Por favor, no aplaudas a tu hijo por jugar con el mío (por Ellen Stumbo)

Artículo publicado en el blog de Ellen Stumbo: “Please don’t praise your kid for playing with mine”

Sucede a menudo que, cuando un niño juega con otro con discapacidad, los padres se sienten orgullosos y tienen la necesidad de alabar esa amistad. Es entonces cuando podemos escuchar expresiones del tipo: “Cariño, eres tan maravilloso!”, “Eres la persona más buena que conozco”, “¡Qué linda eres!”, “Tienes un corazón de oro”, “Estoy tan orgulloso de ti”.

©Paula Verde Francisco ("Mi mirada te hace grande")

©Paula Verde Francisco (“Mi mirada te hace grande”)

Y sí, es cierto, no todos los niños se toman la molestia de frenar su ritmo de juego para incluir a en él a niños como los míos (tengo una hija con Síndrome de Down y otra con parálisis cerebral). Soy consciente de ello, así que cuando tu hijo juega con alguno de los míos me siento muy feliz. Siento una enorme gratitud hacia tu hijo o hija. Y por supuesto que quiero potenciar esa amistad, al igual que creo que también tú lo deseas.

Pero, ¿quieres que sea sincera contigo? Lo último que quisiera es hacerte sentir mal por ello, pero me gustaría que pudieras entender lo que algunos de esos cumplidos significan para mí, como madre de un niño con discapacidad. Cuando le dices a tu hijo lo estupendo que es por jugar con el mío, en ese mismo instante, tu hijo pasa de ver simplemente a un amigo, a percibir a niños como el mío como diferentes, como alguien definido por su discapacidad, como alguien que, de alguna manera, es imperfecto, y con quien sólo una persona excepcional jugaría o querría ser su amigo. Ya sé que no es eso lo que estás tratando de decirle, lo sé, pero, desgraciadamente, eso es lo que significa para él.

Animas a tus hijos a que sean amigos de cualquiera y a abrazar la diferencia, y yo te lo agradezco enormemente. Por desgracia, con ese tipo de alabanzas sobre lo excepcionales que son por jugar con mi hijo, les estás transmitiendo dos tipos de ideas:

1. Estás basando el peso de esa amistad en tu hijo y lo maravilloso que es. El amigo con discapacidad pasa a ser el objeto pasivo sobre el que se proyecta esa grandeza.

2. Estás transmitiendo una visión que separa y convierte a quienes tienen una discapacidad en “menos que” aquellos sin discapacidad: “ellos son discapacitados, ellos son diferentes, pobres de ellos, nosotros debemos ayudarles”.

De repente, me hace sentir que el hecho de que tu hijo juegue con el mío, tiene más que ver con la pena que con la amistad.

¿Le dirías esas cosas a tu hijo por jugar con un niño “ordinario”? Seguramente no.

Nuestras palabras son muy poderosas. Modelan a nuestros niños, sus actitudes, sus percepciones.

 

©Paula Verde Francisco

©Paula Verde Francisco

A todos nos gusta demostrarles a nuestros hijos lo orgullosos que estamos de ellos. Todos queremos animarles cuando observamos conductas positivas y reforzarlas. Pero el hecho de jugar con un niño con discapacidad no debería ser contemplado como algo heroico o excepcional. Sentíos orgullosos de que sean capaces de ver al amigo antes que a la discapacidad y ayudadles a mantener eso, por favor. Podéis hacerlo sin recurrir al halago y en su lugar hacer preguntas acerca de esa amistad, preguntas que suenen más como: “Te he visto jugando con Nicole, ¿a qué estabais jugando?”, “Eh, he visto a Carlos reírse contigo, ¿le estabas contando tus nuevos chistes de toc-toc?”, “¿Qué es lo que más te gusta de jugar con Micah?”.

¿Si está bien sacar a relucir las diferencias? Si resulta necesario, ¡por supuesto! Puede que incluso tu hija te pregunte, por ejemplo, por qué resulta difícil entender a la mía, que tiene Síndrome de Down, cuando habla. Créeme, si tus hijos se plantean preguntas, las harán seguro. Pero resulta muy diferente que un padre diga “Eres maravilloso por jugar con Nina porque tiene parálisis cerebral”, a cuando dice: “Cariño, ¿le has preguntado a Nina si quería jugar otra vez al pilla-pilla? Me ha parecido que estaba algo cansada y que le costaba seguirte”.

Enseñémosles a nuestros hijos que jugar con otros niños, incluso con aquellos que tienen alguna discapacidad, tiene que ver con la amistad. Con la amistad verdadera. Si quieres alabar a tu hijo por ser un buen amigo, hazlo entonces por las mismas razones que lo harías cuando interactúa de forma positiva con cualquier otro amigo, independientemente de sus capacidades.

Eres la persona más buena que conozco, ¡le has dado a Charlie tu última chuche!

Eres tan maravillosa, cariño, me encanta esa canción que le estabas cantando a Tina, le has hecho sonreír a ella y a mí todavía más. ¿Puedes cantármela otra vez?

“Qué lindo eres. Me encanta que seas tan bueno con todos tus amigos.

Tienes un corazón de oro. Yo me habría enfadado si mi amigo se riera de mí, pero tú te lo has tomado a broma y has seguido jugando.

Éstos son los valores que debemos fomentar en nuestros niños.

 

©Paula Verde Francisco

©Paula Verde Francisco

Y sigue el ejemplo de tu hijo, haz nuevos amigos, tal vez incluso alguno con una discapacidad. No, no serás por ello una persona excepcional, simplemente serás un poco más afortunado por contar con un nuevo amigo.

Autora: Ellen Stumbo (@EllenStumbo)

Traducción: Carmen Saavedra (@CappacesCom)

Imágenes: Paula Verde Francisco (@PAVEFRA)

Comments

  1. Gracias por esta reflexión, eres una valiente.

  2. Gracias, estoy aprendiendo muchísimo. Me resulta muy interesante todo lo que compartes.

  3. Hola,
    Cuando era pequeña a mis amigas y a mí nos pasaba algo parecido cuando Beatriz jugaba con nosotras. Beatriz era japonesa…y simpática, buena, cariñosa y además si íbamos a su casa podíamos charlar con su madre de Candy Candy (ella ya la había visto entera). Pues bien, nuestros padres repetían estas mismas expresiones que se leen en el blog, y recuerdo que me hacían entre gracia y rabia. Yo jugaba con Beatriz porque me gustaba y supongo que también las demás.

    Saludos.

  4. Grandisima lección de vida.

  5. Gram verdad!!!

  6. Precioso texto, gracias por compartirlo. Saludos!

  7. A veces, aunque todo resulte tan obvio, es necesario que se nos haga reflexionar al respecto para saber la trascendencia de nuestros sentimientos o palabras. Gracias, un millón de gracias.
    Por suerte, los niños tienen esa naturalidad que a los adultos nos robaron con una educación segregada, esa “educación” tan ajena a la diversidad.
    Muy agradecida por artículos como éste, que nos ayudan a preservar la naturalidad de los niños, pese a que nuestra sociedad aún deje tanto que desear.
    Juntos lo conseguiremos. Gracias

    • Lo que describe este artículo de Ellen Stumbo es la realidad de lo que sucede.

      La culpa la tiene la mirada hacia la discapacidad que nos incrustan desde que nacemos. Y resulta largo, difícil y fatigoso desprenderse de ella. Incluso para las propias familias de niños con diversidad. Yo misma lo he hecho: me he encontrado muchas veces pensando cosas positivas de algún niño que ha tenido hacia Antón conductas normales. Recalco lo de “normales” porque no se trataba de actos ni hechos “extraordinarios”. A veces, incluso, he disculpado actitudes que no eran disculpables de ciertas personas porque “eran buenos con Antón”. Y ojo, que a “ser buenos” le llamo simplemente a hacerle caso, cogerle en brazos o comprarle una chuche: cosas completamente “normales” que se hacen con cualquier niño.

      Me costó años darme cuenta de esto y pensar en lo injusto que era para Antón tener este tipo de pensamientos y sentimientos. Un día caí en la cuenta de que nunca jamás había pensado que algún amigo de mi normotípica y normofuncional hija fuera extraordinario por el mero hecho de hablar o jugar con ella.

      Es tremendamente injusto, pero lo hacemos y es también un aprendizaje largo deshacernos de este prejuicio, que es uno más de todos los cientos de prejuicios que tenemos respecto a la discapacidad.

      Un abrazo, Belén

      • Estoy de acuerdo, Carmen. Pero ese aprendizaje largo del que hablas, con personas como tú y artículos como los tuyos, o éste de Ellen Stumbo, y también los de otras mamás que he tenido la suerte de leer. Con esa gran capacidad para trasmitir, las altas dosis de sentido común… ¡¡¡Nos abren los ojos, despiertan conciencias!!! Nos llevan a vivir lo no vivido, y a enteder cuan grave es para TODOS la injusticia. No pretendo halagarte, pero te estoy muy agradecida por tanto bueno que aportas, tan importante para todos y tan necesario para tener una sociedad más justa para nuestros hijos.

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