede ser temporal y puede solucionarse o no con operación y tratamientos, las discapacidades que están previstas A formar parte de la vida de un niño desde su infancia hasta su madurez, deberían ser atendidas desde su infancia A su madurez con naturalidad previsión y eficacia. Falta querer hacerlo.

  7. maravillosa como siempre !!!! eso es lo que nos duele tal y como los has descrito, muchas gracias por hacernos entender ese cocktel de sentimientos sensaciones, y ponerlos en su lugar y darnos cuenta que somos las mejores madres del mundo.

  8. El otro día una conversación de mi tío con su hijo de 5 años, recibió numerosas críticas porque el niño había usado las palabras “valiosa posesión”. Varios adultos comentaron lo inusual de su vocabulario y cómo iba a recibir collejas en el instituto y ser ridiculizado. Es terrible saber esos adultos van a “educar” a sus hijos con ese tipo de ideas.

  9. Lo que no aceptas es que ir invitado a cumpleaños o a dormir fuera de casa no son DERECHOS, son ofrecimientos que parten de otras personas. No se puede obligar a esas personas a invitar a tu hijo a dormir o a jugar a su casa porque tú consideres que ese es su derecho, ve a donde quieras, pelea lo que quieras, pero ningún juez obligará jamás a una familia a invitar a pasar la noche en su casa a un niño al que no desean invitar. Son reivindicaciones absurdas, si mis hijos quieren invitar a un niño elegirán a un amigo, a alguien cercano a ellos, si tu hijo no tiene esa relación de intimidad es normal que no reciba esas invitaciones. Además tú misma dices que no puede ponerse el pijama ni lavarse los dientes o lavarse solo ¿quién va a hacer eso si pasa la noche fuera de casa? ¿Pretendes que esa obligación recaiga en los otros padres? Yo leo esas cosas y no doy crédito, está bien pedir derechos, pero no imposibles.

    • María, en serio que en vista de tus comentarios creo que tienes un problema, como mínimo de empatía.
      ¿Cómo denominar “obligación” ayudar a un niño a poner el pijama o a lavarse los dientes? Si un niño de 5 años va a dormir a casa d un amigo y se hace pis en cama, ¿hay que llamar a sus padres a las 4 de la mañana para que o limpien? ¿O en ese caso ya no lo consideras “obligación”?
      Podría darte mil argumentos, pero como dudo que sirvan de algo, sólo te pido que como MÍNIMO, no expongas estas opiniones tan crueles en un blog brillante en defensa de la diversidad funcional, y a una madre luchadora que ya les gustaría a muchas…
      Porque te diré una cosa, esa madre tiene sentimientos, y quizás tus palabras le hieran. Pero no tengo claro que puedas entenderlo, porque está claro que tus palabras demuestran una triste falta de empatía.

      • Y te diré más, no sabes lo que tus hijos se pierden por tu mente cerrada, porque detrás de los niños con diversidad funcional hay unos corazones inmensos, historias geniales, y amistades que no traicionan.
        Voy a ser madre en unos meses y me genera una profunda tristeza el mundo al que llega mi hija, un mundo en que vale más ser el mejor que ser uno mismo, un mundo en que no vemos más allá de nuestro propio ombligo, y un mundo en que la palabra empatía carece cada vez más de valor.
        Ánimo Carmen por este brillante blog y por tu aún más brillante papel de madre.

      • Puede que tu niña no llegue al mejor de los mundos, Lara… pero va a crecer en la mejor de las familias.
        Un abrazo enorme y que se te haga muy corto el tiempo que queda 😘

    • raquel benavente says:

      Ojalá nunca te veas en esa misma situación…. me deja fría tu deshumanizacion y cero empatia..ojalá no inculques esos pensamientos en ningún niño.

    • No has entendido nada. A ver si en otra vida hay más suerte.

    • María González says:

      María, es lamentable que veas así el mundo, tan cerrado, tan oprimido, tan lineal, estricto e igualitario… madres como la autora de este blog y yo misma vemos en cada dificultad un reto donde aprender y enseñar a nuestros hijos, alumnos, amigos y seres queridos la vida como algo abierto, en movimiento, cambiante y maravilloso… es una verdadera pena que limites tu vida tanto y sigas limitando a las generaciones futuras con un pensamiento tan retrógrado, falto de empatía, deshumanizado… mira a tu alrededor!!! No te has dado cuenta??? el mundo esta cambiando SIN TI, te estás quedando sola, atrasada, anquilosada… Te vas a perder tantas cosas!!! tu a lo mejor ya eres y caso perdido pero piensa en tus hijo, mujer! deja que avancen con los tiempos, que nos sean unos “analfabetos empáticos” unos “ignorantes de la humnaidad” … Además a ti por ahora no te ha tocado tener un hijo con diversidad funcional, pero… bueno… quizás todavía estés a tiempo… o un nieto!!! madre mía!!! y tu hija con esas carencias!! bufff no me lo quiero imaginar!! un nieto excluído y marginado… que dolor!! de todas maneras María en esos momentos tán difíciles que pasarás la autora de este blog, Carmen, yo misma y un montón de madres, padres, profesionales y familias más estaremos a tu lado siempre!!! NO LO DUDES!!!

    • Aquí no hay nada imposible, prueba de ello es que tengas la cara de decir tantas barbaridades juntas en un blog tan amoroso como este. Debería optar por hacer como Carmen y ni siquiera contestar este comentario pero me parece de traca que aún haya gente tan maleducada (por decirlo de alguna manera). Un abrazo mamis!

    • Maria, sinceramente, sería marciano que tus hijos invitaran a personas diversas a casa tal y como los estás criando.

      Lo que todas te estamos diciendo – y está claro que necesitas mejorar tus habilidades de comprensión lectora – es que los derechos de nuestros hijos son IRRENUNCIABLES y me importa un pito que te gusten más o menos, la Constitución Española dice en el artículo 14 “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.”

      Así que si quieres ir en contra de la Constitución, funda un partido político anti personas con discapacidad y así tienes el articulado que, hoy por hoy, no está de tu lado.

      • Pues vete al juez cuando a otro niño de la clase lo inviten a pasar la noche fuera y exige con la Constitución en la mano y el artículo 14 que inviten también al hijo de Carmen, a ver qué te dicen.

    • Espero que nunca en tu vida tengas ningún tipo de contratiempo que te aleje del camino de la mal llamada “normalidad” porque quizás te encuentres con gente que al igual que tú está lejos de entender que todos nacemos iguales en derechos y obligaciones.

    • María (si eres la María que sospecho):

      No debería estar perdiendo el tiempo en tus palabras ni en tu persona. Pero, ¿sabes qué?: que esta lucha me importa y para ganarla es necesario conocer a quien tengo enfrente. Por eso me ha sorprendido y desmoralizado (más si cabe que tus palabras) averiguar tu perfil.

      Porque esperaba encontrar enfrente a un “ser” (me cuesta englobarte en la categoría de persona) retrógado, de ideología tradicionalista y clasista (cuando no directamente fascista), de mentalidad egoísta… Por eso estoy tan desesperanzada. Porque tú no te ves así a ti misma y, seguramente, tampoco la mayoría de quienes están a tu alrededor sepan quién eres realmente.

      ¿Cómo puedes abanderar con esa pasión la causa feminista? ¿No te das cuenta de que hubo y hay quien considera a las mujeres como seres infrahumanos? Sí, de la misma forma que tú haces aquí y ahora con las personas con diversidad funcional.

      ¿Cómo puedes utilizar la bandera republicana como foto de perfil, defender la causa palestina o ensalzar la figura de Nelson Mandela? ¿No te das cuenta de que también los rojos, los palestinos y los negros han sido, son y por desgracia serán considerados seres infrahumanos? Exactamente lo mismo que tú piensas de los niños que funcionan de forma distinta a la mayoría estadística de la población.

      ¿De verdad eres licenciada en Psicología?

      ¡¡¿En serio eres diplomada en Trabajo Social?!!

      ¿Es cierto que has trabajado en Cruz Roja en “apoyo al servicio de atención a personas con adicción/es y/o sin hogar”?

      ¿Puede ser verdad que la autora de este comentario haya trabajado en ”proyectos de violencia de género e igualdad, colaboración con organizaciones no gubernamentales en atención a personas inmigrantes, planes de inserción sociolaboral?”

      Porque si ésta eres tú, si tú eres la María que sospecho, entonces nuestros niños lo tienen mucho más crudo de lo que realmente creía… Porque si hay más personas con tu mismo perfil que también comparten tus argumentos, no hay esperanza de que el mundo le dé a nuestros hijos el lugar al que tienen derecho.

      Mi hijo es un ser maravilloso y no lo cambiaría por nada en el mundo. A ti te parecerá increíble pero pero no es tan sólo que no lo cambiaría a él, sino que no cambiaría absolutamente nada de lo que es y de cómo funcional. Lo único que cambiaría es el mundo que le ha tocado vivir. Ese mundo que debe compartir con seres como tú. Y por cambiar éso lucho. Cada día hasta que me quede un último aliento.

      Ojalá encuentres en tu camino piedras que te coloquen en el sitio que mereces. Sólo deseo que llegues a vivir muchos, muchísimos años para que, cuando seas anciana y necesites que te limpien el culo, quien tengas a tu lado lo considere un favor y no un derecho.

      Ah, y ojalá algún día te hagas muy, muy famosa con ese grupo tuyo y yo pueda rescatar tus palabras de ayer y hacerlas públicas.

      En caso de que no seas la María que yo sospecho, la particularidad de los detalles que aquí menciono no se te pueden aplicar pero sí la generalidad sobre tu mezquindad moral.

    • No tengo la obligación de invitar a casa a un niño dependiente, tampoco a un niño sin problemas, de la edad del mío, 8 años, al que tengo que hacerle la cena, el desayuno o insistir para que se duchen se duerma, igual que hago con mi hijo, ambas cosas las hago porque quiero. Tampoco mi hijo invitaría a casa a quien no considera su amigo, por eso mi primer paso es hacerle ver que no todos somos iguales, pero todos merecemos ser felices y tener amigos, que ayudar y acercarse al que te necesita y darse el lujo de conocerlo es el primer paso para forjar una amistad. A esta edad (y también a otras, por lo que veo con incredulidad) el instinto es acercarse al más alto, el más listo o el más fuerte, pero ese instinto natural también nos lleva a usar la fuerza para imponernos, por ejemplo, o a comer con las manos. Quiero que mi hijo crezca de otra forma, no soportaría que únicamente prestase atención y le parecieran dignos de su amistad quienes son seres perfectos destinados a tenerlo todo, la felicidad incluida porque, además, siempre habrá otros más alto, más fuerte o más listo que el mío y si aplican ese mismo criterio él sería el que se quedaría solo. Y no son solo especulaciones, tuve la inmensa suerte de conocer en su clase a un niño así y sobre todo a su increíble madre y soy feliz y estoy orgullosa de tenerlos en mi vida y que para mí niño sea uno de sus mejores amigos. Ellos nos han dado a nosotros mucho más que nosotros a ellos, los quiero con todo mi corazón y los que me dan pena son los otros, no saben lo que se pierden. Por cierto, ese peque tiene un retraso escolar importante y gracias a que su madre es una leona está en un colegio que aplica una política de integración fantástica y, en dos años que lo conozco, ha aprendido a leer, escribir aunque con dificultad, está en el equipo de futbol del cole y hace karate, espectacular.

    • Creo que todos los niños del mundo ( e incluyo a los tuyos…) tienen DERECHO a ser mejores personas, generosas, sinceras, nobles y bondadosas… y ese es un DERECHO que no deberíamos negarle a ningún niñ@….por muy “normal” que sea…
      Algunos niños nacen y morirán conservando ese “Don”…Y algunos tenemos el privilegio de ser padres de estos niñ@s excepcionales…
      Por ello, si alguna vez os “ofrecen” la oportunidad de compartir con estos “nin@s especiales” aunque sea una tarde, tomarlo con generosidad y agradecimiento… seréis testigos de la más valiosa lección de vida y superación que podáis imaginar…y solo a cambio de pasar con uno de “ell@s” un poco de vuestro valioso tiempo…

    • Mi hijo con 10 años y Asperger con su gran sinceridad lo único que respondería a ese comentario sería pobre niños con esa mamá tan mala que les enseña a despreciar a otros niños. Pero claro el corazón ❤️ de un niño solo lo corrompe un adulto intoletante, ignorante y que un día porque la vida es así que tal vez sus hijos tan “perfectos” tengas hijos con diversidades funcionales distintas y entonces esos hijos ” perfectos” descubrirán una madre totalmente “imperfecta” pero gente con corazón que les apoyarán le harán ver qué la realidad es que hay más gente de corazón, empatica e inteligente emocionalmente que gente de baja calaña emocional. La vida pone cada cosa en su sitio. Orgullosa de dar cabida a todas las personas en mi vida sea cual sea su condición y orgullosa de mi hijo y de todos estos niños. La inteligencia es otra cosa ” señora”

  10. María, te animo a volver a leer el artículo. Creo que tienes necesidad de apoyo para lograr la comprensión real de lo que la autora ha escrito y por tanto ha querido transmitir.

    No has entendido que lo que NO acepta es que no hayan apoyos para que su hijo (y todas las personas) pueda desarrollar todo su potencial y no pueda ir a actividades extraescolares, campamentos… NO acepta actitudes discriminatorias que excluyen a las personas que se considera que están fuera de unas “paralelas de normalidad”, actitudes que discriminan a su hijo (y a otras personas).

    Esas actitudes de rechazo en los niños/as, como sus hijos/as, querida María, son el fruto de una educación con unos valores que cuestiono. Porque educar en la discriminacion debería ser incluso penado.

    Y si lee este comentario con comprensión, querida María, podrá ver que he puesto entre paréntesis en dos ocasiones “todas las personas” y “otras personas”. Le explico porqué. Carmen tiene la generosidad de compartir su experiencia, pero tiene la VALENTÍA Y GENEROSIDAD de luchar por los derechos de TODAS LAS PERSONAS, sean cuales seas sus características, y sean cuales sean sus actitudes y creencias ante la diversidad. Por usted también, y por sus hijos/as. Ojalá nunca necesite de los frutos de esta lucha por conseguir DERECHOS y no FAVORES. Solo le recuerdo, que en cualquier momento de la vida, cualquiera de nosotros/as, los que nos consideramos “normales” podemos tener necesidades de apoyo. (Usted ha demostrado que en este caso la necesita para leer con comprensión).

    Un saludo 😉

  11. María,
    Deberían crearse centros de reeducación para usted. Para usted y muchas personas como usted, que carecen de empatía, de respeto a la diversidad y de un mínimo de sentido común. ¿Sabe qué? Convivo a diario con personas de su calaña, gente que va por la vida como si fuera un cortijo, evitando y señalando a los que no son de su agrado. ¿Le molestan las discapacidades, la diversidad?, ¿le son incómodas? pues siento decirle que cada vez son más visibles, y ya nos encargamos los padres y maestros de pelear lo que haya que pelear y poner freno a tanta ignorancia, para ejemplo un botón. Por último, lo siento por sus hijos, lo siento mucho, no se merecen su ejemplo.

  12. Carmen S. cuando quieras me traes a tu hijo a dormir a casa, planazo! sólo esperamos estar a altura.
    María, tú también puedes venir! por cierto, la vida es imprevisible y es posible que te encuentras sin quererlo en ese “otro lado”, pero aún así, mi invitación seguirá en pié. Besos!

  13. María, sus palabras me duelen en lo más hondo, y le diré porqué, usted es esa persona que jamás quisiera estuviera con mi hija para su cuidado, esa persona que no entiende las necesidades de una hija dependiente, incapaz de mantener una amistad, marcar un número de teléfono, escribir, medicarse, vestirse, alimentarse… ¿Y usted da lecciones de interactuar con otros?, ¿juzga el sufrimiento de unos padres?, sí!!, nos duele que las familias de sus compañeros olviden invitar a su casa a nuestros hijos…, ¿divulga usted la exclusión?, ¿hablamos de integración?, ¿sabe lo que significa?…
    Todos los sentimientos de Carmen los siento como míos y seguiremos luchando con todo el amor que sentimos hacia nuestros hijos porque su vida sea feliz.

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