Parchís y recuerdos de infancia

He descubierto que los héroes de mi infancia también pueden ser los de mis hijos. Con la mayor funcionó: Pippi Calzaslargas, mi heroína por antonomasia, fue su referente durante toda la etapa de infantil. La diferencia con el personaje de Astrid Lindgren sólo la marcó el sexo de su mascota: no se separaba de un mono de peluche al que llamaba Señorita Nilson. Y en lugar de soñar con Eurodisney como la mayoría de sus compañeros, su ilusión era poder visitar algún día la casa de Pippi, Villa Kunterbunt, recreada en una isla de Suecia.

Después pasó a La casa de la pradera, Verano Azul, Los ángeles de Charlie, Ana de las Tejas Verdes… Se hizo tan entusiasta de estas series como en su día su madre. Ahora que es pre-adolescente, estamos entrando en otra fase: Grease, Dirty Dancing, El guardaespaldas

Acaba de descubrir Fama (la serie de televisión, no el largometraje de Alan Parker que me parece todavía demasiado fuerte para una niña de 12 años) y está entusiasmada. Ha sustituido a Pippilotta Viktualia Rullgardina por Coco Hernández en su universo mitómano, ha decidido destinar sus ahorros a estudiar en el High School of Performing Arts de Nueva York y se pasa el día en mallas y calentadores viendo tutoriales en Youtube para aprender a hacer el spagat. Que levante la mano la que no llevara calentadores a principios de los 80 o no conserve alguna lesión de aquella época intentando realizar esa contorsión sin calentar y a lo bestia.

Lesiones de adolescencia que se sumaban a las de la infancia de la década anterior: algún brazo roto imitando a Kelly, Jill y Sabrina (nosotras) o Starsky y Hutch (ellos), un aplastamiento si tenías la mala fortuna de formar parte de la fila inferior de la torre de Con ocho basta que tanto nos gustaba reproducir, un esguince rodando entre matorrales y maleza inspirándonos en Laura Ingalls y sus hermanas o alguna cicatriz en la rodilla huyendo del pringao a quien le tocara ejercer de Doctor Infierno, si tenías la suerte de hacerte con los preciados roles de Koji Kabuto (ellos) o Sayaka (nosotras). También recibimos más de una patada de los múltiples autodidactas en artes marciales que surgieron gracias a Kung fu o La frontera azul. Cuántas historias podrían contar los descampados de los 70 (ahora invadidos por urbanizaciones sin tendales a la calle o hileras de adosados). Los sábados se inundaban de indios, vaqueros, piratas, mujercitas, tarzanes, marisoles… Podía saberse qué película habían pasado esa tarde por televisión con sólo asomarse a la ventana y echar un vistazo a “la campa de Félix”.

Y, aunque nos cansemos de señalar que la infancia de ahora no es como la de antes, los sueños de mi hija son exactamente los mismos que yo tenía a su edad. A lo mejor ella sí que consigue cumplirlos. O quizás logre algo aún mucho más grande que triunfar en Broadway, como lo es disfrutar de unos hijos tan maravillosos como ella y su hermano.

Aunque he intentado enganchar también al pequeño a las series y mitos de mi infancia, ha ofrecido mayor resistencia. Al contrario que a su hermana, no le han interesado nunca Marco, Heidi, La abeja Maya, Los tres mosqueperros ni Vickie el vikingo. Ha sido por tanto una sorpresa, el entusiasmo que acaba de despertar en él el descubrimiento de Parchís, el grupo musical de los 80. Ha convertido a Tino, Yolanda, Gemma, David y Frank en sus nuevos héroes y le entusiasma todo su universo: canciones, películas, videoclips, fotografías.

Así que ha sido la excusa perfecta para retomar este juego de mesa que constituye, además, un interesante recurso para trabajar la numeración y el cálculo.

Parchís! Lite

Enlace iTunes App Store

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Desarrollador: Cubbic

Idioma: español, inglés

Precio: versión lite gratuita

Versión completa: 1,79€

Categoría: Ocio / Juegos para compartir

Descripción: Esta aplicación permite jugar al parchís tanto contra el dispositivo, como en la modalidad multijugador. Constituye un excelente vehículo para fomentar las relaciones interpersonales y la inclusión de aquellos niños con mayores problemas en cuanto a la motricidad, ya que la versión digital de este juego facilita su participación.

Los juegos de reglas como el parchís, permiten además hacer comprender la importancia de que existan normas y de que se respeten. Los niños aprenden que, de la misma forma que las reglas contribuyen al placer y la diversión en el juego, son también fundamentales en la vida real, ya que aportan seguridad, facilitan la convivencia y evitan conflictos. Más adelante, sería necesario enseñarles también que cuando una norma o ley es injusta, es lícito no acatarla y luchar por cambiarla. Nuestra realidad actual está tristemente plagada de ejemplos en este sentido.

En la versión gratuita, la partida finaliza al introducir una ficha en la meta. Si queremos completar el juego, deberemos adquirir la versión ampliada por 1,79€.

Enlaces:

Versión lite gratuita

Versión completa (1,79€)

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