Quiero creer que la bondad abunda sobre la mezquindad

Hace unas semanas, una persona dejó el siguiente comentario en una entrada de Cappaces titulada Las locas de aquí y ahora:

«Pues yo estoy de acuerdo con que haya colegios especiales. ¿Qué objeto tiene que un niño que ni siquiera sabe hablar ni leer esté en un clase de Matemáticas de 5º de Primaria, por ejemplo? Es como si a un señor analfabeto lo metemos en un laboratorio donde se realizan experimentos de física nuclear. ¿Qué va a pintar allí? Hay que aceptar lo inevitable y es que esos niños tendrán un tipo de vida diferente y su educación deber ir encaminada a conseguir una autonomía personal, objetivo muy diferente que el de los demás alumnos que sí tendrán que ganarse la vida. ¿Por qué entonces existe la figura del educador especial?»

Exactamente 40 minutos después, ese mismo ‘ser’ escribió un nuevo comentario en otro post del blog (Deshumanización y cosificación de las personas con discapacidad):

«Lo que no aceptas es que ir invitado a cumpleaños o dormir fuera de casa no son DERECHOS, son ofrecimientos que parten de otras personas. No se puede obligar a esas personas a invitar a tu hijo a dormir o jugar a su casa porque tú consideres que ese es su derecho, ve a donde quieras, pelea lo que quieras, pero ningún juez obligará jamás a una familia a invitar a pasar la noche en su casa a un niño al que no desean invitar. Son reivindicaciones absurdas, si mis hijos quieren invitar a pasar la noche en su casa a un niño elegirán a un amigo, a alguien cercano a ellos, si tu hijo no tiene esa relación de intimidad es normal que no reciba esas invitaciones. Además tú misma dices que no puede ponerse el pijama ni lavarse los dientes o lavarse solo ¿quién va a hacer eso si pasa la noche fuera de casa? ¿Pretendes que esa obligación recaiga en los otros padres? Yo leo esas cosas y no doy crédito, está bien pedir derechos, pero no imposibles.»

Además de un enorme nudo en el estómago, estos comentarios me provocaron muchos sentimientos: tristeza, desolación, desesperanza… Seguramente éste último sea el peor porque, si pierdo la esperanza de que mi hijo y el resto de niños que funcionan de forma diferente a la mayoría estadística de la población, acaben teniendo el lugar que les corresponde en esta sociedad… Si pierdo esa esperanza, sólo me queda meterme en la cama y llorar o escaparme con él a un lugar muy apartado donde no pueda alcanzarnos tanta maldad…

discriminación de las personas con discapacidad

Por suerte, otro comentario en respuesta a ese ser infrahumano, me devolvió la esperanza:

«María, de verdad, ¿no tienes otra cosa que hacer?

Creo que las explicaciones sobran, pero te voy a dedicar un rato de mi tiempo. Soy profesora, y este año tengo en clase a un niño con Síndrome de Down, lee con dificultad, no se ata los zapatos (mira tú por donde, a mí no me molesta agacharme y atárselos), y dista mucho del nivel educativo que se presupone para alguien de su edad. ¿Pero sabes qué ocurre? Que es feliz en clase, con su compañeros, y a mí eso me basta…

Está claro que a mí me da más trabajo que si estuviese en un centro especial, como tú le llamas, porque sí, requiere más tiempo y dedicación que el resto, pero es tiempo que tanto sus compañeros como yo estamos dispuestos a darle.

A principio de curso me pasé los recreos mirando si estaba sólo (¡dedicando mi tiempo de descanso a evitar que un niño se sienta solo!), y actué para que eso no pasase… ¿Por qué? Porque los niños, por defecto, eligen a sus amigos de entre su grupo de iguales, y a él no le ven como un igual. ¿Debemos mirar para otra parte bajo el argumento de la libertad de cada niño a estar con quien elija? Pues sinceramente, no lo creo. Porque de ahí al bullying hay un paso muy pequeño.

Puede que el ritmo de la clase a veces sea un poco más lento, puede que él se lleve un alto porcentaje de mi atención que, de no estar él, sería dedicado al resto de compañeros… Pero, ¿sabes qué? Que si él no estuviese, ellos no habrían aprendido el significado de las palabras compañerismo, diversidad, empatía… (todas, por cierto, palabras que deberías tratar de incorporar a tu vida).

A día de hoy lo adoran y lo tratan como un igual, y mira tú por dónde, a mí me hace sentir que mi trabajo vale, porque la educación es mucho más que dar clase en una pizarra, la educación debe empezar por los valores, y después ya nos iremos a los contenidos.»

Comentario Lara (las locas de aqui y ahora)

 

Compartí una captura de pantalla de este comentario en la página del Facebook del blog: alcanzó a más de 15.000 personas, recibió 250 megustas y se compartió 140 veces.

Esa misma noche, Lara me mandó un mensaje privado donde me decía que estaba abrumada y que no se sentía merecedora de esa oleada de cariño y admiración. Y tenía razón, por supuesto. Porque lo que Lara describía en su comentario debería ser lo normal en cualquier docente. Pero, la triste realidad es que no lo es en absoluto. Y es por ello que sus palabras llegaron al corazón de todas esas madres diversas que nunca se han encontrado a una Lara en su camino.

Además de una maestra de las de verdad, también respondió a la tal María otra madre de las de verdad. Estas fueron las palabras de Paz:

«No tengo la obligación de invitar a casa a un niño dependiente, tampoco a un niño sin problemas (de la edad del mío, 8 años), al que tengo que hacerle la cena, el desayuno e insistir para que se duche o se duerma (igual que hago con mi hijo). Ambas cosas las hago porque quiero. 

Tampoco mi hijo invitaría a casa a quien no considera su amigo, por eso mi primer paso es hacerle ver que no todos somos iguales, pero todos merecemos ser felices y tener amigos, que ayudar y acercarse al que te necesita y darse el lujo de conocerlo es el primer paso para forjar una amistad. 

A esta edad (y también a otras, por lo que veo con incredulidad), el instinto es acercarse al más alto, el más listo o el más fuerte. Pero ese instinto natural también nos lleva a usar la fuerza para imponernos, por ejemplo, o a comer con las manos. 

Quiero que mi hijo crezca de otra forma, no soportaría que únicamente prestase atención y le parecieran dignos de su amistad quienes son seres perfectos destinados a tenerlo todo, la felicidad incluida, porque, además, siempre habrá otro más alto, más fuerte o más listo que el mío y si aplican ese mismo criterio, él sería el que se quedaría solo. 

Y no son sólo especulaciones, tuve la inmensa suerte de conocer en su clase a un niño así y sobre todo a su increíble madre y soy feliz y estoy orgullosa de tenerlos en mi vida y que mi niño sea uno de sus mejores amigos. Ellos nos han dado a nosotros mucho más que nosotros a ellos, los quiero con todo mi corazón y los que me dan pena son los otros, no saben lo que se pierden. 

Por cierto, ese peque tiene un retraso escolar importante y gracias a que su madre es una leona está en un colegio que aplica una política de integración fantástica y, en dos años que lo conozco, ha aprendido a leer, escribir aunque con dificultad, está en el equipo de fútbol del cole y hace kárate, espectacular.»

Así que, Lara, Paz y el resto de personas que también escribieron tantos comentarios solidarios y cariñosos en el blog en respuesta a esa persona, me devolvieron la esperanza de que a Antón sí van a darle ese lugar en el mundo que le corresponde por derecho.

Quiero acabar este post con una sonrisa. La misma que me regaló mi compañera de hermandad Nati cuando me envió esta foto de su maravillosa Olivia para alegrarme aquel día tan desolador.

Y lo consiguió. Olivia siempre lo consigue.

discriminación personas discapacidad

Comments

  1. En fin… comparto al 100% la forma de ver y sentir de Lara y Paz. Creo que aprender a convivir con la diversidad es un objetivo necesario en educación. Así, entre otras cosas, aprendemos habilidades que nos ayudarán a funcionar de manera respetuosa en los distintos grupos sociales y relacionarnos con personas que son, opinan, sienten, piensan… de manera diferente a la nuestra.
    Tengo la sensación, si me permites expresarla Carmen, de que las experiencias que compartes aquí con nosotros, llegaron y tocaron a María en alguna parte y de manera profunda. A mí me parece un logro muy importante que llegues a personas de otras opiniones y que se tomen la molestia de escribirte.
    Aunque muchas veces no tengo tiempo para responder, te sigo en los diversos medios en los que escribes.
    Un fuerte abrazo

  2. Carmen…a mí muchas veces me cae la desesperanza encima…por lo que escucho o leo, pero aún más por lo que veo, a diario. Esas conductas, que aún con un discurso mentiroso de inclusión y de derechos, se ven cotidianamente. Queda “bien” hablar de inclusión…pero se está dispuesto a hacer algo para que sea una realidad?
    Se habla que se está a un paso del “bullying”, y yo no lo creo así. Creo que estamos padeciendo, sufriendo un “gran bullying”.
    Si desde las Escuelas, a los 6 años te dicen: “no…éste chico acá no entra…vayan a la Escuela Especial, ésta Escuela es para los chicos “normales”, y el tuyo no lo es!!!”- Eso para mí es violencia, una de las más profundas, más terribles e inhumanas.. Porque una vez que te dan esa “trompada”, ya no hay vuelta, no hay curita, ni remedio, para curarla, te la dieron…y te tiraron al suelo.
    Y esa violencia se genera por una sociedad que pone como valor supremo “al éxito”, a las “mejores notas”, ser el primero en clase, sacarse “muchos 10″….sin poner como punto central en el “ser buenas personas”….Que tener un 10 no implica que en el transcurrir de la vida “te vaya bien.”…o saber mucho de los “logaritmos”, o de la regla de 3 simple, o todos los ríos y su longitud, o tener muchos títulos, vaya a convertirte en una persona solidaria, comprometida con el lugar en donde vivís y sus realidades.
    . Hablamos de “valores”…por lo menos de los valores que yo rescato de un ser humano, de una sociedad, y que hoy están muy devaluados.
    Y no hablo de igualdad, no somos todos iguales, por suerte. Todos somos distintos. Vos no sos igual a mí, ni yo de mi vecino.
    Esas son las diferencias que nos enriquecen…y esas son las diferencias que existen en una escuela “normal”…”común” también.. Porque Juan y Pedro, son iguales?…no…no. Lo que pasa que son diferencias dentro de una mirada sobre la “inteligencia”…sobre lo “intelectual”…Si intelectualmente todos son parecidos, no existen las diferencias. Como si ser inteligente fuera aprender bien, a los ritmos y contenidos que pone el sistema, sólo y nada más que eso.
    Pero por suerte, veo, también, de a poquito, en algunos lugares, en algunas personas, en algunos padres, que ya no están dispuestos a que sus hijos y ellos mismos, sean víctimas de esa violencia social, y eso hace que me saque la desesperanza de encima, y siga.
    Saludos…y a seguir!!!

    • Es bullying, Beatriz. Es violencia. Es maltrato. Es crueldad. Es incumplimiento no ya de los derechos civiles de las PERSONAS que funcionan de forma diferente, sino un atentado a sus DERECHOS HUMANOS.
      Un abrazo enorme. ¡Seguimos! ❤️

  3. Carmen, lo que sucede es que opinar desde la ignorancia es fácil y gratis. Si esa misma persona estuviera en la situación de miles de madres, habría que ver que “derechos” pediría y con que talante los pediría. No puedes dejarte desanimar por personas que no estan en tus zapatos, es más, que no tienen la suficiente empatía ni humanidad para imaginar lo que sería. Más aún, que no saben ver el mundo más que desde su perspectiva, y, que han tenido la “suerte” de que la vida haya sido tan suave con ellas como para mantenerlas en su burbuja. Tu labor es encomiable, tu revindicación es la de miles de profesionales, expertos, madres, psicólogos… no cejes en tu empeño. Un abrazo.

    • Sé que lo más sensato sería no hacerles ni caso pero lo que me preocupa es que esta gente cría y educa hijos: los compañeros de nuestros niños de ahora y los adultos que mañana volverán a pensar, sentir y decir estas barbaridades. ¿Por dónde atajamos esto? Ese es el auténtico problema detrás de estas palabras.

      Muchas gracias por tus palabras de ánimo y un abrazo enorme ❤️

      • La forma de contrarestrarlo es aislarles. Sus posturas no tienen recorrido, van en contra de hacía donde la sociedad esta evolucionando. Desde muchos sitios, personas como tu estan luchando con el mismo objetivo. Todo cambio tiene sus retractores, porque el miedo y la comodidad les lleva al inmovilismo. Pero sólo podemos continuar para que queden aislados y se extingan. 🙂 Besotes, eres fantástica y el trabajo que estas haciendo es impresionante. ¡No decaigas!

      • ❤️💚💛💜

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