Workshop Cataliza (Barcelona, 2024)

El pasado mes de octubre, el Colectivo Quererla es Crearla organizó en Barcelona un nuevo encuentro que se sumaba al Workshop «Orienta» (Malaga, 2018), las «Conversaciones sobre la Escuela (inclusiva)» (online, 2020) y el Workshop «Crearla» (Madrid, 2022).

Por primera vez, el Workshop «Cataliza» permitió que quienes lo seguían en la distancia, pudieran participar de forma tan activa como quienes asistíamos presencialmente en el maravilloso espacio de la Fundació Bofill. Todavía sigo admirada por el enorme trabajo de organización que hubo detrás de este encuentro.

Varias semanas después, sigo procesando lo que allí vivimos y no creo que vaya a ser capaz de plasmarlo ahora en palabras, por muchas que emplee. Cada evento de Quererla es Crearla es más poderoso y emocionante que el anterior y, cuando creías que ya se había llegado a lo más alto, en cuanto a intercambio de información, adquisición de conocimiento, comunicación de experiencias o expresión de emociones… va y llega este catalizador tan indescriptible.

El programa fue muy intenso, no sólo en cuanto al tiempo que requirió su desarrollo, sino también en términos de energía e implicación emocional. Se desarrolló a lo largo de dos jornadas que ocuparon diez horas cada una de ellas. Ni siquiera los teóricos tiempos de descanso lo fueron tanto, porque en los corrillos que se formaron pocas conversaciones escapaban al tema que nos había llevado hasta allí.

El  primer día se centró en el análisis de la situación de las escuelas y el sábado se abordó el movimiento social. Las mañanas se centraron en temas específicamente del ámbito español y las tardes tenían un carácter internacional ya que, debido a la diferencia horaria, era el momento en que se nos podían unir online las compañeras de América Latina que no habían podido acudir presencialmente.

Ilustración realizada por Raúl Aguirre para describir y acompañar este texto. En ella se representan diferentes momentos y a diferentes personas que participaron en el Workshop.

Autor de la ilustración: Raúl Aguirre Casasnovas

 

Romper el silencio

El formato de este encuentro fue muy distinto a lo que está normalizado en jornadas o congresos y, muy especialmente, en aquellos relacionados con la discapacidad. Esos eventos suele consistir en un panel repleto de profesionales y expertos que se suben a un estrado para formar, informar y aleccionar a las familias, que nos sentamos abajo. Normalmente, ni siquiera suelen estar presentes en estos foros (ni abajo y mucho menos arriba) las personas señaladas por la discapacidad.

En los encuentros de Quererla es Crearla impera la horizontalidad sobre la verticalidad. Su valor más importante es, además, contar con quienes pueden hablar en primera persona sobre lo que significa vivir bajo la opresión del capacitismo. Seguramente no son tantas personas como sería deseable, pero infinitamente más de las que vemos en cualquier jornada organizada en torno a ellas, pero sin ellas.

Otra cosa impresionante es el clima de confianza y seguridad que se crea. Vivimos en un país donde cuesta muchísimo alzar la mano y hablar en público. Seguramente sea el resultado de un sistema educativo que exige silencio desde el primer día que entras por la puerta: silencio para escuchar a quien sabe, silencio para no expresar, silencio para no cuestionar, silencio… Después, cuando esos chicos y chicas llegan a la universidad y no son capaces de exponer oralmente, los juzgamos como apáticos, negligentes e inmaduros, sin cuestionar ni siquiera un poco qué papel ha jugado la escuela en esa actitud. Se castiga durante años la oralidad y, de repente, de un día para otro, se les exige que les brote la oratoria y la seguridad que requiere hablar en público.

Pues, como decía, resulta impresionante ver cómo esa inseguridad que nos genera nuestra educación respecto a la exposición pública, nunca está presente en las jornadas de QeC. Seguramente, porque sabemos que esa escucha no implica ser juzgadas y sí mucha comprensión, solidaridad y acompañamiento. ¿Qué decir de ver a nuestros hijos e hijas, tan ignorados y machacados en las escuelas, levantado la mano y alzando la voz? Es algo muy difícil de trasladar con palabras. Como complejo será también para ellos y ellas explicar lo que sienten al ser escuchados, valorados y tenidos en cuenta.

Foto de un momento de la exposición compartida por miembros de "Estudiantes por la inclusión" y de "Radikales desadaptados".

Estudiantes por la inclusión (EXI) y Radikales desadaptados.

 

Abrirnos, rompernos y exponernos emocionalmente

El encuentro fue mucho más allá de la actividad puramente teórica o intelectual y tuvo una importante dimensión emocional. De hecho, Antón y yo participamos en una mesa que reunía a familias y estudiantes de España y América Latina que fue especialmente demoledora para nosotros. Antón, que suele ser muy participativo en estos espacios, rechazó la palabra cuando, casi al inicio de la conversación, se la ofreció la moderadora, Marisol Moreno. Antón manifestó que no quería hacerlo en ese momento y nos sorprendió a muchos. Después conectamos con Jimena y Jazmín, dos estudiantes de Paraguay a las que Antón había conocido durante el Congreso ION celebrado en aquel país unos meses atrás y con las que había establecido una conexión muy especial. Su intervención fue demoledora por la experiencia de vida de Jazmín en la escuela y el dolor que provocó no sólo en ella, sino también en su hermana Jimena, testigo directo del abandono y el maltrato.

A continuación, escuchamos el testimonio de otra estudiante, esta vez de Uruguay, que podría haber sido, palabra por palabra, lo vivido y sufrido por Antón en su experiencia educativa. Fue entonces cuando Antón se rompió y se preguntó entre sollozos qué habían hecho todos ellos para sufrir esas experiencias y ese maltrato, si nunca le habían hecho mal a nadie.

Fue doloroso y no voy a decir que necesario, porque el sufrimiento jamás debería ser necesario, pero sí que fue el mejor ejemplo de que este encuentro no era un congreso o una jornada de conferencias al uso. Se generó un espacio donde compartir y también donde compartirnos. Abrirnos, rompernos, exponernos emocionalmente. Y seguramente sólo desde la emoción se puede comprender el terrible maltrato que niños y niñas, chicos y chicas están sufriendo en las escuelas y lo urgente que es una transformación radical de las mismas. No es sólo que no aprendan, que no participen, que no socialicen, que no convivan… sino que, además, son lugares que les generan un sufrimiento que no acaba al abandonar la escuela y que les acompaña de por vida.

Dicen los teóricos de la pedagogía que la inclusión requiere de presencia, participación y aprendizaje. De esas tres variables, para nuestros hijos e hijas sólo se cumple la primera. Están, pero ni participan ni aprenden. Y desde la escuela se nos dice que la responsabilidad es de ellos y de ellas. Que su aislamiento, su soledad y las carencias en sus conocimientos son culpa de su funcionalidad, de sus características, de la etiqueta que les ha sido asignada.

Nos repiten cada día y cada escuela:

«Es que se aísla.» 

«Es que no tiene los mismos intereses que el resto.»

«Es que no se entera.»

«Es que se autoexcluye.»

«Es que es muy infantil.»

«Es que le gusta estar solo.»

«Es que vive en otro planeta.»

«Es que es más inmadura que el resto.»

«Es que no escucha.»

«Es que ha alcanzado su techo de aprendizaje.»

«Es que lo vives tú peor que él.»

Sin embargo, todas las personas que asistimos al Workshop Cataliza, vimos cómo saltaban por los aires todos esos argumentos que nos han dado en las escuelas para justificar la soledad y la falta de participación y de aprendizaje de nuestros hijos e hijas. Hemos visto cómo escuchaban, aportaban, intervenían, aprendían, enseñaban, convivían, reían, trabajaban, bromeaban, asintían, compartían… Cómo hacían todo lo que nos dicen en las escuelas que son incapaces de hacer.

Lo que vivimos en aquel espacio durante ese fin de semana nos revela lo que son en realidad todas las frases que nos escupen a las familias: excusas para tranquilizar la conciencia de quien, pudiendo hacer, no hace nada. 

No, la soledad y la falta de participación y de aprendizaje de las infancias y adolescencias nombradas por la discapacidad no son inevitables. Lo que parece inevitable es lo poco que importan sus derechos y su salud emocional en las escuelas.

Romper los moldes

Aquel fin de semana fue posible la presencia y la participación activa de chicas y chicos (entre ellos mi propio hijo) y de jóvenes adultos que son ninguneados e invisibilizados cada día fuera de aquellas paredes. Los días posteriores al workshop, hablaba con algunas de las compañeras con quienes había compartido las jornadas sobre lo imposible que resultaba que aquello pudiera superarse. Que podría haber nuevos encuentros donde se viviera la misma intensidad de conocimientos, experiencias y emociones, pero jamás mayor. 

Sin embargo, ahora, escribiendo este texto, soy consciente de que sí puede ser superable y de que lo va a ser. Tengo el convencimiento de que vamos a organizar y construir un espacio en el futuro, donde van a poder estar, participar, aprender y enseñar muchas más personas en situación de discapacidad de las que lo han hecho hasta ahora. El próximo encuentro va a ser superador y va a ser todavía más brutal. Porque vamos a contar con más niños y niñas, chicos y chicas, hombres y mujeres que hasta ahora no han podido participar ni siquiera en los entornos más diversos. Y va a ser grandioso. 

Desde hoy empiezo a soñar ya con el próximo workshop de Quererla y con todos los futuros encuentros de este movimiento comprometido con la construcción de una sociedad realmente acogedora y respetuosa con todas las personas.

Dice la RAE que «catalizar» es favorecer o acelerar el desarrollo de un proceso. Ojalá así sea. Ojalá este workshop que acabamos de vivir sirva de catalizador para romper los moldes que nos impiden ser, y crear la escuela y la sociedad que queremos.

Foto de familia de todos y todas las asistentes a las jornadas.

Este artículo fue publicado inicialmente en «El diario de la educación»: La emoción de crear en comunidad.

Aquí puedes leer el resto de textos publicados en el blog de Quererla es crearla en «El diario de la educación».

#Excusas

En la tienda online de camisetas La Tostadora, se ha abierto un rincón con ilustraciones de Ricardo Clemente, protagonizadAs por algunas de las excusas que se utilizan habitualmente en las escuelas para justificar la exclusión del alumnado nombrado por la discapacidad.

EXCUSA #1

EXCUSA #2

EXCUSA #3

EXCUSA #4

Además de para los eventos de Quererla es crearla o jornadas, talleres, conferencias o actos sobre el derecho a que todos los niños y las niñas y todos los chicos y las chicas se eduquen juntos, creo que son perfectas para lucirlas cuando, por ejemplo, tengas tutoría o una entrevista con inspección educativa. Para ir vestida de razón y de razones ✊🏽

Ni Quererla es crearla, ni el ilustrador, Ricardo Clemente, obtienen ningún beneficio de la venta de estas camisetas. Su objetivo es la visibilidad de las reivindicaciones de este movimiento. 

El pasado workshop Cataliza celebrado en Barcelona fue un auténtico festival de camisetas 😊 

 

Todos esos “es que”…

«Es que se aísla.» 

«Es que no tiene los mismos intereses que el resto.»

«Es que se autoexcluye.»

«Es que es muy infantil.»

«Es que le gusta estar solo.»

«Es que es más inmadura que el resto

«Es que no se entera.»

«Es que no escucha.»

«Es que vive en otro planeta.»

«Es que lo vives tú peor que él.»

Todas las personas que hemos asistido al Workshop Cataliza, hemos visto cómo han saltado por los aires todos esos argumentos que nos han dado en las escuelas para justificar la soledad y el aislamiento de nuestros hijos e hijas.

Lo más triste es que, a veces, hasta nos han llegado a convencer. Y nos lo hemos creído. Y nos hemos convertido en cómplices del maltrato que convierte a las víctimas de la exclusión en responsables de vivirla. Entonces, lo que vives en otros espacios te revela lo que esas frases eran en realidad: excusas para tranquilizar la conciencia de quien, pudiendo hacer, no hace nada; excusas para que no pidas lo imposible.

No, la soledad y el aislamiento no son inevitables. Lo que parece inevitable es lo poco que importan los derechos y la salud emocional de nuestros hijos e hijas en las escuelas.

¿Qué otras #excusas habéis tenido que soportar?

Os animo a que las compartáis en los comentarios 👇🏽

Seguimos locas pero ya no estamos solas

El pasado fin de semana tuvo lugar el «Workshop Cataliza» de Quererla es crearla. 

Hasta Barcelona fuimos madres, padres, docentes, alumnado, investigadores, orientadoras, equipos directivos… y todas las personas empeñadas en Crear la escuela que Queremos.

En la primera mesa redonda de las jornadas, analizamos de dónde veníamos para saber a dónde vamos.

Esta fue mi aportación.

TRANSCRIPCIÓN

Voy a hacer caso al Comandante Che Calderón, que nos ha dicho que pensemos de donde venimos y hacia donde vamos. 

Y ¿de dónde venimos? Pues venimos de la soledad. Pero hoy veo esto…. y digo, pues bueno, ya la soledad a veces es menos soledad.

Venimos del «pelotón de fusilamiento» como yo le llamo.

Que, por ejemplo, el profesor de gimnasia suspenda a tu hijo, que ha entrado arrastrándose en el centro, y no es una forma de hablar, es literal: arrastrándose, culeando; Que ha visto cómo se levantaba del suelo para usar un andador; y que le ha visto andar, subir y bajar escaleras… y entonces, va y le suspende

Y pides una cita con él, y te encuentras con el «pelotón de fusilamiento»: el profesor de gimnasia, la tutora, el orientador, el jefe de estudios, la PT, la AL, la JK y los GEOs.

Y veo que aquí hay un montón de gente que son colegas de profesión de los del «pelotón de fusilamiento»… y se me pone la carne de gallina.

Porque siempre lo digo: a mí, es que me duele mi hijo.Y ¿qué te duele más en esta vida que un hijo? Pero, ¿a vosotros?… Ostras… que os duelan vuestros alumnos… De verdad, es que…

Y también venimos de que nos llamen locas. De que nos digan que no tenemos razón. ¿Cómo vas a querer lo mismo para tu hijo que para tu hija?

Y no sólo que para tu hija, sino también lo mismo que tú misma has tenido.

Así que venimos de que nos llamen locas y, efectivamente, estamos locas.

Afortunadamente… Porque las locas son las que han cambiado el mundo.

La prioridad principal ahora es meter esto en la agenda política.

Vemos que en los partidos políticos ahora hay tanta polarización.

Polarización significa dos polos opuestos, ¿no? Sin embargo, en esto piensan todos igual, sienten todos igual y actúan todos igual: desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, pasando por los equidistantes.

Están todos impregnados de capacitismo.

Es verdad que no hemos avanzado lo que nos gustaría en otras cosas como el feminismo, en los derechos lgtbi…  pero sabemos lo que está bien y lo que está mal.

Aunque haya gente que sabe lo que está bien y hace lo que está mal y dice que…. vamos, vamos a pasar de la actualidad [risas]

Pero saben lo que está bien y lo que está mal.

Pero que en esto piensan y miran mal y piensan que está bien.

Y he llegado a la conclusión… porque, bueno, yo he sido muy activista sin saberlo.

Porque yo me he criado en Euskadi en los años 80, entonces es que ya no hablábamos de derechos humanos, hablábamos de vidas humanas. Y para mí, que no soy creyente, es la única que tenemos y para mí es muy importante una vida.

Y pues, desde los 15 o 16 años me he implicado en temas políticos.

Y veo que están siempre las mismas personas en los mismos actos. Y dices: «Jo, qué pena que no haya más gente».

Pero es que resulta que esas personas no están en los actos que tienen que ver con los derechos humanos de mi hijo.

Porque piensan que es una cuestión biológica.

No piensan que el machismo sea biológico, que tenga que ver con que tengas un útero, una vagina o una identidad de género femenina.

No, saben que es una construcción cultural, pero la discapacidad no.

Piensan que es una cuestión familiar, personal.

«Qué mala suerte has tenido 

«¿Qué culpa tenemos el resto, ¿no?» 

«¿Qué vamos a hacer nosotros si es una cuestión de… 

Y eso es terrible. Pero, ¿cómo lo traspasamos? ¿Cómo lo vencemos? ¿Cómo…

Nadie piensa que la pobreza sea una cuestión de mala suerte.

Bueno, hay gente que sí piensa que la pobreza es algo que te ganas, pero quien piensa que no, esas mismas personas, piensan que esta situación, esta vulneración de derechos, la opresión que significa el capacitismo… que es una cuestión de mala suerte.

Y de verdad creo que es importante llegar ahí y no sé cómo lo vamos a hacer, pero tenemos que hacerlo.

Lo mismo que hicieron las mujeres que decidieron que no, que no se conformaban con lo que les dejaban.

Lo mismo que las personas con una orientación sexual diferente a la mayoría o una identidad de género distinta a la que se les asignó.

Que no era una cuestión de lo que dijera la sociedad.

A veces Antón se desespera. No me extraña, porque me desespero yo que no lo vivo.

Hace poco hemos llegado a la conclusión de que hay que resignarse, que es muy triste.

Y yo le decía: Mira Antón, es que es imposible que en lo que te queda de vida esto vaya a cambiar. 

Entonces, no sé cómo tienes que hacer, qué coraza te vas a buscar, para que la forma en que te miran y te infravaloran no te afecte. Pero tienes que buscártela. Porque le digo, es como si en nuestro mismo país en 1942 una mujer trans o un hombre gay intentaran convencer a su comunidad de que no son infraseres, de que no son unos degenerados…

¡No les van a convencer! 

Por muchas razones que les den… Esas personas no van a vivir el cambio.

Pero gracias a lo que han hecho, a lo que hicieron esas personas, los chicos y chicas de hoy en día están viviendo una vida digna.

O por lo menos, la teoría nos dice lo que está bien visto social y políticamente. Aunque sí, sabemos que sigue habiendo violencia homófoba, machista…

Pero ahora estamos en otro punto. Lo triste es que en el tema del capacitismo no estamos ni empezando.

Y bueno, ya me callo, porque ya he dicho que la concisión no es lo mío y otra vez me he vuelto a dispersar.

Antón Fontao en el Parlamento de Galicia

04Antón Fontao ha participado esta mañana en una sesión del Parlamento de Galicia. Ha sido invitado por la Campaña Mundial por la Educación (CME) de Galicia, que este año centraba su #SAME2024 en el peligro de los discursos de odio en las aulas. 

En este vídeo podéis escuchar la intervención de Antón.

[Transcripción y traducción a castellano después del vídeo]

«Bos días a todos e a todas. Grazas por darme a oportunidade de expresarme.

Chámome Antón, teño 19 anos e teño unha discapacidade. Levo toda a vida sentindo que hai un molde no que todos temos que encaixar e, lamentablemente, quen non encaixa intenta ocultalo. No meu caso non podo facelo porque non hai xeito de disfrazarme nin esconderme. Pasei anos nos que ser como son fíxome sufrir, pero agora estou orgulloso, porque agora sei que todas as persoas somos perfectas tal e como somos.

Hoxe vimos a falar dos discursos do odio e eu, como persoa con diversidade funcional, sentínme tratado así moitas veces, porque a maioría da xente non conviviu con persoas coma min e iso fai que nos vexan diferentes e estraños, e como soemos ter medo a quen é distinto, ás veces ese medo acaba por converterse en odio.

Entendo que non é a súa culpa. Ao contrario, eles tamén son vítimas dunha sociedade capacitista. O capacitismo é crer que as persoas con discapacidade somos inferiores ou peores que as persoas que non as teñen. É o maltrato ao que nos temos que enfrontar cada día as persoas con diversidade funcional.

Hai unha solución e é a convivencia dende que somos pequenos, dende a escola. A solución é garantir a Educación Inclusiva como di a Convención sobre os Dereitos das Persoas con Discapacidade. É un tratado de Nacións Unidas que o noso país asinou hai 16 anos pero que non se cumpre, porque se segue separando e segregando aos nenos e nenas con discapacidade en centros de educación especial e en aulas específicas, e por iso seguen sendo estranos para o resto.

Todos os nenos e nenas teñen dereito a ir á mesma escola que van os seus irmáns, os seus curmáns e os seus veciños do barrio ou do pobo. Estar cos nosos compañeiros e compañeiras na escola dende o principio é a única forma de que nos vexan con total normalidade.

Pero non vale só con estar xuntos, senón que a escola debe saber tratarnos respetando a maneira en que somos e funcionamos. Teño moi bos recordos do meu paso polo sistema educativo pero tamén moi malos.

Hai catro anos empezamos a reunirnos telemáticamente un grupo de estudantes de Secundaria de toda España. Un grupo que nos chamamos Estudantes pola Inclusión (EXI). Non eramos só persoas con discapacidade. Tamén había mozos e mozas migrantes, racializados, xitanos, LGBTIQ+… Todos tiñamos en común que o pasamos moi mal na escola. A partir desas reunións elaboramos unha guía que se chama “Como facer inclusiva a túa escola”, onde se explican os pasos que deberían dar as escolas para que ninguén máis pase polo que pasamos nós.

Nós pensamos que si é posible crear a escola que queremos. Así que me gustaría que vostedes, que son os que poden facelo, nos axuden a cambiar a escola para que saiba acollernos e ensinarnos a todos e a todas.

Grazas por escoitarme.» 

Antón Fontao Saavedra

Parlamento de Galicia

Santiago de Compostela, 4 xuño 2024

«Buenos días a todos y a todas. Gracias por darme la oportunidad de expresarme.

Me llamo Antón, tengo 19 años y tengo una discapacidad. Me he pasado la vida sintiendo que hay un molde en el que todos tenemos que encajar y, tristemente, quien no encaja lo intenta ocultar. En mi caso no puedo hacerlo, no hay forma de que yo me pueda disfrazar ni ocultar. He pasado años en los que ser como soy me hacía sufrir, pero ahora estoy orgulloso, porque ahora sé que todas las personas somos perfectas tal y como somos.

Hoy hemos venido a hablar de los discursos de odio y yo, como persona con diversidad funcional, me he sentido tratado así muchas veces, porque la mayoría de la gente no ha convivido con personas como yo. Eso hace que nos vean diferentes y extraños, y como se suele tener miedo al que es distinto, a veces ese miedo acaba convirtiéndose en odio.

Entiendo que no es su culpa. Al contrario, ellos también son víctimas de una sociedad capacitista. El capacitismo es creer que las personas con discapacidad somos inferiores o peores que las personas que no la tienen. Es el maltrato al que nos tenemos que enfrentar cada día las personas con diversidad funcional.

Hay una solución y es la convivencia desde que somos pequeños, desde la escuela. 

La solución es garantizar la Educación Inclusiva como dice la Convención sobre las Personas con Diversidad Funcional. Es un tratado de Naciones Unidas que nuestro país firmó hace 16 años pero que no se cumple. Porque se sigue separando y segregando a los niños y niñas con discapacidad en centros de educación especial y en aulas específicas. Y por eso siguen siendo extraños para el resto.

Todos los niños y las niñas tienen derecho a ir a la misma escuela que van sus hermanos, sus primos y sus vecinos del barrio o del pueblo. Estar con nuestros compañeros y compañeras en la escuela desde el principio, es la única manera de que nos vean con total normalidad.

Pero no vale sólo con estar juntos, sino que la escuela debe saber tratarnos respetando la manera en que somos y funcionamos. Tengo muy buenos recuerdos de mi paso por el sistema educativo pero también muy malos.

Hace cuatro años empezamos a reunirnos telemáticamente un grupo de estudiantes de Secundaria de toda España, un grupo que nos llamamos Estudiantes por la inclusión (EXI). No éramos sólo personas con discapacidad. Había también chicos y chicas migrantes, racializados, gitanos, del colectivo LGTBI… Todos teníamos en común haberlo pasado muy mal en la escuela.

A partir de las reuniones elaboramos una guía que se llama “Cómo hacer inclusiva tu escuela”, donde se explican los pasos que deberían dar las escuelas para que nadie más pase por lo que pasamos nosotros.

Nosotros pensamos que sí es posible crear la escuela que queremos. Así que me gustaría que ustedes, que son quienes pueden hacerlo, nos ayuden a cambiar la escuela para que sepa acogernos y enseñarnos a todos.

Gracias por escucharme.»

Antón Fontao Saavedra

Parlamento de Galicia

Santiago de Compostela, 4 junio 2024

 

Cómo disentir. Una guía (o compañía)

Con gran ilusión comparto hoy este proyecto fruto de dos años de trabajo.

Imagen de la portada de la guía. Foto del tronco de un árbol con dos manos infantiles en su superficie

Partiendo de las experiencias personales de un grupo de Radikales desadaptados, hemos utilizado el dolor provocado por la escuela en nuestros hijos e hijas y en nuestro alumnado, para crear una guía que pueda orientar a otras familias y profesionales en sus procesos de disentimiento y resistencia.

Sabemos, porque lo hemos vivido, que hay prácticas en el sistema educativo que dañan por no respetar la diversidad en las infancias y adolescencias. Y estamos convencidos de que cuanto mayor sea esa disidencia y más se extienda, más cerca esteremos de poder Crear la escuela que Queremos. La escuela que sepa acoger a todas las personas. La escuela donde inicien su convivencia todos los niños y las niñas, que es la única forma de entendernos, aceptarnos, respetarnos e incluso querernos en la vida adulta.

Se puede descargar de forma legal y gratuita a través de este enlace de Editorial Octaedro, a quien agradecemos enormemente que haya hecho posible su publicación: Cómo disentir. Una guía (o compañía)

Imagen del índice de la guía

El activismo por la equidad, la inclusión educativa y los derechos de las personas etiquetadas por la discapacidad, ha sido el nexo que ha unido a este colectivo para compartir a través de esta guía sus experiencias alzando la voz frente a todo tipo de injusticias: esas que parecen minúsculas pero que acaban ahogándonos en el día a día, las que hacen de la escuela un lugar inhóspito, las que relegan a la humanidad a un segundo plano y nos golpean en ocasiones con toda la dureza. Porque disentir es un verbo que todas las personas de este colectivo han conjugado en múltiples ocasiones, conscientes de que todos los derechos humanos, sociales, económicos y culturales se han conquistado siempre desde el disenso. No hacerlo es asumir la permanencia de las desigualdades que nos aplastan, y que a menudo son entendidas como naturales e inevitables.

Estas páginas son, por tanto, una invitación a disentir. A cuestionar el actual orden de las cosas, que sitúa a algunas personas en una posición subalterna y de indefensión. Es necesario que esas voces se escuchen en la escuela y en otros espacios en los que se desarrolla la vida, porque tienen la llave para humanizarlos y recrearlos. Esta guía pretende acompañar en ese proceso de no estar de acuerdo con las injusticias, creando con ello una comunidad que construye nuevos senderos, imaginarios y destinos.

La guía está ilustrada con maravillosas imágenes de Paula Verde Francisco, que tan bien y tan bonito mira siempre.

Todos los casos documentados en los ejemplos de esta guía están basados en situaciones reales. Se ha alterado el nombre de sus protagonistas a excepción de los de la familia Calleja-Loma (Alejandro, Lucía y Rubén) a cuya resistencia y dignidad está dedicada esta guía. Su disentir ha conseguido que se evidencie la violación de derechos que se produce en nuestro sistema educativo y ha sentado las bases que permitan a las familias exigir el derecho a la educación inclusiva de sus hijos e hijas.

Ojalá estas páginas puedan ser de ayuda a quienes os acerquéis a ellas y las leáis.

#QuererlaEsCrearla ❤️💛💜🖤

CRÓNICA DE NUEVA YORK (por Antón Fontao)

NUEVA YORK DÍA 1

Esa mañana puse la alarma a las 7:00 de la mañana, no me costó despertarme, incluso lo hice emocionado, me levanté de la cama y me vestí. A continuación llamé a mis padres por si aún no se habían despertado, pero sí que ya lo estaban. Después de vestirme hice mi pequeña bolsa, la que iba a llevar conmigo en el avión. Las maletas ya estaban puestas en la entrada de la noche anterior. Mi padre nos iba a llevar al aeropuerto a mi madre y a mí.

Fuimos en coche hasta Coruña escuchando las noticias a través del Hoy por hoy con Ángels Barceló, que a mí me encanta.

Cuando llegamos nos despedimos de mi padre y enseguida entramos a facturar las maletas.

A todo esto, en Coruña hacía un día con mucha niebla, y fue esa la causa por la que avisaron por megafonía que el avión que venía de Madrid y que nos tenía que llevar no podía aterrizar, que iba hacia el aeropuerto de Santiago y que nos iban a llevar hasta allí en bus. Aunque tengo que decir que mientras todo el mundo estaba agobiado y que no daba crédito, yo estaba todo contento y me daba la risa porque era la primera aventura que estábamos viviendo.

Fuimos a recoger las maletas a la cinta, y luego nos dirigimos a fuera a esperar al bus.

Después de menos de una hora llegamos al aeropuerto de Santiago, volvimos a facturar las maletas y a pasar el control otra vez.

Nos subimos al avión y un poco antes de que se pusiera en marcha, una pareja de señores mayores brasileños que se les notaba bastante perdidos a los pobres, estaban preocupados porque habían perdido el vuelo que tenían, por lo visto, de Madrid a Sào Paulo, y una azafata que me pareció muy riquiña fue a tranquilizarles y a decirles que no se preocuparan que les ubicarían en el siguiente vuelo.

Una vez que aterrizamos en Madrid me estaba esperando la asistente, y es que mi madre pidió asistencia porque en aquel aeropuerto las distancias son kilométricas e íbamos un poco justos de tiempo.

En teoría tendríamos que ir en metro desde una terminal a otra, pero los que habíamos pedido asistencia fuimos en minibus.

En el nuestro íbamos mi madre, cuatro personas más y yo. A mi lado estaba una señora que, al parecer, tenía alzhéimer y se le notaba perdida y estuvo durante todo el trayecto quejándose. Me dio mucha pena. Y hubo una curva en una parte del camino en la que se caía hacia mí y apoyó su mano contra mi pierna. Me dio mucha ternura.

Nos tuvieron un rato esperando y a continuación nos llevaron a la puerta de embarque. En un punto, los aviones de Iberia estaban colocados como antiguamente el ejército cuando iba a luchar contra otros con los caballos… pues igual.

Nos sentamos, cada uno aprovechó para ir al baño o coger agua. En mi caso, estaba en busca de un enchufe donde poder cargar el móvil, porque fui gilipollas y por la noche no lo cargué (todas las noches lo cargo y esa no lo hice).

Luego mi madre y yo entablamos una conversación sobre los programas de la cadena SER (que yo los escucho prácticamente todos). Un rato después vino el resto que venían desde Málaga (incluidas Indira y Noe, que habían ido la noche anterior), y nos dimos todos entre todos un abrazo. Nos hicimos una foto de, casi todos (porque los que faltaban venían al día siguiente), y enseguida tuvimos que ir a embarcar.

Cuando ya entramos al avión, no os podéis ni imaginar el calor que hacía. Mi madre y yo nos sentamos, y nuestra sorpresa fue que Indira y Noe tenían los asientos delante de nosotros. Una vez que el avión ya se puso en marcha por la pista, parecía que bajaba la temperatura poco a poco, porque os juro que el calor que hacía hasta ese momento era para desmayarse.

Uno de mis momentos favoritos cuando voy en avión es cuando se pone en marcha, va durante un tiempo a una distancia moderada, después acelera mogollón, y por último despega; a mí ese momento me encanta y me parece muy emocionante. Luego encendí la pantalla y me puse a mirar todas las pelis que había, y había varias que quería ver.

Repartieron los cascos, y lo voy a resumir en que después de muchos intentos de ponérmelos, al final desistí, y es que no sé por qué pero no se me aguantaban en las orejas, se me caían cada dos por tres.

Entre tanto, en un momento vi a Indira que estaba haciendo punto, me pareció raro que le dejaran pasar esas agujas por el control, así que se lo pregunté y me dijo que lo había mirado en internet y sí que se podía.

Como me harté de que se me cayeran una y otra vez los cascos, saqué el iPad y me puse a terminar de ver La Mesías, que es una serie que tenía descargada, iba por casi el final del capítulo cuatro y la acabé. La verdad es que me pareció muy rara pero me encantó, todos eran unos actores y actrices muy buenos, pero no puedo dejar pasar por alto el papel de Lola Dueñas (que yo no la conocía, aunque mi madre me habló de lo buena actriz que es, y así es) que es brutal y lo hace genial.

Llegó la hora de la comida, y paré de ver La Mesías para comer. Nos daban a elegir entre pasta o pollo, mi madre y yo pedimos pasta, que era a la boloñesa y estaba buena, y de postre había una mousse de mango que también estaba muy buena. Y de beber, pedí un vaso de zumo de piña. Lo que me pareció un poco incómodo fue comer en ese espacio tan reducido, siempre le estaba dando codazos al de al lado (bueno, para comer y durante el resto del viaje si hacía algún movimiento) y le pedía perdón en inglés, porque el tipo hablaba inglés.

Cuando acabé de comer, terminé de ver la serie, y a continuación cogí mis cascos para escuchar música.

Un rato más tarde, Noe, Indira, mi madre y yo estuvimos hablando, y después Indira y yo dimos una vuelta por el avión. Saludamos a Luz; Malena nada porque se había tomado una biodramina para no marearse y estaba dormida, pero Nacho no, y lo saludamos.

Sin saber que ya se había terminado el avión, seguimos y de repente vemos que nos habíamos metido en la cocina, y ese fue el motivo de nuestro descojone durante los siguientes minutos.

Luego siguió la risa porque, mientras yo estaba de pie estirando las piernas y hablando con Noe y mi madre, Indira fue al baño y por lo visto ella estaba llamando a su madre, le oyó un hombre, el pobre le preguntó cómo se llamaba y tuvo que ir por todo el avión en busca de una tal Noemí.

El resto del viaje siguió sin nada que destacar, salvo que para la merienda nos dieron un helado, que a mí no me gustan y se lo di a mi madre; y para cenar un bocata que, me pareció ser, de atún, que estaba algo malo, con un kitkat.

Al estar a nada de aterrizar, estábamos muy alegres, y una vez en tierra me estaba esperando una asistente, y gracias a pedir asistencia nos ahorramos una cola de hora y media para pasar el control de entrada, que es el tiempo aproximado que estuvieron los demás. Mi madre y yo también lo pasamos, evidentemente, pero lo hicimos en la cola especial que era mucho menos. Ya pasado todo el control y cogidas las maletas, mi madre y yo esperamos al resto durante un largo tiempo.

Cuando ya vinieron; Luz, Noe, Indira, mi madre y yo nos fuimos en taxi hasta nuestro hotel que era el mismo, y cuando llegamos dio la casualidad de que otro grupo de españoles también estaba haciendo el check-in. Como detalle en recepción nos dieron una cookie a cada uno, y entonces llegó una de las primeras frases icónicas del viaje. En este caso la dijo Luz, que el ascensor se paró en una planta que la nuestra era más para arriba, y de repente se abrieron las puertas, un señor empezó a decir algo en inglés, y va Luz y le dice con todo su acento malagueño y en español: «Vamos pa’rriba», totalmente convencida de que la iba a entender. No podíamos parar de descojonarnos, a mí me iba mal.

Mi madre y yo estábamos en una planta distinta que ellas tres, y cuando llegamos a la habitación, lo primero que hice, aparte de ver el baño y la habitación, fue probar la cookie que estaba asquerosa. Me fijé que el baño tenía ducha, y es que lo estaba deseando porque en la bañera me cuesta mucho meterme. También estaba la tele encendida con un letrero en pantalla que ponía «Welcome, Carmen» y aunque la habitación era muy pequeña y algo incómoda porque mi madre es muy cutre para los hoteles, teníamos vistas a algunos rascacielos de la ciudad. Eso me pareció otro detalle bonito.

Era el momento de irse a dormir, después de unas larguísimas horas viajando, y es que el horario para ir coincidió muy bien, porque llegamos a las 20:00, y entre que tuvimos que esperar a que pasaran el control e ir hasta el hotel, se hizo más tarde, así que, como digo, coincidió muy bien.

Nos fuimos a la cama, porque mañana iba a ser otro día.

Composición con fotos de distintos momentos de este día.

NUEVA YORK DÍA 2

Aquel día me desperté con la llamada de mi madre, que estaba dando un paseo, para que me metiera rápido en la ducha que el resto ya estaba en pie, así que me levanté de la cama y me metí. Estuve durante unos minutos indeciso, porque la alcachofa estaba arriba (no había de mano, y es que yo prefiero la alcachofa de arriba), y al abrir el grifo sabía que iba a tardar en calentar, que mientras saldría fría y me iba a saltar por el cuerpo. Pero por suerte vino mi madre, que fue la salvadora, y me duché.

Bajé al hall, estuve unos minutos esperando a las chicas, y de pronto vi a otro grupo de españoles. A todo esto, en el ascensor también encontré a una pareja, también de aquí.

Cuando ya vinieron, fuimos en busca de un sitio en el que desayunar. Nos decantamos por entrar en uno, y era un autoservicio, donde había una bollería muy variada. Yo cogí una caracola y un croissant de chocolate, y de beber un café caramel latte. Después subí las escaleras hasta la siguiente planta, que era donde estaban las mesas, y me senté en la única que quedaba libre. La mesa estaba bastante sucia. A continuación vino Indira, y luego Noe, Luz y mi madre.

En teoría la caracola y el croissant los iba a compartir con mi madre, pero resulta que a ella le gustó tanto la caracola que se la acabó comiendo entera. Probé el croissant, aunque chocolate tenía poco, pero estaba bueno. Le di un sorbo al café, y el caramel latte no me emocionó, porque sabía demasiado dulce (que para que lo dijera yo, como sería…), y sin echarle ningún sobre de azúcar. También me dio mucha pena, y me di cuenta otra vez, del problemón que tiene Estados Unidos con el plástico (entre uno de muchos), y que no había ningún plato ni ninguna taza de porcelana; todo era con servilletas y el café está en un brik.

Me hizo gracia, porque Indira cortó su bollo de jamón y queso en mil trozos, pareció como si lo hubiera diseccionado.

Una vez acabamos de desayunar, salimos a dar un paseo, y ese día lo recuerdo como uno de los dos que más frío pasé. Según íbamos caminando más, había un frío helado que me congelaba la cara y tenía que estar sacando la mano, cada rato una, porque estaba del ganchete con Luz.

Estuvimos un poco en Central Park y nos sacamos unas cuantas fotos. Vimos a varias ardillas, y la verdad es que eran y se movían de forma simpática.

Al estar sacando las fotos, llegó la segunda frase icónica de este viaje, en este caso me la dijo mi madre y poco a poco se la copiarían personas como Luz o Nacho, la de “Antón, quítate el choto”; y es que hacía un frío, que como digo, helaba y mi madre quería que me sacara la capucha para las fotos. Y estuvimos un rato parados hablando, y a mí la charla me estaba pareciendo interesante, pero me estaba quedando congelado. Pero entonces fuimos al Museo de Historia Natural, y ya nos metimos en un sitio en el que, todo al contrario que en la calle, estaba la calefacción puesta a tope, es decir, que pasamos al otro extremo radicalmente, aunque yo prefería ese calor.

Nos registraron los bolsos (en mi bolsita sólo llevaba el móvil, un paquete de pañuelos y el cacao para los labios), y pasamos para comprar primero los tickets. La chica nos rebajó el precio, y compramos entradas, aparte, de para ver el museo, para entrar en dos salas donde había exposiciones temporalmente.

Una de las dos salas abiertas temporalmente era una en la que había distintas especies de mariposas. Yo no iba muy convencido, pero al entrar y oír a la señora responsable en esa sala (que al ver que nosotros éramos españoles, se puso a hablar un poco) de que no se podían tocar las mariposas, claro, mi primera reacción si se me posara una sería hacer un espasmo, y una vez que pasó una cerca, casi le di. Así que para evitar darles, me fui de aquella sala y las esperé fuera sentado. Aparte, en la sala hacía mucho calor.

La segunda sala a que la entramos fue al planetarium, que me encantó. Era como una pantalla semicircunferencia en el techo donde se veía cómo se habían formado los planetas y los satélites que tienen. El vídeo estaba hecho con mucho realismo (inteligencia artificial) y era verdaderamente alucinante, aunque a veces daba tanta impresión o vértigo (como le queráis llamar), que tenía que incorporarme y volver a acostarme. Los asientos estaban un poco recostados con un respaldo amortigüado para apoyar la cabeza.

Una vez durante el vídeo, mi madre estaba mandándole un mensaje a una persona del grupo para que nos tuvieran localizados, y la mujer encargada de esa sala le llamó la atención.

Cuando el audiovisual acabó nos quedamos un rato charlando en los sofás recostados, tanto que tuvo que venir otra vez la señora a llamarnos la atención, porque éramos los únicos que quedábamos allí. Qué imagen se llevaría de nosotros si tuvo que llamar dos veces la atención al mismo grupo…

Salimos de esa sala, y como los demás ya estaban en el restaurante del museo, nos fuimos hacia allí. La verdad es que nos costó demasiado encontrarlo, tuvimos que preguntarle a dos personas, y es que estaba muy mal señalizado.

Cuando ya por fin llegamos, el resto ya estaban sentados, algunos habían ido a por la comida, mientras que otros estaban guardando la mesa.

Llegó la hora de comer, y comí una pizza, que estaba aceptable, y unas albóndigas con arroz, que no estaban muy buenas. Eso sí, el zumo multifrutas que bebí estaba muy rico.

Mientras tanto, estuve hablando con Malena de unas pruebas que tiene que hacer para clase, y de OT, un tema del que hablaríamos mucho durante los próximos días. También hablamos Indira, ella y yo de otros temas.

Al acabar de comer; Luz, Noe, Indira, mi madre y yo nos volvimos a separar del resto, pero antes vino el momento, que lo he llamado “momento ascensor”, donde todos nos reímos a carcajadas. Resulta que, de perdidos al río, nos metimos todos en el ascensor, que era grandecillo pero aún así éramos “too much” y como algunos se vinieron arriba y se pusieron a saltar, lo hicimos todos. Con gritos, además… Eso fue un desmadre. Como para que el ascensor se fuera abajo… Aquel momento de todos saltando me recordó a la escena esa de “Campeones”, donde se ponían a hacer lo mismo y en un ascensor, también. Había una cámara de vigilancia, y de repente oí a Darío decir con toda la razón del mundo: “El que esté viendo la cámara deberá estar flipando”.

Luego, al salir mi madre dijo que no se nos puede sacar de casa, y me enteré de que, por lo visto, había entrado una señora y en la siguiente planta se marchó. Yo creo que era por no aguantarnos más.

Cuando ya dio como finalizado el show graciosísimo, nosotros cinco nos fuimos a otra sala, que también estaba abierta temporalmente, y que iba sobre elefantes. La exposición mostraba todo tipo de cosas que entraban dentro del tema. Llegó un punto en el que me cansé (pero más o menos me estaba gustando) y me fui. Yo quería ver lo que había en el sitio por el que entramos, que eran varios cristales y en cada uno había una recreación de diferentes animales. Y mi madre me quiso acompañar.

Después vimos una sala en la que la temática era sobre dinosaurios, y para decir la verdad, a mí nunca me ha fascinado ese mundo. Había un esqueleto del dinosaurio más grande que existió, y ocupaba una sala entera y atravesaba otra. Después había otros escaparates donde se recreaban peces acuáticos, como delfines, focas…

Para finalizar, acabamos reencontrándonos con el resto, nos sentamos en unos sofás porque ya estábamos un poco cansados, y unos minutos después dijeron por megafonía que iban a cerrar el museo (no sé en cuántos idiomas pudieron avisar: en inglés, español, italiano, francés, chino…)

Así que nos fuimos, y ya que Malena e Indira tenían que ir a su hotel para ensayar el discurso que iban a dar en la ONU, decidimos ir todos allí también. Al llegar, dentro había una sala donde había sofás, una mesa de ping-pong y un futbolín. También había una estantería de juegos de mesa, que me encantan, pero pasé de ellos porque estaban en inglés.

Mientras los cuatro ensayaban, algunos estuvimos hablando en aquella sala, y otros jugando al ping-pong o al futbolín. Tenía mucha sed y mi madre me fue a coger del hall de la entrada un vaso de agua, que sabía a hierbabuena.

Resulta que podíamos estar presentes en el ensayo del discurso, y fuimos a una especie de mini anfiteatro (donde Susana tuvo la gran idea de hacer unos skeches y a mí me pareció muy bien, pero al final no los hicimos) y salieron Indira y Malena. Le tocaba empezar a Indira, y me dio pena porque la pobre estaba tan nerviosa que no daba articulado palabra. Entonces, su madre se puso delante de ella para que no se pusiera nerviosa, pero tampoco consiguió decir nada. En resumen, que se bloqueó tanto, que ese día no puedo prepararlo.

Luego fuimos a cenar al McDonald’s, y la verdad es que no me gustaba nada entrar allí, y por suerte para mí, a Susana tampoco, así que mi madre, ella, César y yo fuimos a un italiano. Mi madre y yo pedimos pizza y estaba muy buena, y de beber tomé algo parecido a la Trina que no me gustaba mucho por el gas.

En esa cena criticamos la sociedad que era ese país.

Por último nos despedimos del resto y las cuatro del mismo hotel que yo y un servidor nos fuimos.

Indira, Luz y Noe se bajaron del ascensor en su planta, y mi madre y yo en la nuestra.

Mañana iba a ser otro día, y encima con el resto que aterrizaba esa misma noche en la ciudad de Nueva York.

Composición con fotos de distintos momentos de este día.

NUEVA YORK DÍA 3

Aquel jueves me desperté un poco más tarde de las 6:30, porque mi madre estaba roncando, aunque no muy fuerte. Como no podía dormir, busqué los cascos y me puse a escuchar música. Más tarde, cuando mi madre también se despertó, se duchó mientras que yo escuchaba las noticias mediante el Hoy por hoy con Ángels Barceló.

Detrás de mi madre fui yo a ducharme. Me arreglé para ese día, salí de la habitación y otra mañana más esperé a las chicas en el hall de la entrada, mientras que durante ese rato, estaban sentados cerca de mí otro grupo de españoles.

Cuando Noe, Indira, Luz y mi madre bajaron, nos marchamos a desayunar, y fuimos al mismo sitio que la mañana anterior. Yo me pedí lo mismo, y, por suerte, mi madre se pidió una caracola y me dejó comerme la mía tranquilo. Y de beber, cambié, y es que me tomé un café con leche normal.

Indira y yo subimos a donde estaban las mesas, quedaba una, y como no había suficientes sillas, Indira fue a por más.

Mientras comíamos, hablamos de cosas como que es muy triste que haya gente de mi edad, o por ahí, que no vaya a los velatorios cuando se les muere algún familiar. Eso es muy preocupante.

Otra mañana más, Indira diseccionó el mismo bollo que se había pedido el día anterior.

Cuando ya terminamos de desayunar, salimos al exterior, y, aunque parecía que había salido el sol, seguía haciendo frío.

Fuimos a Central Park, donde estaba el resto, también Paula, Martín, Tere y los demás, y les saludamos a todos.

Estuvimos un rato hablando en varios grupos (y aprovecho para decir que esa es una de las cosas buenas que tiene este colectivo, que hablas con unos o con otros, pero nunca, nunca te quedarás solo), hasta que Nacho inició las grabaciones, que para eso estábamos allí. Los primeros en entrevistar fuimos otro compañero y yo. Nos hizo unas cuantas preguntas, de cómo nos sentíamos en aquel momento, entre otras. Yo le dije que ni de broma me había imaginado cuando se creó este grupo llegar hasta Nueva York y recibir un premio dado por la Federación Mundial del Síndrome de Down en la ONU. Bueno, ni eso, ni ir a Madrid a reunirnos con la ministra de educación.

La verdad es que pienso en el yo de cuando empezó a encontrarse con los EXI por Zoom, o cuando lo estaba pasando fatal en el instituto, y no sólo es impresionante por todo lo que estamos logrando, sino que también me ayudó a crecer como persona y a empezar a quitarme algunas de mis inseguridades, que ahora me siguen quedando algunas, no os creáis.

Las entrevistas eran caminando mientras que teníamos que hablar entre nosotros. Y luego fueron los demás EXI entrevistados.

Hasta que llegamos a una plaza donde un señor estaba cantando con un altavoz al lado donde ponía el instrumental, en ese momento estaba cantando “Vivo por ella”, mezclando el español con el italiano, y Malena, mi madre y yo nos pusimos a bailar. También lo hicimos con el “Sway” de Michael Bublé, que a mí me encanta la canción, como también con el “New York, New York” de Frank Sinatra, y el “Nunca es suficiente” que me sonaba porque Lina de Sol la cantó en la gala 0 de OT, que era de Vigo y la cual no pasó, aunque se merecía pasar y es que cantaba muy bien.

Más tarde acabamos todos, mayores incluidos, sentados en la hierba y les tocó hablar a personas como Susana, Noe, Paula, mi madre o Nacho. Todas ellas hablaron muy bien, pero en especial cuando estaba hablando mi madre, que Luz y yo nos miramos y le susurré que era un “orgullo de hijo”.

Composición con fotos de distintos momentos de este día.

Al terminar, nos levantamos y fuimos a comer a un mexicano. Yo no iba muy convencido porque en esos restaurantes toda la comida lleva picante. Yo comí, como diría Chicote, un arroz con cosas, que, por lo visto, no picaba, y al final sí que me picó, pero más o menos lo comí todo. Para terminar, bebí un refresco de sandía para que me dejara de picar la lengua.

A continuación, fuimos todos hacia un edificio donde tenían lugar las charlas del congreso al que habíamos ido (las del día siguiente ya serían en la ONU). Cuando llegamos, ya estaban algunos en la sala donde hablaban unas cuantas personas, en la que por cierto, hacía mucho calor. Los demás aún no habían llegado porque venían andando.

Escuchamos a las personas, entre tanto había algún rato en el que yo hablaba con alguien, y cuando terminó el acto, resulta que estaba allí un miembro de “La casa de Carlota”, de Barcelona, y que hacen camisetas; más Adriana y Martha, de Puerto Rico, y que al principio decían que conocían a Indira y a otra persona de los EXI, pero al final resultó ser que, efectivamente, conocían a Indira, pero ese otro era yo. Hablamos un poco con ellas, y me cayeron bien.

Al salir, no me acuerdo por qué motivo, pero acabamos Luz, Noe, Indira, mi madre y yo yendo a cenar al mismo sitio que el día anterior habíamos ido Susana, César, mi madre y Fidel; pero antes os voy a contar una cosa súper graciosa, y es que nosotros cinco antes de ir al italiano, nos sacamos unas fotos delante de una torre que estaba iluminada muy bonita, Luz nos iba a sacar una a los cuatro, y, primero fue la avalancha de gente que encima la empujaban, y estuvieron un rato pasando personas hasta que por fin pudo sacar la foto, aunque resulta que mientras tanto un espontáneo que pasaba en ese momento salió en la foto (la podéis ver, es una de las de abajo) y después le chocó la mano a Luz. No sabíamos que había salido, hasta que la propia Luz nos enseñó la foto, y nos empezamos a descojonar vivos.

Estábamos tan cansados, que cenamos la pizza rápido, y cuando mi madre, Noe, Luz y yo ya la acabamos de comer, Indira cuando estaba por el último bocado tardó en acabarlo porque siempre quiere retrasar lo posible que nos vayamos al hotel, y yo con lo agotado que estaba, me quería ir enseguida a la habitación a descansar. Y es que mañana era el día que íbamos a pisar la ONU.

Composición con fotos de distintos momentos de este día.

NUEVA YORK DÍA 4

Aquel viernes me levanté, me duché, me arreglé, salí de la habitación y esperé a las chicas sentado en el hall de la entrada. Volvimos a ir al mismo sitio a desayunar, en este caso sólo salimos Noe, Luz, Indira y yo del hotel, porque mi madre ya estaba allí que siempre se despertaba antes y salía a pasear sola. La historia se repite: todos pedimos lo mismo, e Indira, otra vez más, disecciona su bollo.

Más tarde, al salir a la calle, hacía otra vez ese frío helado que te congelaba todo. Decidimos el plan de ir a ver tiendas por La Quinta Avenida, y era un plan que me molaba porque así no estábamos mucho en la calle.

Primero entramos a un sitio que ni me interesaba, sólo era para calentarme un poco; después entramos a Zara, que a mí me alucinó bastante ver esta tienda en Nueva York; después nos metimos en un North Face, que entré un poco como lo hice en la otra tienda, no me interesaba y era también para entrar en calor.

Y, por último, fuimos a la tienda de Lego, que me gustó. Cerca de la entrada había un taxi hecho de estas piezas. Nos quisimos sacar unas cuantas fotos, y después quise salir yo solo, y en ese momento descubrí lo mal que educan a algunos niños, porque mientras mi madre me estaba sacando una foto, un niño se metió por medio.

Hago un inciso para decir que, no sé si sólo será en Nueva York, pero allí la mayoría de la gente va por la calle como si estuviesen por la calle nada más que ellos: se tropiezan contigo y siguen hasta que logran pasar, te dan codazos y siguen caminando sin pedirte perdón, estamos haciéndonos una foto y pasan por delante de la cámara…

La verdad es que esto no tiene que ver con la ciudad donde vivas, tiene que ver con si eres una buena persona o no.

La tienda de Lego tenía de todo: desde La Estatua de la Libertad a un edificio ardiendo y los bomberos rescatando a, por ejemplo, un gato, todo ello construido con estas piezas. En verdad la tienda estaba muy guay. También vimos por fuera la de Apple, que recuerdo que como la de Londres, que me había dejado alucinado, ninguna, y es que aquella tienda de Apple era impresionante.

Luego, aún era pronto para comer, pero teníamos que ir a meterle algo al cuerpo ya, porque después teníamos que estar temprano en la cola para entrar en la ONU. Así que fuimos a una pizzería (sí, otra vez tocaba pizza), era un sitio muy pequeño, sólo había tres mesas, y unos nos sentamos en esas y otros se fueron para fuera.

Y cuando ya acabamos de comer ya era la hora de ir a hacer la cola para entrar en la Organización de las Naciones Unidas.

Composición con fotos de distintos momentos que describe Antón de este día.

Estábamos súper emocionados por entrar allí. En la fila mientras esperábamos Malena puso música y empezamos a bailar. Nuestras caras de contentos había que retransmitirlas, así que nos hicimos una foto. Después Paula nos hizo otra, y una vez más al hacerla se tiró al suelo, y nos descojonamos, esa y todas las veces que se tiró al suelo para hacer la foto. El año pasado en Chicago fuimos mi madre, Ana, Indira, Malena, Darío y yo a un parque que era impresionante porque estaba rodeado de rascacielos, entonces mi madre se marcó un “Paula” y se tiró al suelo para hacer las fotos, y aquel día también nos empezamos a reír.

Cuando ya entramos en la ONU, primero había un control como el de los aeropuertos. Soy raro, pero me hace cierta gracia ver cómo algunas personas hacen el control. Una vez pasado el trámite de quitarnos las chaquetas y depositar nuestras cosas en una caja y de pasar nosotros por ese arco (que yo siempre voy un poco acojonado), volvimos a salir al exterior y hacía mucho frío. Estuvimos unos minutos sacándonos unas fotos en dos esculturas, una en el logo del planeta Tierra de la ONU, y otra en una pistola con un nudo en el cañón; también salí yo solo en un paisaje muy bonito que estaba al fondo con unos rascacielos. Luego no soportaba más el frío, y mientras los demás seguían fuera, yo entré al edificio. Me recorrió una emoción por todo el cuerpo al ver esa edificación que era tan gigantesca con tanta gente y tantos adornos, y en ese momento pensé: “Coño, no me puedo creer que estemos aquí.”.

Imagen de todo el grupo delante de la bola del mundo que se describe en el texto

Después ya entraron el resto, y me hizo mucha gracia porque algunos teníamos ganas de ir al baño y fuimos todos juntos como si fuéramos un rebaño de ovejas. Más tarde, algunos nos dirigimos ya a la sala donde sería el acto, y la emoción que tenía se convirtió en aún más fuerte, porque vi aquello tan grande y con los asientos con los micrófonos como, mismamente, en el Congreso de los Diputados. No había pocas personas, pero tampoco muchas, es decir, las justas. Bajé las escaleras para sentarme en una fila donde ya estaban unos pocos de nuestro grupo. A los lados vi unos cristales, tras él estaban los traductores de lenguas como español, francés, portugués o chino. En cada sitio había como un pinganillo que te lo ponías en una oreja y te traducía a tu idioma. 

Cuando ya empezaron a hablar, tenía el pinganillo en mi oreja y pensé que a lo mejor no había empezado a traducir, pero al resto sí, entonces me pareció raro, comencé a tocar en los botones que había como un poseído, pero no funcionaba, así que el que uno de los compañeros me solucionó el problema y me dispuse a escuchar.

Hubo bastantes ponencias, había algunas personas que me gustaron y otras que me parecieron un poco rollo. Por ejemplo, hablaron una madre y una hija que eran de París, y contaron que a la madre le dijeron que su hija se iba a morir, entonces me recordó a lo que le dijo esa médica a mi madre. En ese momento, ella estaba sentada detrás de mí y me dijo que todas las historias se repetían, y es totalmente cierto.

La primera tanda de ponencias tardó en empezar, con lo cual el horario se iba a retrasar, también la entrega de premios. Teníamos entradas para un musical porque cuando las compramos no sabíamos que la organización iba a cambiar el acto del jueves al viernes y por eso las compramos para este día y con todo el retraso íbamos a ir al musical bastante justos de tiempo.

Composición con fotos de distintos momentos de este día.

Llegó la hora de dar los premios, y como ya estaba hablado desde hace mucho Indira y Malena salieron a recogerlo en representación de los EXI. Cuando estaban dando el discurso, yo explotaba de orgullo. Juro que tenía tal emoción en el cuerpo cuando ellas dos recogieron y alzaron el premio, que parecía que me iba a dar algo en cualquier momento. Miré un momento para el resto del grupo, y todos teníamos la misma cara de felicidad y orgullo.

Acabé riéndome porque estábamos pendientes de a ver qué hacía Indira, después de haber hecho un ensayo donde no habló porque se puso nerviosa, de haber tomado la decisión de que sólo hablara Malena, pero al final salieron las dos y estuvieron espectaculares. Pensaba matar a Indira (yo creo que todos) por tenernos en tensión para después hacerlo genial.

Distintas imágenes de Malena e Indira durante su discurso en la sede de Naciones Unidas

Lo que voy a contar ahora, no quiero que penséis mal de nosotros, pero después de que les entregaran el premio a Malena e Indira, salimos pitando de la sala porque no llegábamos al musical y había que cruzar varias avenidas. Para no acabar de tener fama de maleducados, se quedaron hasta el final de la entrega unas personas de nuestro grupo, y otras como yo que llevo cierto ritmo más lento, nos fuimos de allí echando leches.

El asunto era que íbamos tan apurados que mi madre y yo habíamos pensado en ir en taxi hasta el teatro, pero al final decidimos ir andando porque había mucho tráfico y al final íbamos a tardar más. Fue muy gracioso porque como a mí me cuesta andar corriendo, César me cogió de un brazo y Fidel del otro, y todos nos pusimos en marcha.

Hago un inciso y después contaré nuestro trayecto hasta donde era el musical, pero la verdad es que me dio pena que no diera tiempo a saborear más lo del premio ni a ver algún otro rincón de la ONU. Al salir de aquella sala, como digo, pitando, vi un pasillo de banderas y me quería sacar una foto, pero era imposible.

Retomo cuando César y Fidel me cogieron uno de cada brazo, y es que fue bastante gracioso, porque me preguntaron en distintas ocasiones si iba bien, y de verdad que iba bastante bien aunque casi me llevaban en el aire. La velocidad a la que corríamos era impresionante, y pensaba en tantos momentos de mi vida en donde mis compañeros no me esperaban, y también es verdad que si no hacen este tipo de cosas este grupo, ¿quién lo va hacer? Pero cada vez me siento más afortunado y es un orgullo pertenecer a este grupo maravilloso.

Cuando llegamos al teatro, íbamos bastante apurados, y mi madre y yo teníamos que subir las escaleras porque allí nos sentábamos nosotros. Entrando, el teatro me pareció precioso y muy elegante, era todo de color rojo, un color que, bajo mi opinión, luce mucho visualmente.

Subimos otras escaleras y ya eran nuestros sitios. Para mí sorpresa, detrás de nosotros estaban Susana, Fidel, César y Adriana; a nuestro lado había tres personas, y oyéndoles hablar, con lo grande que era el patio de butacas (que ocupaba más que el propio escenario), resulta que nos había tocado al lado de otro grupo de españoles, y en un momento el que estaba a mi lado me oyó decir: “¡Cuántos españoles!”, empezó a hablarnos el señor y nos dijo que eran de Zaragoza; y al lado de estos tres maños, estaban sentados Malena, Nacho, Ana y Darío. Es decir, que en nuestra zona estábamos concentrados muchos españoles.

También, en la otra punta del auditorio estaban Indira, Luz y Noe que nos saludamos efusivamente. Y el resto del grupo estaba más abajo, y a ellos sí que no les vimos.

El musical que estaba a punto de comenzar, por cierto, era “Moulin Rouge”.

Había visto con mi madre el fin de semana anterior la película y no me gustó, pero la obra me encantó. Aunque no lograse entender los diálogos, los números musicales me fliparon (me gustó mucho más la elección de las canciones del musical que en la película, muchas de ellas las conocía), los actores y actrices tenían auténticos vozarrones, me alucinaba cómo cambiaban los decorados, subiéndolos para arriba o moviéndolos de posición.

De verdad, todos los números musicales me parecieron una verdadera pasada.

Al acabar el musical, salimos y nos reunimos todos, y cuando estábamos en la calle delante de la entrada, oímos unos gritos como si estuvieran acuchillando a alguien (aunque no era de extrañar estando en ese país. No, es broma), pero resulta que estaban saliendo algunos de los actores, y ya todos se acercaron. La verdad es que a mí no me interesaba ir, pero también fui, y es que de actores estadounidenses sólo conozco a unos pocos que se pueden contar con los dedos de una mano, y a estos los conocía aún menos.

Cuando acabó el jaleo, resulta que Malena se sacó una foto con Boy George, uno de los protagonistas y cantante en un grupo que era muy famoso cuando nuestros padres eran jóvenes, y otro actor le firmó el folleto donde venía toda la información de la función.

Imagen de Antón dentro del teatro donde asistió a ver el musical Moulin Rouge

En ese momento, era de noche, y fuimos a Times Square, y de todas las veces que pasamos por allí, fue la que más impresionante me pareció, con todas las pantallas con luminosos. Precioso.

En el mismo sitio había unos haciéndoles hacer cosas a la gente, y entonces me acordé cuando a mi tío en un espectáculo de estos le saltaron por encima junto con otros más, cuando fueron él, mi tía y mi prima a Nueva York.

Pero yo estaba tan desfallecido que lo único que quería era ir a cenar.

Tras estar un rato más en Times Square, fuimos a cenar, y primero fuimos a un sitio que daban sushi (que a mí me encanta), pero estaban levantando los taburetes para cerrar. Allí estaban Paula, Martín, Susana, Fidel, César y Adriana que fueron más listos y estaban cenando.

Como muchos restaurantes ya estaban cerrados o a punto de hacerlo, tiramos de un italiano que sí que estaba abierto, donde los días anteriores también habíamos cenado.

Nacho, Malena y el resto se cogieron unas pizzas para ir a comerlas a su hotel, mientras que Luz, Noe, Indira, mi madre y yo nos sentamos a comerlas en una mesa.

Estábamos tan cansados que comimos lo más rápido que pudimos, hablamos del susto que nos dio Indira al no hablar en los ensayos y lo bien que habían hablado Malena y ella, también la quería matar porque se hizo de rogar para acabar el último bocado de su pizza y yo estaba reventado.

Luego nos fuimos al hotel, y hasta el día siguiente.

Por cierto, todos los días que pasamos en Nueva York fueron increíbles e intensos, pero ese lo fue quizá un poco más por las dos cosas que hicimos, porque fueron muy grandes.

Entrar en la mismísima ONU, que es una de las organizaciones más importantes del Mundo, y que la Federación Mundial del Síndrome de Down nos diera un premio.

E ir a ver un musical, que a mí me encantó, en Broadway, y es que a mí como está valorado públicamente me da igual, lo que me importa es que con todo lo que me gusta el mundillo del espectáculo me pareció alucinante ir a una zona como esta donde tienen tanta fama los musicales.

Mañana iba a ser, también, otro día muy bonito a pesar de la lluvia.

Escultura que se encuentra en el recinto de Naciones Unidas y que representa una pistola con un nudo en el cañón. Aparece un cartel con su título: Non-violence

NUEVA YORK DÍA 5

Esa mañana me desperté sobre las 9, unos minutos más tarde se despertó mi madre. Se nos hizo tarde, lo sé, pero no nos vino mal dormir un tiempo más. Nos duchamos, nos arreglamos y salimos solos a desayunar, porque Luz, Noe e Indira ya lo habían hecho y ya estaban yendo junto con todos los demás para el museo.

Fuimos al sitio de siempre a desayunar y pedimos lo de siempre. En un momento vinieron dos policías con sus uniformes y sus chalecos antibalas. No sabría decir si estaban en su tiempo de descanso o si no, porque estaban recibiendo llamadas desde el otro móvil que tenían. Como digo, estaban uniformadas y con esos chalecos antibalas, y es que aunque ese día lloviese, no hacía mucho frío, y me estaban dando un calor con aquel ropaje…

Mientras nos íbamos, yo me estaba poniendo la bandolera y sin querer le di a una de las dos policías, entonces llegué a pensar que con lo que son en ese país a lo mejor me pasaba algo. No, lo de pensar que me podría pasar algo, es broma, pero no lo es que en Estados Unidos la policía es súper salvaje.

Después de desayunar fuimos en metro hasta cerca de donde estaba el MOMA. Una vez entramos, nos dirigimos a los baños, al salir nos encontramos a Noe e Indira, estuvimos un rato allí quietos y luego empezamos a ver el museo.

Al principio íbamos muchos del grupo juntos, e hice lo de siempre cuando quiero ver algo a mi ritmo, ir por mi cuenta. Y ellos también se separaron en más grupos, porque de vez en cuando me cruzaba con algunos, como digo yo, de los nuestros.

Para mi gusto, el museo me pareció para ver y también para resguardarse de la lluvia, pero en general ni fú ni fá.

Quedamos para irnos a una hora en la entrada, y yo, entre que fui tarde y que mi madre me dijo que estaban en otra planta en la que en realidad no estaban, llegué tarde. Nos pusimos cada uno nuestra chaqueta, salimos a la calle, y con la lluvia anduvimos lo más deprisa que pudimos a la hamburguesería donde íbamos a comer.

Unos del grupo ya estaban allí. Había varias mesas donde nos sentamos todos nosotros, yo me senté con Indira, Malena y Alejandra, y básicamente nuestro tema de conversación se basó en hablar de OT.

Malena se pidió unas mini hamburguesas, Alejandra unas patatas dulces que estaban muy buenas (ya las había probado dulces porque mi hermana las hizo alguna vez), Indira una hamburguesa con patatas (que nos estuvimos riendo porque le echó tanto ketchup a las patatas que aquello parecía ketchup con patatas), y yo unos fish and chips que estaban bien pero no eran cosa de otro mundo. A todo esto hay que decir que las patatas de Indira venían aparte de la hamburguesa, y yo me equivoqué y pensando que eran mías le comí bastantes.

Como digo, estuvimos toda la conversación hablando de OT, le contamos a Indira quiénes eran y la opinión que teníamos sobre ellos, porque no vio el programa. Después Malena y yo hablamos con Paula sobre el Benidorm Fest de este año y de la canción que llevamos para Eurovisión el próximo 11 de mayo. Es verdad lo que decían ellas dos que la mujer no canta bien, pero a mí me gusta bastante. Yo aplaudo que este año llevemos a alguien mayor, y es que en estos últimos años fue gente muy joven, como por ejemplo, Chanel, Amaia y Alfred, Blanca Paloma, Miki Núñez… (y el resto de países también suelen llevar a personas muy jóvenes, y aprovecho para decir que aparte de nosotros, Islandia también lleva a una mujer mayor).

La canción en sí está muy bien, los bailarines bailan muy bien, la puesta en escena está bien (y aún queda por mejorar, porque, claro, la tienen que adaptar al escenario de Malmö), la cantante también seguramente va a ensayar más la canción y afinar mejor en los tonos que canta más altos… En fin, que probablemente en el Benidorm Fest había mejores propuestas para llevar, pero la canción que va este año me gusta, y es que si la canta tanta gente por algo será.

Bueno, volviendo a cuando estábamos en el restaurante, me pareció muy interesante y me gustó mucho la conversación que tuve sobre OT y después del Benidorm Fest. A continuación, nos fuimos en dirección a un centro comercial porque estaba lloviendo mucho, y os aseguro que durante esa tarde en aquel outlet pasé unas horas en las que me reí a más no poder, pero voy a comenzar por cuando entramos.

Nada más entrar, como la calefacción estaba a tope, otra vez nos quitamos las chaquetas, y pusimos una hora de quedada para marcharnos y estar todos a esa hora puntuales en la entrada. Después nos dividimos en varios grupos. El grupo en el que estaba yo (Indira, Noe, Paula, mi madre y Nacho), nos sentamos en unos sofás a tomar unos cafés, y un rato después, Indira y yo entramos a un sitio donde había diferentes máquinas para jugar. Todo estaba en inglés y no nos estaba resultando interesante, así que nos fuimos. Pero Indira avisó a su madre para que viniera, volvimos y fue más de lo mismo.

Aquí llega la parte graciosa, cuando Noe vio que había un fotomatón, nos preguntó si queríamos entrar y le dijimos que sí de cabeza. Al meternos fue cuando empezó el lío porque estuvimos intentando poner eso en funcionamiento, pero no había manera. No nos dimos por vencidos y al final nos hicimos las fotos. Entonces empezamos a poner caras graciosas en cada foto que nos sacaba la máquina esa: sacando la lengua, abrazados, apachurrados en una esquina…

Pagar y sacar las tiras fue una odisea, pero también nos reímos mucho, porque Noe ponía la tarjeta y no pasaba nada, aunque después de varias veces intentándolo y de pulsar a los botones, a ver si así había suerte,  ya estábamos concienciados de que ese fotomatón no nos iba a dar las fotos, cuando lo probamos otra vez más y salieron varias tiras. Aquellas fotos eran muy chulas. Por último salimos de allí, que la verdad es que hacía mucho calor.

La verdad que en aquel fotomatón nos reímos mogollón.

Después, como teníamos más tiempo, siguieron las risas, y es que fuimos a una tienda donde había, entre otras cosas, perfumes. Entonces Indira y yo empezamos a probarlos, y eso que al principio no estaba seguro si se podían probar, pero luego pensé que si no nos dijeron nada después de estar un rato haciéndolo, que sí se podía. Bueno, Indira y yo nos probamos tantos que acabamos oliendo a una mezcla bastante exótica. Cuando de pronto vino mi madre, que para colmo es alérgica al perfume.

A continuación fuimos a una tienda de zapatos e Indira se probó algunos pares de ellos.

Un rato más tarde, como ya tocaba ir hacia donde habíamos quedado, fuimos y allí estaban todos enseñando cada uno lo que se habían comprado, pero yo no me quise comprar nada, más que nada porque cuando voy a un centro comercial voy porque tengo que comprar zapatos o ropa, y ya me cuesta ir, y por eso no compré nada. Yo no soy nada consumista comprando, eso sí, de ir al teatro, al cine, ver series, ir a conciertos o de viaje evidentemente que sí lo soy.

El próximo destino era ir al otro hotel donde estaba el resto, así que cogimos el metro, y cuando llegamos a nuestra estación, antes de salir de aquella boca, entramos en un sitio a comprar comida. Yo salí con sushi, con unos trozos de fruta cortada y unos zumos.

Cuando salimos, se decidió que los adultos se iban a tomar algo y Malena, Indira, Martín, Darío y yo fuimos al hotel.

Una vez allí, Indira y yo, como ambos antes habíamos comprado sushi, nos lo pusimos a comer en una mesa redonda que había en aquella sala de estar. El sushi, que me encanta, estaba aceptable para ser de súper (todo sea dicho, tengo ganas de comer un buen sushi), y dejé los dos últimos trozos porque estaban tocando un poco el wasabi, y conozco a poca gente que le guste, imaginaros a mí que no soporto el picante.

Después me tomé los trozos de fruta, no me gustaron, así que los guardé en la bolsa. Imaginaros cómo estaban con lo que me gusta a mí la fruta.

A continuación, Indira, Malena y yo jugamos a un juego que tenía la propia Malena descargado en el móvil. Cuando ya vinieron los adultos de tomar unas cervezas, mi madre, Noe, Luz, Indira y yo nos fuimos a nuestro hotel, y es que mañana tocaba ir hacer un tour por muchos de los barrios de Nueva York.

Composición con fotos de distintos momentos de este día.

NUEVA YORK DÍA 6

Aquel domingo fue un día que nos tuvimos que despertar más temprano que otras mañanas, en este caso tocaba ir de ruta, como acabé diciendo en el final del post anterior, por muchos de los barrios de la ciudad. Un señor nos estaba esperando a la salida del hotel con un coche, y entonces al salir a la calle me cagué en todo, y es que otra vez hacía ese frío que te congelaba todo.

Mi madre, Indira, Noe, Luz y yo fuimos en el turno de mañana; y Paula, Martín más la familia de Susana fueron en el de por la tarde. Montados en el coche, yo aún no estaba para chapas porque aún me estaba despertando, y la verdad es que durante los primeros minutos el tío me pareció bastante pesado.

Paramos en la primera parada, y yo si soy sincero no presté mucha atención porque lo único que quería era meterme en el coche, y es que hacía un frío que pelaba. Qué gusto me dio ese momento en el que entramos al coche, cuando se va cerrando poco a poco la puerta (era de estas que se cierran al pulsar un botón).

La siguiente parada fue a la Universidad de Columbia, y me pareció bonita, aunque yo quería meterme en el coche, una vez más, al caliente. Allí mismo, dentro y con el hombre conduciendo, nos enseñó unos vídeos de trozos de película que se habían grabado por donde estábamos pasando, aunque a mí ver eso en ese mismo momento no me apetecía nada, y eso que siempre es un gusto para mí ver cine (y además de porque estaba en inglés), pero yo estaba para hacer turismo.

Este sí que fue un momento bastante divertido, cuando el tío nos dio, en concreto a mí, un güiro para tocar y lo hice mientras de fondo sonaba “Vivir mi vida” de Marc Anthony a todo volumen. Yo no sé si sería muy legal tener la música a ese volumen conduciendo por la carretera. Y Luz después también tocó el güiro.

Más tarde le dijimos al hombre del tour que queríamos tomar un café y algo más (que aún no habíamos desayunado) sentados, y nos llevó a una tienda bastante pequeña donde me sorprendí cuando vi a tanto español, y es que estábamos prácticamente todos allí concentrados. Según el del tour, allí hacían unas empanadillas muy buenas, así que las quisimos probar, y nos pedimos eso más unos cafés. Las empanadillas, no sé si era por el hambre que tenía o no, pero estaban muy ricas, pero el café estaba para vomitar.

Mi madre, Luz y Noe se enfadaron con el chofer por llevarnos a ese lugar (que a mi parecer era un cutrichil de mala muerte) y pensaron que podría estar en nómina con el dueño del local. Hombre, yo no tendría pruebas de ello para afirmarlo, pero el ser todos turistas españoles en esa tienda era bastante sospechoso; así que no sé…

Más tarde hicimos una paradita de nada en el Bronx, donde el pavo de la guía turística trajo una radio de estas antiguas, una gorra y una cadena, y nos llevó delante de un grafiti. La idea era posar con todos esos artefactos ante el grafiti, y Luz, Noe, Indira y mi madre lo hicieron, y yo casi, lo que pasa es que nada más ponerme la cadena, ya tenía frío de por sí, y la cadena estaba congelada, y es que yo no tolero de ninguna de las maneras el frío en el cuello, así que no.

También pasamos con el coche por un barrio judío ultraortodoxo, que por lo visto hacen cosas como hablar en otro idioma, las mujeres casadas se rapan la cabeza y llevan peluca, los sábados es el día de la semana en que no pueden cargar peso y las mujeres tienen una cuerda para bajar el carrito del bebé a la calle (que esto no tiene mucho sentido, porque al igual que te molestas en poner el carrito en la cuerda, también puedes bajarlo tú)…

No os imagináis lo que me sorprendió y alucinó ese barrio. Ese día era fiesta para ellos e iban caminando por la calle con sus mejores galas. Los hombres iban con una especie de gorro hecho con piel de zorro que eran muy grandes. También me sorprendió que las mujeres, aparte de llevar peluca, con lo jóvenes que parecían y ya con tres hijos o más (es otra de las muchas culturas más que las mujeres para lo único que sirven es para dar hijos). Los más pequeños iban disfrazados.

Yo quería hacer fotos, pero luego era impensable fotografiarles como si fueran maniquíes.

Entonces fue cuando salimos del coche, íbamos a caminar toda la calle y al terminar de hacerlo nos recogía. Ese barrio era auténticamente asombroso, pero lo era más andar por la misma acera por donde iban ellos y verles de cerca. Me sentía muy extraño.

Enseguida, como dije, el tío del coche nos vino a recoger. La verdad es que me hubiese quedado más rato (quizá ese rato fue el que nos sobró, porque en teoría tendría que haber durado cuatro horas, pero no duró eso), y sin duda fue lo que más me gustó del resto de cosas que vimos, en cambio, nos fuimos bastante más pronto de lo que me hubiera gustado.

Luego, al acabar, nos dejó delante del Puente de Brooklyn y lo cruzamos entero. Mi experiencia al hacerlo fue peor de lo que quisiera que fuera. Las vistas eran preciosas, pero no disfruté tanto como el resto, porque hacía mogollón de viento y frío, y en un momento juro que lo pasé verdaderamente mal, y es que de tanto viento que hacía, yo me ahogaba y me costaba mucho respirar.

Lo pinto mal, y mal fue en ese momento, pero por lo demás, bien, si no fuese por toda la ventolera que soplaba allí. Se volvió a repetir la mítica frase de “Antón, quítate el choto”, pero en aquella ocasión era impensable para mí. Ese puente me pareció larguísimo, aunque lo digo no siendo objetivo, por el frío y por cuanto me costaba respirar.

Cuando acabamos de pasarlo, mi madre y yo decidimos ir al museo del 11S porque al día siguiente no íbamos a poder ir; y Luz, Indira y Noe se fueron a China Town.

A continuación, mi madre y yo nos pusimos a buscar un sitio para comer antes de ir al museo, y entre tanto buscar, al final entramos en un pub de estos típicos americanos. Mi madre pidió unas mini hamburguesas, y yo unos palitos rellenos de mozzarella que estaban muy buenos. Ya sé que allí es muy típico en los bares, y es que había un montón de teles por todo el local.

Más tarde, cuando ya fuimos al museo, empezamos a ver lo que había fuera de todos los nombres escritos haciendo un cuadrado, donde dentro era el lugar en el que estaban las torres gemelas. Vimos que en algunos nombres había una rosa blanca puesta, resulta que las suelen poner todos los años en los días que esas personas cumplirían años, y me pareció un detalle precioso y emotivo.

Una vez entramos, ahora sí, al museo, yo quise pedir los cascos que daban con la explicación de lo que era cada pieza. Mi madre fue a ver el museo por su cuenta y yo por la mía. La guía me hacía cierta gracia, porque tenía la voz de Robert De Niro.

Complicado nombrar todo lo que vi, y es que en ese museo había un montón de cosas, pero voy a resaltar algunas que me gustaron.

Empezando por un lugar donde en la pared había fotos del tamaño de una foto del DNI de todas las personas fallecidas en ese terrible ataque. Me daba pena, aunque, ¿cómo no? porque había gente bastante o muy joven. Había hasta algún niño…

También estaban las escaleras por las que pudieron escapar los supervivientes, y era impactante. Después había una foto de cómo eran antes las torres gemelas, y otra de cuando los aviones ya estaban tirándolas con todo ese humo negro. La verdad es que me resultó flipante.

Luego había vídeos de las torres siendo destruidas. También fue alucinante.

Un tiempo después, yo ya había visto mucho, y lo que me quedaba por ver, pero ya estaba cansado, así que me senté. Enseguida vino mi madre y estuvimos los dos hablando sentados un rato, y yo llegué a la conclusión de que esto es un círculo vicioso; atentaron contra las Torres Gemelas porque Estados Unidos había bombardeado Irak, los atentados en Madrid y en Barcelona fueron porque el gobierno de Aznar de entonces apoyó esa guerra… 

Es el “yo te bombardeo a ti porque tú me bombardeas a mí”, y así estamos sucesivamente. Con unos intereses que para una gentuza les importan más que las vidas humanas que se puedan perder. Por ejemplo, el genocidio en Gaza o la guerra de Ucrania; que parece muy difícil de explicar (y es que la pura verdad es que no se puede hacer) que haya gente que es capaz de anteponer los intereses económicos antes que una vida humana, y para que suene más fuerte digo que están matando a niños pequeños, pero eso tampoco les importa. Tienen una falta de humanidad, que no es de este mundo, y ojalá que algún día paguen por todo lo que están mandando hacer, aunque no lo creo. Y para terminar hablando de este tema, quiero decir que… ¡¡Ojalá se pudran en la tumba con su maldito dinero!!

Volviendo a cuando mi madre y yo estábamos en el museo, nada más salir de allí nos encontramos con Indira, Luz y Noe en la calle. Ese momento fue bastante gracioso.

Decidimos ir a tomar algo las cinco, entramos en un pub y hablamos mucho, mientras que al mismo tiempo Indira y yo estuvimos jugando al mismo juego que jugamos con Malena.

Cómo no, los de la mesa de al lado me fijé que eran españoles.

Más tarde íbamos a coger un Uber, pero antes quisieron ir a una tienda. Cuando Luz, mi madre y yo estábamos fuera, la propia Luz nos dijo que acababa de pasar una rata por delante de nosotros, y yo, claro, empecé a alterarme y a correr como un loco. Vino el taxi, que nos llevó hasta nuestro hotel, y como Luz se tenía que ir a un concierto, al cual iban bastantes personas del grupo, así que se fue; y Indira, Noe, mi madre y yo fuimos al hotel.

Como queríamos ir a tomar algo, como hicimos la última noche en Chicago, decidimos subir hasta el bar del hotel.

Resulta que la tarjeta que teníamos la pusimos en el número de piso en el que estaba el bar, no se marcaba, y al final preguntamos y resulta que ese ascensor no llegaba hasta allí, y tuvimos que coger otro.

Pero por lo visto no podían ir menores de 21 años, e Indira y yo no podíamos, así que subimos sólo para ver las vistas. La verdad es que eran alucinantes, se veían muchos rascacielos de la ciudad y como era de noche, las luces los estaban iluminando ¡Increíble!

Después nos teníamos que ir e Indira estuvo parada enfadada porque se quería quedar, nos reímos de la cara de enfado que tenía, y a la tía no la movía de allí nadie, hasta que entre que la convencimos para irnos y que veía que no tenía mucho éxito, nos acabamos yendo a cenar al mismo italiano donde habíamos comido las noches anteriores. 

Pero, tranquilos, porque aparte de romper la tradición de ir a desayunar al mismo sitio, al día siguiente cambiamos, y aprovechamos la última mañana muy bien.

Composición con fotos de distintos momentos que describe Antón de este día.

 

Foto en blanco y negro de Antón y Carmen delante de la Estatua de la Libertad

©Paula Verde Francisco

CON-VIVENCIA

Estoy en el banco. Cuando empecé a venir a esta sucursal había cuatro ventanillas. La última vez, como hace un mes, habían cerrado una. Hoy lo han reducido a dos. Una, en realidad. Porque en la ventanilla de la derecha hay un cartel que la hace exclusiva para “empresas”.

En la única ventanilla que queda de cara a los mortales están atendiendo a un señor que se desplaza en silla de ruedas. Es una silla motorizada. Las características de una silla reflejan la funcionalidad y autonomía de su usuario. Así que busco entre las personas de alrededor quién podría ser el apoyo/asistente/acompañante del señor. No sé por qué (quizás porque sea la que se encuentra más próxima a él) intuyo que es una señora sentada junto a su carrito de la compra. Pero no, suena el número del siguiente cliente y veo cómo la señora se acerca a la ventanilla.

La puerta del banco no es de apertura automática, ni cuenta con ningún mecanismo que permita accionarla de forma autónoma desde una silla de ruedas. Pienso que el empleado que lo está atendiendo se ofrecerá a abrírsela o le pedirá que lo haga a alguno de los compañeros distribuidos en diversas mesas en la zona exterior de las ventanillas (cuento como cinco o seis por la sucursal). Pero no ocurre ninguna de las dos cosas.

Tampoco ninguno entre el resto de clientes que está aguardando su turno parece detectar la situación. Así que me dirijo a la puerta para abrírsela. El señor me pide que por favor le acerque un paraguas que ha dejado tirado en una esquina y si soy capaz de cerrárselo, porque él antes no ha podido. Le cierro el paraguas, le abro la puerta y le veo salir. Me pregunto cuántas más acciones relativamente sencillas como ésta se va a encontrar hasta que acabe su día. Cuántos “favores” tendrá que pedir a extraños. Cuántas limitaciones que podrían estar solventadas, como que una entidad (que a final de año expondrá en su cuenta de beneficios los millones que han ganado sus inversores) no sea capaz de instalar en sus oficinas mecanismos que faciliten la vida de un porcentaje de sus clientes. Son clientes que no cuentan. Que no existen. Que dan igual.

Este no es un texto para expresar qué mala gente son los empleados y los clientes del banco y lo buena persona que soy yo. No soy ni mejor ni peor que ellos. La única diferencia es mi realidad de los últimos diecinueve años. Ha sido mi convivencia con el colectivo de personas en situación de discapacidad la que me ha hecho ser capaz de detectar ciertas situaciones, analizar los apoyos que requieren y solventarlos si está en mi mano.

Simplemente eso. La con-vivencia.

Una con-vivencia que en mi caso no llegó hasta convertirme en madre. Una con-vivencia que debería iniciarse al principio del camino. Desde la escuela.

Hoy es 3 de diciembre. Y mañana 4.

#NadaQueCelebrar 

Imagen donde se ve de espaldas a un chico y una chica sentados en un columpio.

Estudiantes por la Inclusión premiados por Down Syndrome International Awards

El grupo de Estudiantes por la inclusión (EXI) ha sido galardonado con uno de los cinco World Down Syndrome Awards. Son unos premios que se conceden a nivel mundial por Down Syndrome International (DSi), una red mundial de personas con Síndrome de Down y sus familias.

Este año eran 200 las candidaturas que concurrían y el grupo de los EXI ha sido galardonado en la categoría de «Autorrepresentación” y en relación a la educación inclusiva.

Desde Quererla es crearla estamos especialmente emocionados por este nuevo reconocimiento a Estudiantes por la inclusión. Y es que, a pesar de ser un premio otorgado por una entidad vinculada al Síndrome de Down, le ha sido concedido a un grupo que no está conformado únicamente por personas con esta característica. Y ni siquiera por personas nombradas por la discapacidad. Si algo caracteriza a este grupo de chicos y chicas es, precisamente, su diversidad. Se trata de un grupo en el que intersectan un buen número de diferencias relacionadas con la desventaja en las escuelas: la clase social, el origen migrante, la orientación sexual, la ruralidad, la etnia, las capacidades, la situación de salud, las identidades de género…

A raíz de hacerse público el premio, escribía Antón:

Para mí es un orgullo formar parte de los EXI y que se nos reconozca, tanto que llevamos dos premios conseguidos, a ámbito internacional (que es una locura) y yendo a tantos sitios a hablar.

Yo el día que me dieron esta noticia me puse a gritar de emoción (y me contuve bastante, dado el lugar en el que estaba) y no me lo podía creer. De hecho, a veces pienso que es un sueño. Ya de por sí este premio es increíble, y es que sólo de imaginar que a lo mejor vamos a recogerlo a la ONU… Ains.

La ONU, una organización que le dio la razón a nuestro amigo Rubén y sentenció que España viola el derecho a una educación inclusiva.

Me enorgullece que nos den este premio al lado de mis queridos EXI. Además, de nuestros padrinos de este grupo Nacho Calderón y Luz Mojtar.

Me acuerdo de la primera reunión que tuvimos, todos íbamos muy o un poco obligados, sin saber muy bien qué hacíamos allí, encendiendo y apagando la cámara y dudando si hablar o no. Llegando así al final de la reunión, que, por lo menos yo, no me quería desconectar.

Los EXI me vinieron en el momento de mi vida que más necesitaba ese gran apoyo que me dieron (que nos dimos) y llenaron todo ese vacío que sentía, vacío que era enorme.

Saber que no era yo solo quién estaba sufriendo en la escuela me unió más a ellos por ese sufrimiento que teníamos en común.

Me encanta ir a los sitios que nos llaman junto a este grupo de personas, que no deja lugar a dudas, tenemos una gran amistad.

Estar en esta lucha me llena, y como dice mi madre, estoy en mi salsa.

Me siento muy afortunado teniendo en mi vida a toda esta gente, que somos una tropa y nos convertimos como en una gran familia, más la que sigo conociendo que también está en esta lucha.

En definitiva, que no sé si podremos ir a la ONU, pero ya ganar este premio y con toda la trayectoria que tenemos recorriendo lugares, y haciéndolo de la mano de mis amados EXI, es un PLACER INMENSO.

GRACIAS

GRACIAS

Y MIL GRACIAS ❤️ ❤️ ❤️

«Ya es el segundo premio internacional que este grupo de estudiantes recibe, y creo que nos invita a pensar qué hacemos en las escuelas.

Porque muchos de estos estudiantes han sido maltratados en ellas, hasta el punto de ser objeto de discriminación, vivir la soledad por años, experimentar el fracaso escolar o ser obligados a la segregación.

¿Cómo puede ser que no valgan en sus escuelas, mientras son premiados mundialmente? ¿Quién se equivoca?»

(Nacho Calderón)

Yo me hago la mismas preguntas que Nacho. Y, al igual que él, tampoco logro encontrar las respuestas.

La ceremonia de entrega de los galardones tendrá lugar el próximo el próximo 21 de marzo (Día Mundial del Síndrome de Down) en la sede de Naciones Unidas en Nueva York.

Lamentablemente, este premio no tiene asignada una dotación económica, así que ahora mismo resulta bastante complejo que los EXI puedan ir a recogerlo.

Pero, ¿sería o no sería grandioso verles en esa institución junto a Rubén Calleja? En la sede del organismo que ratificó que se había vulnerado el derecho a la educación (inclusiva) de este alumno español.

A Rubén y a su familia nadie podrá restituirles los años robados. Ni reponer todo el daño que este proceso les ha causado. Sin embargo, habría algo muy hermoso y sanador en esa fotografía.

Ojalá podamos hacerla realidad.

El pulso entre las dos escuelas (II)

La anécdota que narra Nacho Calderón en un momento de esta entrevista demuestra cómo tantas veces la Escuela consigue que un niño transite en ella desde la libertad al control. Desde la construcción de conocimiento a la reproducción.

Imagen en blanco y negro de unas escaleras de cemento sin barandilla. En una de las escaleras superiores se ven las piernas colgando de un niño que está allí sentado. Sólo se ve la imagen del niño del cuello para abajo.

©Imagen: Paula Verde Francisco

***Recuerdo dos momentos de la educación escolar de mi hijo que para mí fueron hitos en mi interpretación de su escolarización.

Recuerdo un día en que estaba haciendo alguna tarea de la escuela y al comprobar que el resultado que obtenía no coincidía con el del libro dijo: “El libro está equivocado”.

Ya pasado el tiempo, recuerdo otro momento en que al preguntarme cómo se hacía algo, yo le respondía y él me decía: “No, así no es como lo dice mi profesora”.

En realidad, son maneras de entender la producción de conocimiento de dos formas radicalmente diferentes. Por una parte, desde la libertad de un niño que todavía es capaz de cuestionar el saber más legitimado en la escuela (un libro). Esa posición desafiante, arrogante y cuestionadora, que es una forma de reconocer que él está construyendo su conocimiento de manera correcta. Puede que estuviera equivocado, y seguramente estaba equivocado, pero el mero de hecho de que tú puedas cuestionar lo que hay ahí enfrente, es ya educativo de por sí. 

Y la otra forma, es el asumir ya la reproducción de la escuela, que es: no sólo tengo que decir lo que me has dicho, sino que además tengo que decirlo de la manera en que me lo has dicho.

Es en el resolver esa tensión entre el control y la libertad, entre la reproducción social y la justicia social, donde se libra la batalla de la escuela. Y donde se libra también la batalla de la inclusión, que no es otra cosa que la batalla por el Derecho a la Educación.***

El pulso entre las dos escuelas

He escrito este post a partir de la entrevista a Ignacio Calderón que aparece al final del texto. No se trata de una transcripción, ni de las palabras literales de Nacho, sino de mi reelaboración de las ideas que expresa en esta conversación con Patricia Biront y Juan Bértola durante un café compartido en Buenos Aires. 

Podríamos poner el texto entreasteriscado, que es un nuevo concepto que creo haber inventado. Pero seguramente tampoco sea así y ya ha habido antes a quien se le haya ocurrido trasvasar el lenguaje hablado de otra persona a una narración escrita propia para que, en ese proceso, al autor del texto (en este caso autora) se le impregne bien el discurso y le sirva de gasolina para impulsar el buen hacer en las escuelas.

Gracias a Patricia por haberme insistido tanto tanto tanto en que escuchara la entrevista. Y gracias a Nacho por enseñarme e inspirarme siempre tanto y cuidarnos todavía más ❤️ ❤️

Retrato de Nacho Calderón realizado por Paula Verde Francisco. Aparece de cintura para arriba, vestido de negro y con el fondo blanco de una pared encalada.

Autora de la imagen: Paula Verde Francisco

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***Hay una controversia que está en el ADN de la escuela. Y es que las escuelas tienen encomendadas funciones sociales divergentes y contradictorias. Al mismo tiempo que se le pide a un docente que califique —y con ello clasifique— a los niños y a las niñas, también se le pide que logre que sean cooperativos, que sean buenas personas, que amen el conocimiento, que sean personas libres… 

Hay una tensión entre estas dos ideas.

Por una parte, se pretende lograr el control de la ciudadanía desde su infancia, conseguir hacerle pensar de una misma manera, controlar su conducta, su forma de pensar, sentir y actúar. Esa es la función encomendada a la escuela: una gran maquinaria en la que todos los días te sientas delante de alguien que te dicta las normas, que te dice lo que tienes que hacer… Y si no haces lo que se te dice, vas a tener un castigo. El castigo puede venir en forma de notas o en forma de reprimenda.

Y, por otra, está la función que tiene que ver con sublevarte, con liberarte, con aprender a cuestionar lo que pasa y transformar lo que ocurre allí. Y esas dos funciones están, lamentablemente, ligadas en la escuela. 

Sin embargo, cada docente puede poner mayor peso en una o en otra. Dependerá de su condición humana, de su formación, de la institución en la que esté, etc. Pero siempre hay una opción final y son los docentes quienes toman esa decisión. Quienes deciden si se inclinan por una función o por la otra. Son ellas y ellos quienes valoran si poner el peso en la función controladora y reproductora de la sociedad (porque controlar significa mantener lo que ya hay, el status quo, que nada cambie) o, por el contrario, optar por la libertad y la justicia social.

En un momento de la conversación, Patricia Biront apunta que a esta última opción se le suele acusar de “adoctrinar a los niños”. 

Nacho esboza una sonrisa y lanza esta pregunta: ¿Y si es la reproducción social no?

¿Cuándo es que se adoctrina a los niños? 

¿Cuando estás enseñando a los niños y a las niñas a pensar por sí mismos a partir de toda la cultura que hemos ido construyendo? Es decir, a partir de la filosofía, de la ciencia, de la literatura… de todo el conocimiento acumulado por los seres humanos a lo largo de la historia.

Sin embargo, eso no es algo acabado. Ninguno de esos creadores, de esas creadoras de la cultura universal diría “esto es algo acabado”. Si le preguntáramos a Einstein, nunca nos diría que el conocimiento que él ha creado está acabado. Tampoco Picasso o Hannah Arendt dirían “esto ya está terminado”. Pero en las escuelas, lamentablemente, tratamos el conocimiento como si fuera algo acabado. Y no debería ser así. Deberían ser espacios donde los niños y las niñas se pongan a jugar a científicos, a filósofos, a escritores… Espacios donde la infancia pueda ir reconstruyendo el conocimiento que hemos ido generando los que somos más viejos.

Por otra parte, en ese proceso en el que se intenta resolver la tensión entre el control y la libertad, entre la reproducción social y la justicia social, es también donde se libra la batalla de la inclusión, que es la batalla por el derecho a la educación. No hay otra.***

 

El programa Somos Capaces Radio puede escucharse todos los viernes de 19:00 a 20:00 (hora argentina) a través de radiomonk.com.ar  y posteriormente en su canal de YouTube.

Podéis seguirles también a través de sus redes sociales:

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Crónica de Menorca (por Antón Fontao)

El fin de semana pasado fueron las jornadas “Balears per la inclusió”, donde se proyectó el documental y hubo varias charlas.

En el documental, con su posterior coloquio, como siempre, se abrió una mesa redonda y hablamos Alejandro, Nacho y yo. Me gustó mucho estar con ellos dos, y a mí me costó creer que estuviera allí. Había mucha gente. De hecho, cuando llegamos (ya con el documental empezado), el auditorio estaba a oscuras pero aún así se veían bastantes personas. Hablamos largo y tendido, y yo creo que los tres nos compenetramos muy bien; Alejandro desde el punto jurídico, Nacho como profesional que está dentro, y yo como alumno que ha sufrido en la escuela. Además, me gustó mucho que hubiese tanta participación entre el público. Aunque era gracioso porque yo desde el escenario con los focos no veía quién hablaba.

Composición con tres fotografías de la mesa redonda a la que se alude en el texto. En las imágenes aparecen los tres ponentes mecionados. De fondo, la proyección del cartel de las jornadas donde destaca un faro.

Después estuvimos un buen rato por allí, algunos en el mismo auditorio y otros fuera, y yo en cuanto pude me fui fuera porque hacía mucho calor. Y digo que me fui en cuanto pude, porque me felicitó bastante gente y me pidieron fotos (a mí me dio bastante corte, la verdad, pero me gustó que apreciaran mi trabajo). En cuanto pude salir agradecí mucho el viento soplándome y allí estuve hablando con varias personas. En un momento dado Fátima, Lucía (adulta) y yo hablamos de la buena labor que hizo Cecilia, y Fátima nos contó que le había gustado mucho trabajar con ella. La verdad es que Fátima tiene muy buena conversación, ella y yo hablamos bastante cuando nos vemos.

Luego fuimos andando hasta un sitio donde íbamos a celebrar la jubilación de María José, una orientadora que ya se retiraba y que hizo mucho bueno.

Nuestro grupo llegamos al lugar los primeros, y los otros venían llegando. Malena agarraba el ramo de flores y Darío y yo la banda. Cuando llegó María José, se notó que eso era lo último que se esperaba y estuvo a punto de llorar.

Composición con tres imágenes de la fiesta de jubiliación de María José que captan el momento en que los chicos y chicas reciben a María José y le entregan un ramo de flores.

Después nos sentamos a comer, entonces Malena y yo estuvimos hablando durante mucho tiempo poniéndonos al día. Había dos nuevas personas en la mesa: Adriana, la hija de Susana y Fidel, que me pareció muy riquiña (tranquilos para los de fuera de Galicia, que es algo bueno, es como un ser muy tierno), y Vicent, otra persona que me caía mejor y mejor según lo iba conociendo.

Al terminar de cenar Viki, David y Raúl se levantaron a hablar con un micrófono que nos dieron. Entonces Viki entre tantas cosas bonitas, dijo algo con lo que estoy muy de acuerdo, que esta fiesta de jubilación fue mejor que si la hubiese celebrado con sus compañeros, y esto lo digo yo, que lo único que le trajeron fueron cosas negativas, como a todos los que trabajan en los centros educativos que quieren hacer las cosas como hay que hacerlas.

Sujetados con unas pinzas había unos plastificados con fotos de María José y mensajes hacia ella.

Un rato más tarde, seguimos de sobremesa y había música, no estaba muy alta, pero en un momento dado vino la policía porque un vecino la había llamado porque según él teníamos la música muy alta. Yo respeto que se quisiera ir a dormir, pero hombre, que no pretenda un viernes por la noche hacer como si fuese un día cualquiera entre semana.

Una vez terminada la fiesta decidimos irnos cada uno para la respectiva casa que nos había tocado, y llamamos a varios taxis, pero hubo uno que no nos quería llevar porque por lo visto no conocía ese sitio. A ver, nuestra casa estaba un poco apartada hacia el monte, pero yo pienso que ese es su trabajo y que lo hubiese buscado en el Google Maps.

Cuando llegamos a nuestra casa (suerte que estaba en Mahón, porque al otro grupo les había tocado en otra que estaba en Ciudadela, en la otra punta de la isla, a 45 minutos más o menos de Mahón), me pareció bastante chula, aunque eso lo pensé a la mañana siguiente, porque en ese momento era de noche.

Foto con todas las personas que se alojaron en la casa a la que se alude en el texto, posando frente a la entrada de la casa.

Luego, en una habitación en la que eran todas literas, algunos no estaban y otros ya estábamos en nuestras respectivas camas hablando un poco. Cuando Malena quiso bajarse de la litera, se quedó con las piernas suspendidas en el aire; mientras ella pedía ayuda, yo me estaba descojonando de la risa, hasta que mi madre la ayudó.

A la mañana siguiente, supongo que muchos hubiésemos agradecido dormir más tiempo, pero una furgoneta quedó en venir a recogernos a las 8, así que no nos quedó más remedio, y sobre todo si tenías que hacer cola en el baño. A mí me costó un poco subirme a la furgoneta, y Malena si se hubiese reído no hubiese pasado nada, así me la devolvía.

Al llegar me pareció bastante raro no ver a gente, estaba un sitio abierto que fue al que fuimos a desayunar, y digamos que la mujer que atendía era un poco peculiar. Me encantó la compañía y de lo que hablamos.

Pasado un tiempo, nos teníamos que ir al lugar en donde eran las jornadas. El sitio era donde hacían los plenos del Ayuntamiento y era muy chulo y muy espacioso. Empezó hablando la misma que el día anterior había dirigido el debate, siguiendo las palabras de otras personas, hasta que llegó la ponencia de Silvana que a mí me gustó mucho. A todo esto, yo no la conocía personalmente y me cayó muy bien.

Composición con dos fotografías donde aparece el autor del texto junto a Silvana Corso.

Quería comentar un vídeo que puso que me encantó y era bastante gracioso. Este trataba de un hombre que iba por distintos sitios y lo infantilizaban; por ejemplo, cuando iba a preguntar por una calle el otro le explicaba hablando muy alto, o en una tienda de ropa que en vez de hablarle la dependienta a él le hablaba a la acompañante, que me sentí muy identificado en esa escena. Es tan necesario explicarlo y a la vez tan absurdo…

Después llegó la ponencia de Joan Jordi Montaner que yo no lo conocía, y me gustó mucho, además lo hizo mezclando el humor, y muy bien. Lo que pasó es que acabando su charla, criticó al Conseller de Educación (en mi opinión me gustó mucho que hablara sin pelos en la lengua. Claro que sí, llamemos a las cosas por su nombre. Al pan, pan, y al vino, vino), allí había una de la Consellería e intervino bruscamente, diciendo que no le había gustado eso que dijo, vamos, que se lo tomó como un ataque.

Imagen de Joan Jordi Muntaner durante la conferencia a la que se alude en el texto.

Por la tarde eran los grupos de trabajo, pero antes de comer nos dieron tiempo para que cada uno propusiera sus ideas, entonces en nuestro grupo siguió un poco más el debate por lo que había dicho la mujer. Me gustó mucho cómo habló Viki, y acto seguido la de la Consellería le dijo que estaba allí para oír y escuchar.

Después, cuando íbamos a comer, Lucía (adolescente), Luz, Tere y yo, que era los que estábamos en ese grupo de debate dijimos que la de la Consellería por la tarde no iba a volver. Y así fue.

De la sesión de la tarde me gustó lo que dijeron Alejandro, Malena, Darío, Lucía, Luz y Tere; también me gustaron varias personas más, pero no sabía quiénes eran.

Luego, como el año pasado en Madrid, nos juntamos otra vez todos los grupos y salió un representante por cada grupo a hablar. Fue gracioso porque a Raúl a ratos no le funcionaba el micrófono.

Al acabar estuvimos un rato hablando en el recinto, y luego fuimos a un sitio que me pareció muy bonito. Antes de la comida (que eran una serie de pinchos como en los que dan en las bodas antes de sentarse a comer, que a mí en general me gustaron, pero me pareció poca cantidad) estuve sentado en la mesa tomando algo con Lucía (adolescente), Carmen M., con Imma, con Auri y con otra persona que no conocía.

En la cena, al aire libre, hacía bastante frío aunque se aguantaba con una chaqueta, me senté con Alejandro, Lucía (adulta), Malena y con mi madre. Fue un gusto tener a Chicote al lado como crítica gastronómica (lo digo por Lucía, jajaja).

Acto seguido fue un momento muy esperado por mí: “LA NOCHE DISCO”. Donde era, era en un sitio espectacular.

Composición formada por tres fotografías donde el autor posa con diferentes personas asistentes a las jornadas

Fue indescriptible lo que ocurrió durante todo ese tiempo.

Yo al principio estaba bailando pero no como bailo yo con naturalidad, estaba un poco tímido, pero cuando sonó “Viva la vida” de Coldplay (canción pedida por mí) y llegó Malena, bailamos mogollón toda la noche. Bailé con muchas personas.

Yo destacaría cuando sonó “Ay Mamá” de Rigoberta Bandini, que todos hicimos ese baile de andar con mucho flow.

Pero es que la guinda del pastel fue cuando sonó de última, en mi opinión a eso se le llama acabar por todo lo alto, que quedábamos los suficientes, sonó “No dudaría” de Antonio Flores, y el momento fue precioso: hicimos un pequeño círculo agarrándonos la cintura con las manos, bailando y cantando (el vídeo lo tenéis con todas las fotos acompañando a este escrito). Ese momento fue muy emotivo. Yo pienso que esa letra tiene relación con esto por lo que estamos luchando: “prometo ver la alegría y escarmentar de la experiencia, pero nunca más usar la violencia”.

El autor del texto posando en un momento de la fiesta con una chica y dos chicas adolescentes asistentes a la fiesta que menciona en los párrafos anteriores.

Llegó el domingo y fuimos a una feria de quesos que había en Mahón. Los que estábamos en ese momento estábamos viendo un poco el ambiente, entonces Nuria decidió ir por algunos puestos, y a mí me revienta dejar a alguien solo (por propia experiencia) y fui con ella. De la tanta hambre que tenía, cogí un palo de pan y lo unté con un queso que estaba fuerte. Se me mezcló el gusto por comer y el sabor del queso que no me gustó.

Para comer fue muy gracioso porque, o no había sitio para todos o no había comida en ningún restaurante, así que pedimos unas pizzas del “Telepizza” y las comimos en una plaza (yo nunca pedí en mitad de una plaza, incluso me tuve que ir porque me dio un ataque de risa, y es que porque Nacho estaba pidiendo, y a mí me pareció una situación extraña y muy graciosa: pidiendo pizzas en una plaza).

Al llegar las pizzas, como no venían cortadas, Malena fue al bar más cercano a pedir un cuchillo. Le dieron unas tijeras todas sucias, y entonces Nacho fue por las mesas de la terraza pidiendo un cuchillo a los clientes, hasta que vino con uno y pudimos cortar las pizzas y comerlas.

En cuanto a la gente, a algunos ya los conocía, y tanto, y la verdad, ¿cómo es posible que haya este tipo de gente, tan maja y tan buena? Y respecto al resto que no conocía, un poco más de lo mismo.

Quiero hacer unas menciones especiales.

Muchas gracias a Mónica Llera por organizarlo todo hasta el último día antes de ir. ¡Qué currazo!

Muchas gracias a David Gándara por ese dibujo que nos hizo a Alejandro, a Nacho y a mí durante la mesa redonda del viernes (hasta me dibujó con el párpado caído, cuidando hasta el último detalle), y por el otro dibujo que recreó a través de una foto que nos sacamos en Chicago. ¡Qué genio!

Composición donde aparecen dos imágenes de los dibujos de David González Gándara a los que se alude en el párrafo anterior.

Muchas gracias a Paula por esas fotos tan chulas que sacó, en especial a una que nos hizo a mi madre y a mí (la podréis ver en las fotos que están acompañando al texto)

Foto realizada por Paula Verde donde aparecn Antón y Carmen abrazándose

La verdad es que ese fin de semana me lo pasé muy bien y fue muy bonito.

Hasta el año que viene, mientras seguimos por nuestra cuenta yendo a sitios a hablar sobre inclusión, y que siga proyectándose el documental en muchos más lugares.

¡Seguimos!

¡Radikalicémonos! (nuevo grito de guerra creado por mí)

Día de la Independencia Radikaldesadaptada

Hoy se cumplen dos años de nuestro particular 4 de julio. Los árboles del Retiro cobijaron a una panda de Radikales Desadaptados que se juntaron para reflexionar sobre las causas de la opresión ejercida sobre sus hijos e hijas, hermanos o alumnado y tratar de encontrar una vía para que el mundo les devuelva la humanidad que se les robó nada más nacer.

Aquel encuentro forma parte del documental “Educación inclusiva. Quererla es crearla”. Una película que nos ha proporcionado enormes alegrías y que ha generado gran esperanza e ilusión. Su proyección por todo el mundo de habla hispana ha propiciado encuentros entre personas que tratan de transformar el sistema educativo. Resistentes y disidentes que saben que sólo transformando la escuela, será posible construir una sociedad donde tengan cabida todas las personas.

Cartel oficial del documental "Educación inclusiva. Quererla es crearla" ilustrada por una imagen del encuentro en el Retiro que describe el post.

El documental se sigue moviendo. Si te interesa solicitarlo para proyectarlo en tu escuela, instituto, facultad, AMPA, ayuntamiento, biblioteca, centro cultural, club de lectura, ONG, fundación, cooperativa, club, asociación vecinal, cultural, deportiva, medioambiental… puedes solicitarlo a través del siguiente formulario: ORGANIZA TU PROYECCIÓN

 

Comparto aquí mi particular making-of de aquel día 😊

Indira ya no es invisible

En el anterior post, compartía el Diario de Antón del viaje a Chicago para participar en el Congreso AERA 2023.

Detrás de una cortina y a contra luz se observa la silueta de tres personas sentadas en el suelo.

Ésta de aquí no es la imagen más bonita de la ciudad ni del congreso. Pero sí la que mejor describe lo vivido: Ana y Antón consuelan a Indira, que se ha refugiado en un rincón para asumir su tristeza por todo lo que se acaba.

Se acaba la escucha, el reconocimiento, la dignidad, el acompañamiento… para regresar a la indiferencia, el desprecio y la soledad.

Sin embargo, una vez de regreso a casa, Indira nos compartió un texto sobre todo lo vivido y sus palabras dieron la vuelta a todas esas circunstancias que yo anticipaba.

Me ha dado su permiso para publicarlo aquí 😊 

Hoy hago yo la publicación, soy Indira.

Quiero contaros lo genial que ha estado el viaje a Chicago.

Lo más bonito que me ha pasado es que he estado con mis hermanillos, que son mis amigos y les quiero muchísimo: Malena, Darío, Antón, [nombre]. También con Alejandra y con Álvaro, que son muy majos y muy graciosos.

Me lo he pasado genial con ellos y también con los mayores, que les quiero muchísimo también: Nacho, Luz, Carmen, [nombre], Ana, Floren y Teresa.

Con [nombre] me he reído mucho porque somos los dos muy vacilones y es de traca. Con Antón, que le quiero mogollón, lo he pasado genial y además va a ser presidente de los Indilovers 👏🏽 👏🏽 👏🏽

Malena es mi hermanilla y siempre me anima, le quiero hasta la luna. Y Darío es muy majo y muy buen amigo, y siempre me ayuda sin que se lo pida. Con Alejandra he jugado y Álvaro es muy gracioso.

Los mayores se han portado genial y nos hemos reído mucho todos juntos, haciendo videos de Indilovers, teatro, bailes en la calle, en el metro. Son muy graciosos todos. Con Luz me lo paso genial y además le engañé para tomar algo el primer día, le quiero mil. Y con ama como siempre, que es mi amor para toda la vida.

Al principio me daba vergüenza hablar en inglés, pero todos me han ayudado y al final ya no me daba vergüenza porque estaba con mis amigos.

También iba buscando gente para hablar en inglés y hemos explicado genial nuestro trabajo.

Los rascacielos son alucinantes y me daba miedo acercarme a la ventana del hotel pero lo conseguí, y ya no tengo miedo de eso ni de hablar cuando hay mucha gente.

Lo peor ha sido despedirme de mis amigos, y he hecho dos dramas, porque me ponía muy triste porque no me quiero separar de ellos nunca porque son los mejores amigos del mundo y les quiero mucho y les echo muchísimo de menos.

En Madrid estaba triste porque me separaba de [nombre] y [nombre], pero no hice otro drama porque estaba muy cansada y ya me dormía.

Además ya lo tengo claro y he pensado que voy aser youtuber.

En Vitoria, en el BEI, estaba una chavala de mi clase y no me dijo nada. Pero no me importa porque no soy invisible y mis amigos sí que me ven.

Chicago es muy bonito y me lo he pasado muy bien y no quería que se acabe nunca.

Os quiero a todos mucho y quiero veros ya.

 

 

Recuadro con fondo rosa donde aparece escrito con letras grises: " Aunque me echen del sistema, del activismo no me pueden echar. Y yo siempre voy a ser activista” (Indira)

Crónica de Chicago (por Antón Fontao)

El pasado 11 de abril emprendimos un viaje que nos llevó al otro lado del océano. Llevábamos las maletas cargadas de ropa de abrigo (que resultó inútil en un Chicago asfixiante) y mucha ilusión (que logramos renovar, contagiar y multiplicar).

El grupo de Estudiantes por la Inclusión (EXI) participó en el congreso de investigación educativa más importante del mundo. Chicos y chicas ignorados, excluidos y maltratados por el sistema educativo, que allí fueron escuchados por algunos de los investigadores más reconocidos por ese mismo sistema. Un sinsentido que ojalá algún día sea objeto de estudio.

Este es el diario del Congreso AERA 2023 de uno de esos chicos. Antón Fontao nos relata la emoción, la ilusión y la esperanza vividas aquellos días por quienes tuvimos la enorme suerte de acompañarles. En el congreso y en la vida.

Un grupo de personas aparece de espaldas sobre un puente de Chicago mirando hacia arriba rodeados de rascacielos

 

UN CHICAGO INCLUSIVO

(por Antón Fontao)

DÍA 1 EN CHICAGO (miércoles)

Después de estar viajando durante muchísimas horas, me levanté a las 5 de la mañana. Estoy tan acostumbrado aún al horario de allí, pero bueno, dormí ocho horas.

Nada más ducharme y vestirme bajé a donde están las cafeterías y las mesas para sentarse (que el hotel es inmenso, y yo al entrar ya dije que esto parecía un centro comercial). Mi madre bajó unos minutos después con otro compañero, y nos fuimos por los subsuelos del hotel en busca de algo para desayunar. Dimos bastantes vueltas, nos encontramos a José, el conserje, que era mejicano, así que muy bien. Hasta que llegamos a una cafetería donde compramos unos donuts, pero subimos a comerlos con el resto en donde estaban todas las mesas acompañado de un café, que tanto el donut como el café estaban muy buenos. Estuvimos un buen rato hablando hasta que estuvimos todos y entonces nos fuimos. Al salir José estaba allí y se despidió de nosotros. Me pareció muy majo.

Anduvimos, anduvimos, hasta llegar a la “Alubia”, donde ya había estado otra vez que vine a Chicago, que es como una estatua de metal con forma de alubia y se ve todo reflejado.

Después fuimos a las fuentes, donde también había estado, que hay como dos pantallas en las que se ve la cara de dos personas y de sus bocas sale una fuente. Solo que las fuentes estaban apagadas hoy. Esto lo diseñó un catalán.

Durante los siguientes minutos no paramos de caminar, hasta que nos fuimos a un sitio a comer. De primeras íbamos a ir a un italiano, pero como no había sitio nos fuimos a una hamburguesería… mejor no me preguntéis qué tal.

Al acabar de comer seguimos andando, hasta que en un banco Indira empezó a hacer un número musical, y el resto lo valoramos, como en “Got talent”. Le siguió otro número musical mío y de Malena bailando la canción “I’m still standing”. Después nos valoraron, y me hizo mucha gracia porque Nacho se puso las gafas de sol e imitó a Risto Mejide todo serio. Al acabar nuestra actuación, la que hacía de presentadora me pasó el testigo y acabé haciendo yo de presentador. Después hubo una última actuación de Indira y Noemí. La verdad es que me reí mucho en ese “Got talent” que hicimos allí en medio de Chicago.

Después seguimos y seguimos andando hasta que algunos nos fuimos a cenar al “Nando’s”, una cadena por lo visto portuguesa. Tengo que decir que fueron bastante bordes y al camarero se le veía desganado. Estábamos todos ya agotados, pero no sé qué pasó que fue empezar a hablar de un tema, nos empezamos a reír un montón, y seguimos haciéndolo hablando del ASMR, que a Luz y a mí nos relaja, y hay otras personas que les da mucha grima. Ya dije yo al salir del restaurante, que a lo tonto a lo tonto nos habíamos reído un montón. A todo esto yo pedí pollo que venía con un puré de patatas, y estaba bueno. Y Luz y mi madre se pidieron como una especie de burrito, que ya me quedó claro por las lágrimas y por el picor en los labios de Luz, que picaba la hostia. Nos reímos mucho también porque en la mesa de al lado le trajeron la guarnición después de que la señora de esa mesa ya se había marchado. Luz acabó probándola para quitarse el sabor del picante pero como estaba malo la volvió a dejar en la otra mesa.

Y hasta aquí el resumen del primer día.

DÍA 2 EN CHICAGO (jueves)

Por la mañana bajé a la primera planta a las mesas a las que íbamos todos los días a desayunar, y en una estaba sentada Luz con su portátil y con una caja de donuts del “Dunkin”, que el día anterior los habíamos probado y estaban buenísimos. Luz estaba preparando la presentación que tenía que hacer para el sábado. Luego fueron apareciendo los demás. De lo bueno que estaban los donuts, mis ojos se escaparon a la caja para ver si sobraba alguno, pero no porque quedaba uno y era para el compañero que faltaba por desayunar, y Luz me pilló mirando la caja. Después vinieron Nacho, Malena, Darío y Ana. Nacho tenía una conferencia con Mel Ainscow, que hasta ese momento no tenía ni idea de quién era, y después al saber que era alguien muy famoso en todo este mundillo de la inclusión me dio bastante vergüenza no saber de su existencia. Cuando acabaron fue cuando Nacho nos presentó a Mel.

Después mi madre y yo fuimos a hacer cola para que nos dieran nuestras acreditaciones. Iban a tardar un poquito en dárnoslas, así que nos fuimos con el resto. Una vez que nos las dieron, mi madre vino a sacarme fotos en el cartel con la acreditación puesta, y como lo llama Luz: “el postureo”.

Pasamos un buen rato allí sentados hasta que Malena, mi madre, Alejandra y yo fuimos a reservar mesa en el “Giordano’s”. No se podía reservar, pero la que estaba en la entrada hablaba español y nos dejó hacerla. Estuvimos otro buen rato esperando allí y cuando vinieron todos, vino una camarera que también hablaba español que se notaba que estaba bastante afónica y nos sentó en dos mesas. Comimos la típica pizza de allí.

Al acabar nos fuimos porque a las cuatro teníamos la presentación, que resultó ser en un rascacielos impresionante. Una vez allí una mujer nos soltó un rollo, bueno para nosotros un rollo por culpa del inglés. Fue la primera reunión de los grupos de estudiantes investigadores de secundaria que nos reunimos en el Congreso de la AERA. Éramos trece grupos: diez de Estados Unidos, dos de Canadá y el nuestro de España. Cada grupo se sentaba en una mesa redonda, se presentaba cada persona del grupo y contaban resumido de qué iba su proyecto. Nosotros también tuvimos que presentarnos y en inglés!

Después volvimos al mismo hotel en el que estábamos alojados parte de nuestro grupo porque la sesión de pósters era allí. Probamos el proyector y Nacho nos estuvo explicando  un poco lo que teníamos que contar al día siguiente, Y lo último que hicimos allí fue ir a que el grupo de San Antonio, que la mayoría hablaban español, nos contasen un poco de qué iba su proyecto.

Hubo un descanso y Malena y yo estuvimos hablando con una de las chicas de ese grupo  que se llamaba Araceli y que me pareció muy maja.

Luego fuimos a la ceremonia de inauguración que había, y como el sitio estaba lleno, nos sentamos en el suelo pero no nos dejaron, hasta que unos que estaban organizándolo trajeron más sillas y nos pudimos quedar. Hablaron dos mujeres, la primera era una de las personas del AERA, y la segunda era una indígena que por lo que me fue traduciendo mi madre me pareció bastante interesante lo que dijo. Después unos afroamericanos con los tambores nos tocaron algo típico de su cultura de origen con un baile alucinante, no había parte del cuerpo que no moviesen. Aunque lo que vino después… a mí me parece que era de otro mundo. Era un filósofo llamado Cornel West que no creo que nadie haya visto hablar a alguien tan rápido como él. Yo pensaba que en un momento dado se iba a ahogar. Oírlo hablar juro que era un flipe. Y sin un papel!

Mi madre y yo nos fuimos algo antes de que acabara y volvimos a coincidir todos en las mesas de la planta baja. Y por último fuimos a cenar mi madre y yo con Luz y una amiga suya que vive en Chicago. Se llamaba Carol y me cayó muy bien. La verdad que fue una cena muy agradable.

 

DÍA 3 EN CHICAGO (viernes)

Nos tuvimos que despertar súper pronto porque a las 7:30 comenzaba el congreso de los jóvenes, y enseguida nos fuimos al salón donde habíamos estado el día anterior. Desayunamos allí. Yo me cogí huevos revueltos (yo no soy de desayunar salado, más que nada porque bacon y huevos nada más levantarme no me entra, pero eso sí que lo había desayunado las dos veces que fui al congreso Joubert, y es una cosa suave) y unos dulces. Un rato más tarde, mientras todos seguíamos desayunando, habló Lori, la mujer que había hablado el día anterior, y también otros dos hombres, el que era hasta ahora el presidente de la AERA y el que va a ser el próximo presidente.

El último que habló me dio mucha pena pero al mismo tiempo transmitió un mensaje muy bonito, porque dijo que su madre le había tenido a él cuando tenía 18 años, que su abuela había muerto y lo tuvo que criar sola, pero que quería que él tuviera una vida diferente a la que había tenido ella. Si eres adolescente en un ambiente así tiene que ser muy duro y es difícil no meterse en líos. También dijo que él quería ayudar a los demás, para que también tuvieran oportunidades y eso me pareció muy bonito.

Después fuimos al sitio en el que habíamos estado el día anterior probando los proyectores, y como aún teníamos tiempo antes de empezar la sesión, fuimos por ahí, y me alegró mucho ver que en una mesa había unos cuantos libros, y entre esos libros estaban dos de los que escribió Nacho. Me alegré mucho y me puse muy contento porque lo quiero, es un hombre muy “güasón”, y admiro tanto. Y fue gracias a él que un buen día se le ocurrió formar un grupo llamado “Estudiantes por la inclusión” (EXI) que en la actualidad somos súper buenos amigos; que me alegré mucho y me puse muy contento, como ya dije.

Pasado ese rato dando vueltas por entre los libros que había expuestos, volvimos a nuestro proyector. Vino entre bastante y mucha gente a que les presentásemos nuestro proyecto: Mel Ainscow, profesor en la universidad de Manchester; Federico Waitoller, profesor en la universidad de Chicago aunque ahora vive en Bilbao; Valentina Migliarini, otra profesora de la universidad de Birmingham; y más gente.

Yo, después, como ya tenía cansados los pies, me fui a sentar. Allí también estaban Álvaro y Darío. Pero después fui con mi madre, Luz, Malena y Alejandra a comer. Lo hicimos en el suelo. Hasta que al acabar nos dimos cuenta de que en realidad no era la comida, sino el picoteo de media mañana. 

Después fuimos a otro zona en ese mismo lugar donde había una pequeña charla sobre el Hip-Hop. Me senté al lado de Indira y de Floren, pero como Indira iba a decir algo, Malena y yo nos cambiamos los sitios para que Floren le pudiera traducir… y también porque Indira dijo que sólo hablaría con Malena a su lado. Fue muy bonito cuando Indira minutos antes, cuando presentamos nuestro proyecto, le miraba a Malena con esa cara de admiración y de complicidad.

Al acabar la charla, volvimos a comer donde teníamos la sesión con los jóvenes y aprovechamos para seguir trabajando. Luego tuvimos libre hasta las 18:30 que a esa hora era la cena. A mí lo de cenar tan pronto no me pilló desprevenido porque en el congreso Joubert cenábamos a las 17:00, pero a Indira le flipó.

Decidimos ir a “China Town”, así que nos fuimos en metro. Cuando estábamos en la entrada, Alejandra abrió una de las puertas para entrar y pasamos todos. Sí… ¡¡¡nos colamos en el metro!!!

Yo al principio estaba normal, pero después me entró el agobio, estaba muy nervioso y tenía miedo a que nos pillaran, porque encima había dos policías con sus perros policías en el andén donde estábamos esperando el metro, y el cabrón de Nacho me ponía más nervioso porque me estaba tomando el pelo y yo en ese momento me lo estaba tomando en serio.

Al llegar, vimos parte de ese “China Town”, y después como había algunos que no habían comido, nos separamos, y yo fui con el grupo que fue a una heladería, donde era flipante ver cómo hacían los helados, porque en una placa congelada vertían un líquido, lo movían por toda la placa con unas espátulas hasta que cada vez iba tomando más forma de helado. Por último, extendían el helado ya hecho por toda la placa, y con las espátulas enrollaban cada parte de lo extendido. El tamaño de las tarrinas eran bastante grande. A mí como no me gustan los helados porque me producen una sensación muy desagradable en los dientes, me pedí un batido.

Nos reunimos con el otro grupo a la hora que habíamos quedado. Estuvimos un rato allí, hasta que nos fuimos otra vez al metro, y por mi culpa, por querer sacarme una foto, Indira, Noemí, mi madre y yo nos perdimos del resto. Mi madre estaba nerviosa por si se hubieran ido en el metro sin nosotros y en ese caso no sabíamos volver, hasta que después de unas cuantas veces mi madre y Noemí intentando contactar con los demás, le respondió Ana a mi madre y en un momento ella y Nacho nos estaban esperando fuera. Entramos, esta vez pagando, y menos mal, porque la verdad que yo no aguantaría otra ilegalidad más, hasta que finalmente llegamos a las 18:30 al sitio del congreso de los jóvenes.

En el bufet había paella y una cosa rara que no sabía lo que era, entonces decidí irme a lo seguro y cogí la paella. De postre había una especie de churros que llevaban canela (a mí me encanta la canela) y si querías le podías echar chocolate caliente por encima. No me acuerdo quién me lo dijo, pero por lo visto en EE.UU. ven de mala educación mojar algo en un líquido, como aquí lo es beber a morro de una botella.

Mientras estábamos comiendo, en nuestra mesa tuvimos una pequeña reunión para valorar todo lo vivido en Chicago. Yo entre una de las cosas que dije fue que hasta dentro de un cierto tiempo no íbamos a valorar demasiado lo de ir a ese congreso. ¡Coño! (con perdón) que Mel Ainscow estuvo viendo nuestro proyecto, que debe de ser bastante famoso en todo este mundillo.

Al acabar el congreso por ese día, cada uno se fue a su hotel, y los que estábamos en nuestro hotel (Indira, Noemí, Luz, mi madre y yo) como somos gente a la que le va la fiesta, nos fuimos a tomar la última de despedida porque Indira y Noemí se iban al día siguiente.

Fuimos al bar del hotel, que de noche estaba precioso, y nos sentamos en una mesa, pero nos dijeron que sentándonos allí nos tendríamos que ir a las 21:00 porque había menores de edad (lo que es la costumbre que yo me di por aludido, y más tarde me di cuenta de que ya tenía 18 años, aunque allí la mayoría de edad para estar en un bar son 21 años). Así que nos sentamos a tomar algo en otra mesa cerca del bar donde también nos servían y donde podíamos quedarnos hasta que nos diera la gana. Una tontería enorme la verdad.

Luz, Noemí y mi madre se pidieron una Peroni, Indira una infusión y yo una piña colada sin alcohol que estaba buenísima. Nos echamos unas buenas risas y estuvimos hablando de bastantes cosas. Entre una de las cosas graciosísimas que pasó durante esa velada fue que Indira le mandó a Luz ponerse de espaldas a nosotros (es decir, en la barandilla) para esconderle una horquilla del pelo, y entre que Indira la escondía, Luz dijo varias cosas que me parecieron muy graciosas: que “van a pensar que estoy buscando novio” o que “igual hay gente que a lo mejor me va a ver mañana dando la charla, y mañana dicen: mira, la borracha de anoche”. Fue una velada muy agradable y llena de risas, la verdad.

Y hasta aquí el día tres.

DÍA 4 EN CHICAGO (sábado)

Esa mañana tuvimos que estar a las 7:30 en la sala donde era nuestro congreso y también desayunar allí, pero no fuimos todos porque Nacho, Noemí, Tere y Floren fueron a ver a Luz, que era el día que le tocaba dar su conferencia. Como siempre, Lori Hill, la mujer que dirigía nuestro congreso, habló, pero en esa ocasión todos los que estábamos en las diferentes mesas podíamos participar. Malena se animó a hablar, y yo también lo hice un rato más tarde. En mi caso, intervine dos veces: la primera para decir todo lo que supuso el congreso para mí, y la segunda para decir que estaría genial hacer como un congreso pero con gente de diferentes países del planeta, que así podríamos enriquecernos aparte de con los proyectos, también serviría para conocer nuevas culturas e idiomas.

Después de finalizar el congreso, nos despedimos de las de San Antonio y de unas cuántas personas más.

Tras esto decidimos pasear por un parque que había cerca, pero antes tuvimos que ir a consolar a Indira que estaba llorando metida entre las cortinas y la ventana para que nadie la viera, porque se marchaba a las 12:00. Cuando ya decidió no llorar más, entonces sí que nos fuimos al parque. Era un jardín precioso rodeado de algunos de los rascacielos que había en esa ciudad, lo que lo hacía más impresionante todavía. En las fotos que nos hicimos, Ana y Malena se pusieron a imitar la técnica de mi madre al hacerlas, que es tumbada en el suelo. Paseando por allí nos encontramos con una pareja que eran españoles y que habían coincidido en el metro al llegar a Chicago con Ana, Nacho, Malena y Darío. Él hombre se llamaba Pablo Simón y por lo visto es un politólogo muy famoso en España, pero a mí no me sonaba de nada. 

Lo que hicimos a continuación fue ir hasta el hall del hotel, esperamos un rato por el resto que seguía en la conferencia de Luz, y en ese rato Ana habló con una mujer que estaba a su lado y le dijo que tenían un hijo con una discapacidad y que su marido llevaba un festival de cine inclusivo en Nueva York, así que a lo mejor en el futuro podrían proyectar allí nuestro documental.

Un rato más tarde ya vinieron todos y volvimos a estar el grupo completo, pero por poco tiempo porque como ya dije, Indira y Noemí se iban esa misma mañana. A las 12:00 tenían que coger el taxi que les llevaría hasta el aeropuerto. Indira escasos minutos antes de irse, lloró otra vez, aunque esta vez más fuerte, y a todos nos dio mucha pena.

Una vez que se fueron, no nos decidíamos qué hacer hasta que fuimos a una tienda. Allí había gorras, jerséis y más cosas, aunque yo cogí varios imanes porque tengo por costumbre comprar imanes de los sitios a los que voy. Me pareció una tremenda barbaridad lo que tuvo que pagar mi madre por unos diminutos imanes. ¡Ni que estuvieran hechos por esas piedras que son tan caras!

Como ya se estaba acercando la hora de la comida, algunos decidieron ir a un mexicano. A mí no me emociona esa comida, más que nada porque no soporto el picante, pero con lo que anduvimos para ir allí, con lo hambriento que estaba y con lo cansados que estaban mis pies, ya me comería hasta un “extra hot” de esos que pidieron Luz y mi madre la primera noche en el “Nando’s”. Pero, ¿cuál fue nuestra sorpresa al llegar?… ¡¡¡que estaba cerrado!!! En ese momento me recorrió una sensación muy rara por el cuerpo: de cagarme en todo y entre que qué bien por no comer esa comida.

Hasta que acabamos yendo otra vez a un “Giordano’s”. Fue bastante gracioso porque en un momento de la comida yo estaba tomando una limonada y Darío una Coca-Cola, y ya teníamos las bebidas casi terminadas cuando nos las rellenaron de lo mismo que estábamos tomando. Por lo visto el segundo vaso era gratis.

Al acabar de comer fuimos a “Union Station”, la estación de tren donde se rodó una escena de “Los intocables de Elliot Ness”, que es una película que yo no conocía. En ese momento no sabía muy bien de qué se trataba todo aquel “teatrillo” que estaban haciendo, pero al llegar al hotel mi madre me puso esa escena. Nacho estaba con el carrito que algunas veces utilizaba Álvaro, arrastrándolo por las escaleras al mismo tiempo en que las subía. Y luego Malena se colocó exactamente igual (o eso creo yo) que el que está tumbado con la cabeza erguida con la pistola disparando, y con el carrito muy cerca.

Luego Nacho, Luz, Malena, Ana, Darío, mi madre y yo fuimos a la Torre “Willis”; aunque mi madre no subió porque ya habíamos ido en el 2017 ella, mi padre, mi hermana y yo, y le dio vértigo y dijo que era tontería pagar para sufrir. Lo que no había cuando nosotros cuatro fuimos era un pequeño museo antes de subir, donde nos reímos mucho y que me pareció muy bueno. Había cosas tan graciosas como una recreación de la típica pizza de allí, que todo el mundo se tumbó pero yo no lo hice porque sino se me clavaban los huesos; o como también una recreación de un metro, con el paisaje pasando a los lados como si fuera la calle, con el ruido, y hasta sentías un poco el movimiento de uno de verdad. Todos nos estábamos riendo, pero la que más, que se estaba descojonando de la risa, era Luz, que casi me reí más con sus carcajadas que con el propio museo. También había como una sala con dos micrófonos, recreando el típico sitio de un bar con su escenario para hacer monólogos y cantar, y fue muy gracioso porque Luz y yo nos pusimos a cantar “Tu calorro” de Estopa.

Una vez finalizado el museo, sí que subimos en ascensor a lo alto del edificio. Eran 103 pisos, el ascensor subía dos por segundo y mientras subíamos se nos taponaban los oídos, pasamos muchísima calor y se movía bastante. Vamos, que lo pasamos muy mal en el ascensor. Pero después lo compensó todo porque había unas vistas increíbles, eso sí, los cristales estaban bastante sucios y si estuviesen limpios sería ya una pasada.

Hicimos cola para ir a la zona que a mi madre le daba vértigo, que era como unos cristales saliendo del edificio con el suelo también transparente. Fueron unos ratas, porque pudieron perfectamente darnos más tiempo, dado que éramos muchas personas, tuvimos sólo dos minutos para sacarnos fotos. Acabamos esos dos minutos acalorados de lo rápido que tuvimos que sacarnos las fotos. Total, que volvimos a hacer cola otra vez. Al agotar esos minutos también acabamos acalorados por segunda ocasión. Al bajar en ascensor se volvió a producir esa serie de sensaciones desagradables que tuvimos al subir.

Al reencontrarnos con mi madre, salimos de la Torre Willis y caminamos bastante (ya era de noche) hasta llegar otra vez al “Millenium Park”. Vimos que había un control de seguridad para entrar al parque y algunos pensaron que habría un concierto. Nacho dijo todo “happy”: “pues yo si hay cervecita y música me apunto”. Debió de ser al oírle, que una mujer, que era mexicana aunque vivía allí, nos dijo que nos fuésemos pronto al hotel, que el mes pasado habían matado a una amiga de su nuera y también a un chaval. Entonces mi madre le dijo a la señora que nosotros habíamos estado hace unos años y que no lo recordaba peligroso, y la señora le contestó que Chicago en tan sólo unos años había cambiado mucho y que por la noche aquella ciudad era otra. Al darle las gracias a la señora, que a mí ya me metió el miedo en el cuerpo, también vimos enseguida toda la calle repleta de coches policía y un helicóptero sobrevolando aquella zona. Allí me puse muy nervioso y me asusté muchísimo, así que nos fuimos hacia el hotel, y entre medias vimos a una persona persiguiendo a otra con varios policías detrás. Yo, que cada vez estaba más nervioso y asustado, quise acelerar la marcha. Se me hizo eterno el trayecto hasta el hotel, no veía el momento de llegar. Una vez que nos estábamos acercando al hotel, yo que estaba agarrado de ganchete de Nacho y Luz, me solté y corrí hacia la puerta. De lo nervioso que estaba me dio por pensar que podría haber una bomba en el hotel.

Por último, decidimos irnos al bar del hotel y cogimos algo de beber más guacamole con unos nachos para relajarnos del susto.

Al acabar, como Nacho, Ana, Malena y Darío estaban alojados en otro hotel pensaron que era mejor ir taxi que en el metro.

Y aquí acaba el día cuatro.