¿Por qué le llamamos inclusión cuando queremos decir separación, segregación y exclusión?

Este gráfico ilustra esas situaciones en las que la inclusión sigue siendo exclusión y segregación.

Representación de lo que significa inclusión, exclusión, separación e integración mediante círculos en los que se representa al grupo de personas con discapacidad mediante puntos de colores y al de personas con una funcionalidad normativa por medio de puntos verdes.

A menudo me encuentro con actividades/espectáculos/lugares con la etiqueta de “inclusivos”, pero en los que en realidad sólo participan personas nombradas por la discapacidad.

Un coro formado exclusivamente por personas en situación de discapacidad, no es “inclusivo”.

Representación de lo que significa inclusión, exclusión, separación e integración mediante círculos en los que se representa al grupo de personas con discapacidad mediante puntos de colores y al de personas con una funcionalidad normativa por medio de puntos verdes.

Un espectáculo teatral donde el público asistente son únicamente personas con diversidad funcional, no es “inclusivo”.

Representación de lo que significa inclusión, exclusión, separación e integración mediante círculos en los que se representa al grupo de personas con discapacidad mediante puntos de colores y al de personas con una funcionalidad normativa por medio de puntos verdes.

Una actividad deportiva donde el monitor es la única persona no etiquetada por la discapacidad, no es “inclusiva”.

Representación de lo que significa inclusión, exclusión, separación e integración mediante círculos en los que se representa al grupo de personas con discapacidad mediante puntos de colores y al de personas con una funcionalidad normativa por medio de puntos verdes.

Estamos llamando “inclusivas” a actividades/espectáculos/lugares que hasta hace poco les eran negados a ciertas personas. Evidentemente, menos da una piedra, pero por favor no le llamemos a eso inclusión.

Hemos pervertido el sentido de la palabra inclusión, para seguir perpetuando situaciones de opresión sin sentirnos mal por ello.

El colectivo de personas nombradas por la discapacidad constituye aproximadamente el 10% de la población. Y esa es la proporción en la que deberían estar presentes en cualquier actividad/espectáculo/lugar para que podamos llamarlo INCLUSIÓN.

La palabra INCLUSIÓN se vacía de contenido cuando nos empeñamos en utilizarla para hablar de la participación de personas nombradas por la discapacidad en contextos segregados.

Kalle Könkkölä y el Comando Tullido

Durante nuestra etapa y media del Camino de Santiago el pasado septiembre, pude compartir algunas conversaciones con Dabiz Riaño. Todas ellas, no diré inspiradoras por lo mucho que me chirría la palabra «inspiración», pero sí de alguna forma «espoleadoras». De vez en cuando, surgen intercambios de palabras o de imágenes que nos sirven de espoleta para idear acciones que reivindiquen eso que nos mueve a diario: los derechos humanos de todas las personas.

En un momento del camino (inspirados quizás por los bosques de robles que nos acogían, o más bien por todas las barreras que a los bípedos nos hubieran pasado desapercibidas de no ir acompañados por miembros del Comando Tullido), Dabiz me habló de Kalle Könkkölä. Y en concreto de una acción que llevó a cabo en el parlamento finlandés del que formaba parte. Pero no en el ámbito legislativo, como cabría esperar, sino en sus cuartos de baño.

Primer plano de Kalle Könkkölä

Kalle Könkkölä

Kalle Könkkölä fue un activista del movimiento socio-ecológico en los 70. Fue uno de los fundadores de la Threshold Association, que reivindicaba los derechos de las personas nombradas por la discapacidad, y de Helsinki Movement, organización pionera en el movimiento ecologista.

En 1983 se convirtió en el primer diputado verde de Finlandia y también en el primer miembro de su parlamento con diversidad funcional. Inicialmente el parlamento finlandés le denegó la asistencia personal que necesitaba para llevar a cabo su trabajo político y llegó a pedirle que se trasladara a una residencia. Könkkölä denunció esta reacción paternalista y discriminatoria y ganó su demanda, ayudando a sentar un importante precedente en su país.

Buscando información sobre este activista del que Dabiz ya me había hablado en otras ocasiones, me sorprendió leer sobre lo revolucionario y anticipado de su pensamiento polìtico. Aunó las reivindicaciones del movimiento de vida independiente y las del activismo ecológico. Un ejemplo: Könkkölä defendía un planeamiento urbanístico desde la perspectiva de la accesibilidad universal y en contra de la hegemonía de los coches (que ya entonces eran prioritarios y se situaban por delante de las necesidades habitacionales o de la calidad de vida). Cuarenta años después, sus ideas siguen siendo innovadoras y revolucionarias. Desgraciadamente.

Fotografía de Kalle Könkkölä en el parlamento finlandés en 1983

Kalle Könkkölä en el parlamento finlandés en 1983

Pero a lo que íbamos: a los baños del Parlamento de Finlandia. Dabiz me contó que cuando Kalle fue elegido diputado, los baños no eran accesibles y lo primero que hizo fue solicitar su reforma. Entonces le dijeron que, vale, que los diseñara como él quisiera —se verían venir una nueva demanda—. Y así lo hizo. Y entre otras indicaciones, pidió que midieran como máximo 1,70 de alto, medida que se ajustaba perfectamente a sus necesidades. ¿Qué pasó? Pues lo que cabría esperar, que golpeó al resto de sus compañeros diputados donde más les dolía: en la cabeza. De forma física (dada la estatura del finlandés medio) y moral. ¡Me pareció una genialidad!

Dabiz y su Comando Tullido también han llevado a cabo genialidades por el estilo. Uno de sus propósitos es recogerlas en un proyecto audiovisual que ojalá podamos ver pronto. Mientras, os recomiendo mucho mucho muchísimo su documental 7 lagos, 7 vidas. Podéis verlo en Vimeo, Movistar y Filmin. Hacedme caso porque es una maravilla.

 

ALGUNAS ACCIONES DEL COMANDO TULLIDO

Don Quijote y Sancho se topan con el escalón de la Catedral de Alcalá: enlace

Truco o trato: enlace

Viva la rampa: enlace

Los Reyes Magos: enlace

El árbol de Paco: enlace

 

Molinete y la gota malaya

Prácticamente todas mis compañeras de viaje, madres de niñas y niños que no encajan en lo estándar (si tal cosa existe), coinciden en que la soledad, el aislamiento y la invisibilidad de nuestros hijos e hijas se inicia con el paso a primaria y se agudiza según van ascendiendo cursos y cumpliendo años, hasta explosionar en la adolescencia.

Nuestras experiencias parecen demostrar que los seres humanos nacemos incapaces de apreciar las diferencias. Lo que explica que en sus primeros años de vida los niños y las niñas abracen la diversidad porque, sencillamente, no la ven. Es el entorno cultural el que interviene, cual gota malaya, hasta lograr que empiecen a hacerlo.

Entonces, quizás la clave estaría realmente en no enseñarles.

No enseñar a rechazar, a excluir, a marginar.

Somos nosotras, las personas adultas, quienes deberíamos aprender de la infancia hasta acabar con esa dinámica aprendida —que casi es tan antigua como la humanidad— y que establece quién cabe y quién debe ser expulsado.

Esta es la ficha que unos niños y niñas de 2º de Primaria llevaron a casa deberes este fin de semana. Ella y sus compañeras y compañeros de clase cumplen 8 años a lo largo de 2024.

MOLINETE
Todo el mundo decía que Molinete era un niño tonto; ni más ni menos.
De esos que van por la calle mirándolo todo con la boca abierta.
De esos.
Y de los que tropiezan cada dos por tres y se caen en las tapias.
¡Ay! Ay! ¡Que me he caido!
Y de los que llegan los últimos en las carreras y encima protestan.
¡No vale! ¡No vale!
Y de los que siempre pierden; pierden el bolígrafo, el cuaderno, la bufanda y el jersey. Uno de esos era Molinete.
Como sería que, una vez hasta se ensució los pantalones en clase porque no se atrevió a pedir permiso a la señorita para ir al cuarto de baño. ¡Qué vergüenza pasó Molinete!
Y todavía fue peor cuando llegó a casa y vió la cara que puso su padre.
Porque Molinete además de tímido era un miedoso.
Le daban miedo los hombres bajitos.
Le daban miedo los cocodrilos.
Le daban miedo los sueños.
Le daban miedo las cajas cerradas.
Le daba miedo hasta su padre.
Se comprende que Molinete tuviera muy pocos amigos; porque a nadie le gusta tener un amigo tan soso. Algunos chicos se burlaban de él en los recreos y le hacían versos: Molinete fue a por coles y se trajo caracoles.

Transcribo el texto del ejercicio de lectura de la ficha:

MOLINETE

Todo el mundo decía que Molinete era un niño tonto; ni más ni menos.

De esos que van por la calle mirándolo todo con la boca abierta.

De esos.

Y de los que tropiezan cada dos por tres y se caen en las tapias.

¡Ay! Ay! ¡Que me he caido!

Y de los que llegan los últimos en las carreras y encima protestan.

¡No vale! ¡No vale!

Y de los que siempre pierden; pierden el bolígrafo, el cuaderno, la bufanda y el jersey. Uno de esos era Molinete.

Como sería que una vez hasta se ensució los pantalones en clase porque no se atrevió a pedir permiso a la señorita para ir al cuarto de baño. ¡Qué vergüenza pasó Molinete!

Y todavía fue peor cuando llegó a casa y vió la cara que puso su padre.

Porque Molinete además de tímido era un miedoso.

Le daban miedo los hombres bajitos.

Le daban miedo los cocodrilos.

Le daban miedo los sueños.

Le daban miedo las cajas cerradas.

Le daba miedo hasta su padre.

Se comprende que Molinete tuviera muy pocos amigos; porque a nadie le gusta tener un amigo tan soso.

Algunos chicos se burlaban de él en los recreos y le hacían versos: «Molinete fue a por coles y se trajo caracoles».

Para quien piense que habría que saber el contexto de ese ejercicio. Bien, el contexto es que no hay más contexto. Aquí las preguntas que deben responder los niños y niñas de esa clase sobre la lectura de ese texto:

Preguntas que incluye el ejercicio a la lectura del texto de Molinete

 

Por lo visto Molinete era una lectura muy popular en las clases de Primaria en los 80. Quizás eso explique que la maestra de Lola haya asumido esta lectura como algo correcto, apropiado para realizar un ejercicio de puntuación y hasta divertido. Pero no lo es. No es nada de eso. Es incorrecto, inapropiado y no debería tener la menor gracia.

Como sería que, una vez hasta se ensució los pantalones en clase porque no se atrevió a pedir permiso a la señorita para ir al cuarto de baño. ¡Qué vergüenza pasó Molinete!

¿En qué momento la humanidad decidió que deberíamos abochornarnos por la orina, la materia fecal o la menstruación? ¿En qué momento lo escatológico se convirtió en motivo de mofa y repulsión? ¿Por qué no ocurre lo mismo con la sangre, por ejemplo? Quizás porque se alentaba a que la derramaran “los valientes” en los campos de batalla. 

Los adultos que rodean a Molinete y sus compañeros deberían explicarles que ninguna persona (ni bebé, ni joven, ni anciana) debería avergonzarse de sus desechos corporales. Y que para muchas personas, por sus características, no es algo que dependa de la voluntad o sea controlable.

Se comprende que Molinete tuviera muy pocos amigos; porque a nadie le gusta tener un amigo tan soso.

Algunos chicos se burlaban de él en los recreos y le hacían versos.

Luego nos sorprenden los insultos en los pasillos, la soledad en los patios, la infelicidad de nuestros hijos en la escuela… Esta ficha me confirma una vez más, que somos los adultos quienes nos empeñamos y empeñamos hasta conseguir que las niñas y los niños acaben viendo ciertas características de otros como algo a despreciar. 

Esta lectura no es algo inocuo. Es un elemento más de esa gota malaya que les va calando poco a poco y a la que contribuimos todos los que intervenimos en su formación: madres, padres, abuelas, tíos, la vecina del quinto, el conductor del autobús, la camarera, el monitor del comedor, la profe de teatro… Todos y todas. Todos los días.

Algunas veces, el mundo sería un lugar mucho más amable si no enseñáramos a la infancia. Si simplemente les dejáramos en paz.

Un grupo de niños de infantil participando en una carrera. Todos llevan las mismas camisetas de color naranja chillón. Uno de ellos participa en su silla de ruedas y es la profesora quien la empuja. Todos se sitúan en torno a la silla. Porque el objetivo no es llegar el primero, sino llegar todos juntos.

Prohibir en lugar de Educar

Durante los cursos que mi hijo estuvo en el instituto, casi siempre asomaba por el chat de wasap de la familia a la hora del recreo. No sé si al resto se les rompía el corazón tanto como a mí por la soledad que evidenciaba, pero el caso es que, sin necesidad de ponernos de acuerdo, siempre había alguien al otro lado para él a esa hora: su padre, su tía, su hermana, su tío… 

El último año que pasó allí, el centro prohibió el uso de móviles. También en el recreo. No se tomó ninguna otra medida, ni se ofrecieron alternativas para el momento patio. Única y exclusivamente la prohibición.

Aquel curso Antón estuvo más solo que nunca. Ya no tenía siquiera a quienes le acompañábamos en la distancia. Ni se podía refugiar en sus vídeos de youtube o sus canciones de Spotify.

Con esto no quiero decir que no deba regularse el uso de móviles en los centros educativos. Lo que intento expresar es que la solución no es prohibir y dejar que el peso de esa socialización recaiga sólo en el alumnado. Por no hablar de que quizás lo que tendríamos que hacer los adultos sería enseñarles a cómo usar esos dispositivos. Como siempre, atajamos por el camino más rápido que nunca suele ser el más eficaz.

Señal que advierte a los conductores de la presencia de un colegio donde se ha tachado la palabra COLEGIO y se ha escrito encima CÁRCEL

Excluidos, silenciados y ridiculizados

ESTIGMATIZADOS

Asumir que las personas nombradas por la discapacidad o ancianas no saben qué quieren o desean y que deben tomarse las decisiones por ellas sin preguntarles o explorar todas la vías para consultarles, es estigmatizarlas.

INFANTILIZADOS

Dirigirse a un adulto con discapacidad o a una persona anciana con diminutivos, hablarles en el tono que utilizamos para los bebés, no consultarles sobre qué ropa quieren ponerse, qué actividad quieren realizar o por dónde desean moverse (sobre qué preferirían comer, ya ni hablamos), es infantilizarles.

SILENCIADOS

No atender la demanda de un usuario que insiste cada día en que quiere incorporarse a las 15:00 y no a las 18.00 como le imponen, es silenciarle. Y además, es carcelario.

MALTRATADOS

Reducir los horarios de visita a las 11:00 am y las 18:00 pm, situar en el centro las necesidades organizativas de una institución en lugar del bienestar y los derechos de los residentes, es maltrato. Y además, es carcelario.

RIDICULIZADOS

Organizar la visita de los Reyes Magos en una residencia o plantarles dibujos de Peppa Pig para colorear, es ridiculizarles hasta tal extremo, que no cabe en mi cabeza que nadie entre los responsables políticos o gestores de esos lugares sea capaz de verlo. Me pone los pelos de punta y me hace preguntarme en manos de quién tenemos a las personas más vulnerables de nuestra sociedad. ¿Cuántas situaciones no públicas estarán viviendo al otro lado de esas puertas cerradas a cal y canto?

Algún día, muchos de nosotros también acabaremos en ese lado.

Fuente del vídeo: @erkudentxo

Gabinete X: Retrato de ¿mi? generación

Mis hijos se empeñan en llamarme boomer. No es que me importe en realidad, pero me confunde porque Kurt Cobain, el icono de la Generación X, nació antes que yo.

— Pero eso es para Estados Unidos. Los de tu generación en España aún sois boomers— contraargumenta mi heredera.

— Vale, ¿entonces cómo es que Nuria Pérez, que debe ser de mi quinta, se considera Generación X?

— Porque ella se fue muy joven a vivir fuera — siempre tiene el as para matarme el tres, la tíacabrona.

Nuria Pérez, escritora, podcastera y comunicadora, ha escrito Gabinete X, un libro sobre esa generación que ha sido el último en caer en mis manos en 2023. 

Las referencias de su infancia y primera adolescencia podría haberlas escrito yo perfectamente. Sus series, películas, canciones, meriendas, juguetes, golosinas, descampados… eran también los míos.

Sin embargo, hay otras que me han hecho tener que leer el libro con el móvil en la mano para poder consultarlas, porque me resultaban ajenas. Según iba avanzando en su adolescencia, quitando Linklater, John Hughes (desgasté el vídeo de El club de los cinco) y algo más, muchos de sus recuerdos se me hacían extraños. He tenido que buscar en YouTube la canción que ella considera el himno de esa generación y cuyo título ni me sonaba: “Smells like teen spirit”. Me he quedado anonadada al ver que llevaba… ¡1.780 millones de visualizaciones!! He contado y recontado las cifras varias veces porque no daba crédito.

Así que, al final va a tener razón mi primogénita y resulta que los de mi quinta en este país vamos a ser boomers tardíos. BoomeX.

Esta autora ni siquiera menciona a Hombres G, Miguel Bosé o Mecano. Tampoco es que el pop español fuera santo de mi devoción. Ni Dire Straits o Genesis, que flipaban a mis amigos y a mí me horrorizaban. Eran las canciones de Wham! y Bananarama las que me hacían saltar disparada a la pista del Gwendo (referencia sólo válida para adolescentes algorteños de los 80). Así que puede que sea yo la que no encaje en ninguna de las categorías asignadas a mi época. O que pertenezca a algún subtipo frívolo de la Generación X 😊 

Nuria Pérez es la creadora del mejor pódcast en español de todos los tiempos: Gabinete de curiosidades. Si no lo has escuchado, no sabes lo que te estás perdiendo. Palabra 🤚🏽

2023 caracteres para recordar 2023

El protagonista de este año ha sido el documental. Con una gira que nos ha llevado de bolos por Sada, Taboada, Escairón, Melide, Vigo, Santiago, Coruña, Ourense, Málaga, Córdoba, Alcalá de Henares, Mahón…

A principios de febrero Antón nos mandó un wasap desde el bus explicando lo infeliz que era en sus nuevos estudios y comunicándonos su decisión de abandonarlos. 

Abril nos dio un poco de luz con Chus. Con ella compartimos un café con vistas al Atlántico donde surgió un proyecto precioso que ha ido gestándose desde entonces y va tomando cuerpo. Acabamos el mes cruzando ese mismo océano y aterrizando en Chicago para vivir una de las experiencias más extraordinarias de nuestras vidas.

Intenté quedar con Sue varias veces y en mayo, por fin, lo conseguimos. Volví de Ferrol con el corazón calentito y varias puertas con el cartel de “salida mínimamente decente para Antón”. Ese mismo mes, tuve una conversación con Selma donde me planteó una opción de vida para Antón que en octubre se convirtió en realidad. No me va a llegar la vida para agradecérselo, porque parece que, al fin, está en el lugar que realmente le merece.

En junio pasé cinco días horribles por culpa de un sms que me informaba de que tenía que realizar “un estudio complementario” debido al resultado de una mamografía. Fueron los días más largos del año.

En agosto disfruté como cada verano de mi familia entre poteos, churrascadas y verbeneos.

En septiembre hicimos etapa y media del Camino de Santiago con Dabiz y su troupe y pudimos vivir con ellos la entrada triunfal en el Obradoiro. Me atrevería a afirmar que la más triunfal de la de los 445.827 peregrinos que este año han completado el Camino.

He bajado dos veces a Madrid y bailado cuatro con los Gin Toni’s. Me han estafado tres operadoras telefónicas y el coche me ha dejado tirada dos veces. He dado cinco charlas y asistido a cuatro jornadas. He leído veintitantos libros y celebrado treinta y seis años de vida con mi crush.

Este año he pasado más días en Taboada que en Sada. Y ni tan mal.

2023 caracteres para recordar 2023.

 

Feel the moment its a present Carmen

Subnormales: ayúdenos a hacerlos felices

Portada de un calendario antiguo con el dibujo de un niño sobre el que aparece resaltada la palabra SUBNORMALES. Pueden leerse también estos textos: ASPAPROS. Asociación Protectora de Subnormales // Ayúdenos a hacerlos felices // Feliz año 1976 // Una buena acción en favor de un subnormal // Ejemplar 100 pesetas.

Este calendario es real. Los adultos de mi infancia normalizaron estos productos. A muchos de los de ahora nos sangran los ojos viéndolo.

Quizás hayamos superado estas formas, sin embargo, el fondo de estas iniciativas sigue siendo el mismo: pensar que determinadas personas son objetos de caridad y no sujetos de derechos.

Sigo encontrándomelos cada año por estas fechas y, de entre las imágenes de todos esos niños-ángel o niños perpetuos (a pesar de sus treinta, cuarenta o cincuenta años), escucho lo mismo que lanzaban las de 1976: pena, caridad, lástima… 

Cada vez que afeo a alguien que utilice la palabra subnormal como insulto (sólo me atrevo a hacerlo con quien tengo confianza y siento aprecio) siempre, siempre, siempre me responden lo mismo: que no lo hacen pensando en personas con discapacidad. Y seguro que es cierto. Pero ese insulto, venir viene de ahí. Porque esa era no hace tantos años la denominación oficial y hasta médica del colectivo. Y, precisamente porque hacía referencia a esas personas, es por lo que se acabó convirtiendo en insulto. Lo mismo que retrasado o mongol*.

Así que, cada vez que sueltas un subnormal, estás contribuyendo a la estigmatización y deshumanización de un grupo de personas que, le pese a quien le pese, son tan humanas y normales como tú.

~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~

*Hace algunas semanas, una política le llamó mongola a otra en la Asamblea de Madrid. La que recibió el insulto días después llamó hijodep**a al presidente del gobierno y se lió. A la que dijo lo de mongola la han convertido en ministra de Sanidad. El capacitismo y la discafobia de la izquierda es tan atroz como el de la derecha.

Lecturas que habría lamentado perderme en 2023

Le he copiado a (mi idolatrado) Enric González el título de los posts que, cada año y por estas fechas, publica en Jot Down. Los que yo incluyo no se han publicado este año en realidad, pero ha sido en 2023 cuando yo los he disfrutado.

La familia de Sara Mesa

Todos los libros de Sara Mesa merecen ser leídos. Todos te pegan un revolcón emocional para el que no siempre se está preparada. Así que leedla, pero con cuidado y cuando se pueda.

Miedo torero de Pedro Lemebel

Algunas de las reseñas sobre este libro dicen que es una historia de amor en el Santiago de la última dictadura chilena. Otras, que trata sobre el atentado frustrado contra Pinochet en 1986. La mía diría que habla del alma de un hombre profundamente bueno. Y que lo es a pesar de la burla, el maltrato, el escarnio, la crueldad que sufre por amar en la acera de enfrente.

El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince

Héctor Abad Gómez es el protagonista de este libro y el padre de su autor. Otro hombre profundamente bueno al que también la bondad lleva a la muerte. Su hijo (lo) escribe para que no le olvidemos.

Miss Marte de Manuel Jabois

Me gusta todo lo que escribe este hombre. A mis amigas también les encanta este señor y el día que lo descubrimos se convirtió en protagonista de nuestro chat de wasap (la conversación no sólo versó entorno a lo estrictamente literario). Sin embargo dicen que Miss Marte no les ha gustado. Lo que me convierte en ganadora de este club espontáneo de Jaboisers, porque a mí me ha encantado. Ojalá haya sido lo suficientemente buena como para que los Reyes me traigan lo último que ha publicado.

En la boca del lobo de Elvira Lindo

De Elvira Lindo también me gusta todo lo que publica. Esta es su última novela pero no sé cómo hablar sobre ella sin destriparla, así que resumo mi reseña en cinco palabras: fiaros de mí y leedla.

La hora violeta de Sergio del Molino

Decía Manuel Rivas a propósito de Julia (de Toni Martínez): «Julia es como Scherezade: cuenta historias para vencer la muerte.» Sergio del Molino hace lo mismo en este libro. En esa hora violeta que para Joan Didion era azul y para Francisco Umbral rosa. Pablo, Julia, Quintana, Pincho… Ojalá nunca ningún padre ni ninguna madre tuviera que vivir alguna de estas horas de colores.

Memorias líquidas de Enric González

Hace años compraba todos los domingos el periódico en el que el autor de este libro escribía su columna semanal. Cada domingo seguía el mismo ritual: madrugaba, bajaba al kiosko y buscaba una cafetería donde abrirlo tranquila hacia la mitad, por el suplemento dominical. Y lo primero que leía eran las columnas de Enric González y Elvira Lindo, que solían ser vecinos de página.

Aunque ahora esto resulte increíble hasta para mí misma, estiraba ese periódico durante toda la semana. Cada mañana acompañaba mis dos cafés con leche de alguno de los artículos atemporales que se publicaban entonces. Sus autores todavía recibían tiempo y dinero suficientes para hacer eso: periodismo. 

Después llegó la época de los datos ilimitados en el móvil o en el ipad y cambió mi forma (y la de tanta gente) de leer el periódico: ya no elegimos uno solo, sino una docena de cabeceras. Nos desplazamos de forma compulsiva por la pantalla leyendo tropecientos titulares, para acabar abriendo precisamente la noticia más chorra, porque nos la han vuelto a colar con el clickbait.

La culpa de este cambio de hábitos no la tuvo sólo el abaratamiento de los gigas en los dispositivos móviles. Fue también responsabilidad de los propietarios de los grandes medios, que decidieron regalar la información. Y echaron así más leña a ese fuego donde no se le da el menor valor económico a la producción intelectual. Las llamaradas han alcanzado ahora niveles estratosféricos. Intuyo que sus empresas (y especialmente ellos) no vivían tanto de la facturación de sus diarios, como de las desinformaciones pagadas que nos colaban en las portadas. Las “memorias líquidas” de Enric han venido a confirmar mis sospechas. Es una pena que sean tan breves, porque sólo asoma la punta del iceberg del backstage del periodismo de este país en las últimas décadas.

De su vida personal muestra aún menos que esa punta. Otra pena, porque seguro que sus memorias personales son todavía más fascinantes que las de periodista y corresponsal. Las he completado en cierta forma a través de sus Historias de Roma y Londres (tengo pendientes las de Nueva York).

Enric también vivió su hora violeta. O azul. O rosa. Pero a diferencia de Toni Martínez, Umbral, Didion, del Molino o Isabel Allende, él ha no ha sabido, no ha querido o no ha podido contarlo.

Los astronautas de Laura Ferrero

Cuando estaba en 6º de EGB, llegó una niña nueva a nuestra clase. Tenía una de las miradas más tristes que yo me había encontrado. Un día nos enteramos de que sus padres estaban separados. Fue la primera niña en esta situación que yo conocí. Me impactó tanto como si me hubiesen dicho que su padre hubiera muerto en un accidente de tráfico o su madre de cáncer. Tanto, que por eso todavía hoy la recuerdo. Con 11 años no imaginaba nada peor que no convivir con mi padre (en aquella época la custodia compartida no tenía ni nombre).

Laura Ferrero construye esta novela precisamente a partir de sus recuerdos de hija de padres divorciados en una época en la que resultaba excepcional serlo.

Supersaurio de Meryem El Mehdati

Y Meryem (o Miriam, Marian, Merien… tiene un archivo de notas en su móvil con todas las variantes que ha escuchado de su nombre) construye la suya desde su experiencia como hija de migrantes norteafricanos, musulmana, millennial y con un McJob. Y lo que resulta más increíble es que lo hace desde el humor, que es seguramente la forma más efectiva de golpear a los jefes incompetentes, a los malos compañeros y al tardocapitalismodeloscojones.

Gabinete X de Nuria Pérez

Como este es mi último libro del año y el que más fresco tengo, me apetece dedicarle un post específico. Coming soon 😜 

 

Fotografía en blanco y negro tomada en la librería Holland House de Londres en septiembre de 1940. Un bombardeo alemán la había destruido la noche anterior y, sin embargo, había dejado intactas las paredes con las estanterías repletas de libros perfectamente ordenados. La imagen muestra a tres hombres elegantemente vestidos curioseando entre los estantes.

 

📸 Descripción de la imagen: 

Fotografía en blanco y negro tomada en la librería Holland House de Londres en septiembre de 1940. Un bombardeo alemán la había destruido la noche anterior y, sin embargo, había dejado intactas las paredes con las estanterías repletas de libros perfectamente ordenados. La imagen muestra a tres hombres elegantemente vestidos curioseando entre los estantes.

Propiedad: Royal Commission on the Historical Monuments of England (RCHME).

20.000 especies de abejas

Hace algunos meses, mi amiga Indira me dijo: “Carmen, tienes que ver ‘20.000 especies de abejas’. Hazme caso.” 

Pero me despisté, se me olvidó o lo que fuera, y resulta que no le hice caso a Indira.

Desde que hace ya un par de semanas se hicieran públicas las candidaturas a los Goya, tengo a mi hijo dándome la tabarra:

“Mamá, tenemos que ver 20.000 especies de abejas.”

“¿Cuándo vamos a ver 20.000 especies de abejas?”

“De este fin de semana no pasa que vemos 20.000 especies de abejas.”

Hoy, por fin, la hemos visto.

Qué preciosa historia.

Me ha parecido que trata, especialmente, sobre las fronteras.

~ ~ ~ ~ ~ 

Cuando Antón empezó a estudiar cuestiones de geografía política en los primeros cursos de Primaria, me costó un mundo hacerle entender lo que eran las fronteras. Mirábamos juntos el mapa del territorio español y trazaba una línea con mi dedo desde Galicia hasta Euskadi, para que identificara los distintos ayuntamientos, provincias y comunidades que atravesábamos cuando hacíamos ese trayecto por Navidad. Pero él insistía en saber en qué parte precisa del camino estaban esas líneas (casi siempre negras) que separaban Asturias de Cantabria, Santander de Vizcaya o Getxo de Berango.

¿Cómo iba a entender algo que en realidad no existe?. Que hemos creado nosotros. Hemos creado todo tipo de fronteras y fronteras para todo.

~ ~ ~ ~ ~

A ciertas personas incluso les asignamos prefijos para especificar en qué dirección las cruzan, para señalar que las transitan, o para indicar que las descienden.

In(migrante) / Trans(género) / Sub(normal)

Cada vez tengo más claro que la realidad de una persona es la que es y que somos los demás los que debemos transformarnos para verla. Somos el resto quienes en realidad debemos cruzar esas fronteras. La frontera de los prejuicios, la de la norma, la de lo convencional, la del qué-dirán…

Gracias, Indi. Gracias, Antón. Por empujarme hacia esta historia.

Y gracias, sobre todo, por resistiros a ser lo que otros habían decidido que debíais ser. Gracias por obligarnos al resto a transformarnos para poder ver lo que realmente sois.

~ ~ ~ ~ ~

No, la peli no cuenta la historia de ninguna persona nombrada por la discapacidad, aunque lo parezca por este post. O en realidad, sí. Porque va de ser quien uno es. Aunque el resto del mundo se empeñe en no dejarte.

No hagáis como yo y vedla en cuanto podáis. Hoy. Ahora. Ya.

Un adolescente abrazando a su abuela.

A Antón sigue costándole ver las fronteras. Afortunadamente. Y yo tengo la suerte de verlas cada vez más difuminadas gracias a él.

En la foto, junto a otra persona que siempre ha tenido dificultades para identificarlas.

#20000EspeciesDeAbejas

CON-VIVENCIA

Estoy en el banco. Cuando empecé a venir a esta sucursal había cuatro ventanillas. La última vez, como hace un mes, habían cerrado una. Hoy lo han reducido a dos. Una, en realidad. Porque en la ventanilla de la derecha hay un cartel que la hace exclusiva para “empresas”.

En la única ventanilla que queda de cara a los mortales están atendiendo a un señor que se desplaza en silla de ruedas. Es una silla motorizada. Las características de una silla reflejan la funcionalidad y autonomía de su usuario. Así que busco entre las personas de alrededor quién podría ser el apoyo/asistente/acompañante del señor. No sé por qué (quizás porque sea la que se encuentra más próxima a él) intuyo que es una señora sentada junto a su carrito de la compra. Pero no, suena el número del siguiente cliente y veo cómo la señora se acerca a la ventanilla.

La puerta del banco no es de apertura automática, ni cuenta con ningún mecanismo que permita accionarla de forma autónoma desde una silla de ruedas. Pienso que el empleado que lo está atendiendo se ofrecerá a abrírsela o le pedirá que lo haga a alguno de los compañeros distribuidos en diversas mesas en la zona exterior de las ventanillas (cuento como cinco o seis por la sucursal). Pero no ocurre ninguna de las dos cosas.

Tampoco ninguno entre el resto de clientes que está aguardando su turno parece detectar la situación. Así que me dirijo a la puerta para abrírsela. El señor me pide que por favor le acerque un paraguas que ha dejado tirado en una esquina y si soy capaz de cerrárselo, porque él antes no ha podido. Le cierro el paraguas, le abro la puerta y le veo salir. Me pregunto cuántas más acciones relativamente sencillas como ésta se va a encontrar hasta que acabe su día. Cuántos “favores” tendrá que pedir a extraños. Cuántas limitaciones que podrían estar solventadas, como que una entidad (que a final de año expondrá en su cuenta de beneficios los millones que han ganado sus inversores) no sea capaz de instalar en sus oficinas mecanismos que faciliten la vida de un porcentaje de sus clientes. Son clientes que no cuentan. Que no existen. Que dan igual.

Este no es un texto para expresar qué mala gente son los empleados y los clientes del banco y lo buena persona que soy yo. No soy ni mejor ni peor que ellos. La única diferencia es mi realidad de los últimos diecinueve años. Ha sido mi convivencia con el colectivo de personas en situación de discapacidad la que me ha hecho ser capaz de detectar ciertas situaciones, analizar los apoyos que requieren y solventarlos si está en mi mano.

Simplemente eso. La con-vivencia.

Una con-vivencia que en mi caso no llegó hasta convertirme en madre. Una con-vivencia que debería iniciarse al principio del camino. Desde la escuela.

Hoy es 3 de diciembre. Y mañana 4.

#NadaQueCelebrar 

Imagen donde se ve de espaldas a un chico y una chica sentados en un columpio.

Estudiantes por la Inclusión premiados por Down Syndrome International Awards

El grupo de Estudiantes por la inclusión (EXI) ha sido galardonado con uno de los cinco World Down Syndrome Awards. Son unos premios que se conceden a nivel mundial por Down Syndrome International (DSi), una red mundial de personas con Síndrome de Down y sus familias.

Este año eran 200 las candidaturas que concurrían y el grupo de los EXI ha sido galardonado en la categoría de «Autorrepresentación” y en relación a la educación inclusiva.

Desde Quererla es crearla estamos especialmente emocionados por este nuevo reconocimiento a Estudiantes por la inclusión. Y es que, a pesar de ser un premio otorgado por una entidad vinculada al Síndrome de Down, le ha sido concedido a un grupo que no está conformado únicamente por personas con esta característica. Y ni siquiera por personas nombradas por la discapacidad. Si algo caracteriza a este grupo de chicos y chicas es, precisamente, su diversidad. Se trata de un grupo en el que intersectan un buen número de diferencias relacionadas con la desventaja en las escuelas: la clase social, el origen migrante, la orientación sexual, la ruralidad, la etnia, las capacidades, la situación de salud, las identidades de género…

A raíz de hacerse público el premio, escribía Antón:

Para mí es un orgullo formar parte de los EXI y que se nos reconozca, tanto que llevamos dos premios conseguidos, a ámbito internacional (que es una locura) y yendo a tantos sitios a hablar.

Yo el día que me dieron esta noticia me puse a gritar de emoción (y me contuve bastante, dado el lugar en el que estaba) y no me lo podía creer. De hecho, a veces pienso que es un sueño. Ya de por sí este premio es increíble, y es que sólo de imaginar que a lo mejor vamos a recogerlo a la ONU… Ains.

La ONU, una organización que le dio la razón a nuestro amigo Rubén y sentenció que España viola el derecho a una educación inclusiva.

Me enorgullece que nos den este premio al lado de mis queridos EXI. Además, de nuestros padrinos de este grupo Nacho Calderón y Luz Mojtar.

Me acuerdo de la primera reunión que tuvimos, todos íbamos muy o un poco obligados, sin saber muy bien qué hacíamos allí, encendiendo y apagando la cámara y dudando si hablar o no. Llegando así al final de la reunión, que, por lo menos yo, no me quería desconectar.

Los EXI me vinieron en el momento de mi vida que más necesitaba ese gran apoyo que me dieron (que nos dimos) y llenaron todo ese vacío que sentía, vacío que era enorme.

Saber que no era yo solo quién estaba sufriendo en la escuela me unió más a ellos por ese sufrimiento que teníamos en común.

Me encanta ir a los sitios que nos llaman junto a este grupo de personas, que no deja lugar a dudas, tenemos una gran amistad.

Estar en esta lucha me llena, y como dice mi madre, estoy en mi salsa.

Me siento muy afortunado teniendo en mi vida a toda esta gente, que somos una tropa y nos convertimos como en una gran familia, más la que sigo conociendo que también está en esta lucha.

En definitiva, que no sé si podremos ir a la ONU, pero ya ganar este premio y con toda la trayectoria que tenemos recorriendo lugares, y haciéndolo de la mano de mis amados EXI, es un PLACER INMENSO.

GRACIAS

GRACIAS

Y MIL GRACIAS ❤️ ❤️ ❤️

«Ya es el segundo premio internacional que este grupo de estudiantes recibe, y creo que nos invita a pensar qué hacemos en las escuelas.

Porque muchos de estos estudiantes han sido maltratados en ellas, hasta el punto de ser objeto de discriminación, vivir la soledad por años, experimentar el fracaso escolar o ser obligados a la segregación.

¿Cómo puede ser que no valgan en sus escuelas, mientras son premiados mundialmente? ¿Quién se equivoca?»

(Nacho Calderón)

Yo me hago la mismas preguntas que Nacho. Y, al igual que él, tampoco logro encontrar las respuestas.

La ceremonia de entrega de los galardones tendrá lugar el próximo el próximo 21 de marzo (Día Mundial del Síndrome de Down) en la sede de Naciones Unidas en Nueva York.

Lamentablemente, este premio no tiene asignada una dotación económica, así que ahora mismo resulta bastante complejo que los EXI puedan ir a recogerlo.

Pero, ¿sería o no sería grandioso verles en esa institución junto a Rubén Calleja? En la sede del organismo que ratificó que se había vulnerado el derecho a la educación (inclusiva) de este alumno español.

A Rubén y a su familia nadie podrá restituirles los años robados. Ni reponer todo el daño que este proceso les ha causado. Sin embargo, habría algo muy hermoso y sanador en esa fotografía.

Ojalá podamos hacerla realidad.

Seguimos caminando, luchando y bailando 😊

Y como cada año por esta fecha, saco del cajón esta preciosidad que tanta alegría y tanta esperanza contagia.
 
19 años y 40 semanas contigo.
 
Te quiero infinito, mividiña ❤️ 

Gracias a todas por vuestras felicitaciones y vuestros deseos.

¡Seguimos caminando, luchando y bailando! ❤️💛💜 💚 

Celebrando la vida (19 años) por Antón Fontao

Un día como hoy, hace 19 años, yo nací en el Hospital Materno de Coruña. Mis padres en ese momento no sabían lo que les iba a suponer: un cambio de mirada; y es que una cosa llamada capacitismo estuvo, está (y espero que deje de estarlo en un futuro) a la orden del día. Pero para eso existe esta gran lucha que estamos haciendo una cantidad importante de personas. Aunque, bueno, me gustaría destacar unos cuantos puntos a lo largo de estos 19 años. Empecemos por cuando nací.

A los pocos días de llegar al mundo, una médica (llamarla así deja mucho que desear) le dijo a mi madre que no iba a poder hablar, ni caminar… incluso hasta que me iba a morir. No cabe duda que se equivocó de una forma descomunal. De hecho, cuando íbamos al Materno la veíamos por los pasillos, y si yo le tengo asco, imaginaros mi madre que tuvo que oír todas esas cosas que le dijo sobre mí.

A ver, yo tengo un habla distinta al de la mayoría de las personas, pero con que me preguntes las veces que sean necesarias qué dije, ya está.

Unos años más tarde llegó Infantil, y fueron, gracias a mi profesora Daniela, unos años increíbles.

Al llegar a primaria hubo algunos profesores que mejor sería si no los hubiese tenido, pero mayormente tengo un buen recuerdo de Mondego; después llegó la ESO y fue horrible… pero bueno, esa historia ya la conocéis.

Pero volviendo a cuando estaba en primaria, aquellos años en los que todos los viernes eran apodados como “ir a tomar los vinitos”, donde los padres tomaban algo en el bar y los niños íbamos a jugar al parque. Siendo sincero, yo siempre fui más de ir a tomar un zumo Pago (lo que tomaba en aquel entonces) y los famosos cacahuetes. Me solía sentar en las piernas de Tere, una buenísima amiga. También no podía faltar, como no, ir a la tienda de chuches, la cual llevaba Puri, una señora de la que desgraciadamente sólo me acuerdo que se escondía detrás del mostrador al verme para hacerme la broma, y conmigo era muy amable.

Algunos ya se fueron, mis padres con otros simplemente dejaron de tener contacto sin ningún por qué, y con Carlos tenemos la suerte de seguir quedando.

Pero la vida, yo pienso, que es eso, dejar de verte con algunos por nada en concreto, y gente nueva increíble que entra en tu vida llenándola de alegría.

Esto es ley de vida, igual que lo es que los padres dejen volar a sus hijos.

Hablando de dejar volar a los hijos, yo este año estoy viviendo fuera de casa. Lo mismo que hicieron mi hermana y mi padre cuando tenían mi edad, que según mi punto de vista, yo creo que es necesario para crecer como persona y para empezar a independizarse de una vez por todas. En mi caso, y seguro el de todos los de mi generación, estaba queriendo irme hace tiempo de casa, porque los padres son padres al fin y al cabo.

En cuanto a mi familia, es maravillosa y no la cambiaría por nada.

Mi hermana Amara me vio siempre como a uno más que formaba parte de la humanidad, cuando todo el mundo en ese momento me veía diferente. Tenemos nuestras broncas algunas veces, y seguramente como todos los hermanos, pero nos llevamos muy bien. Yo la quiero un montón.

Mi padre Segundo, que lleva toda su vida llegando después del primero, es alguien muy tierno y cariñoso, y es que las apariencias muchas veces engañan. A veces es demasiado gruñón, pero se le quiere igual.

Con mi madre Carmen me quedan unos cuantos años aún para devolverle todo lo que ella hizo por mí, estando a mi lado tanto en los estudios como luchando para que yo me sintiera bien en la escuela. Tanto fue su afán, que me lo contagió. ¡Cuánto la quiero!

Y por el resto de mi familia, soy muy afortunado.

Esos veranos en Taboada, bañándonos en la piscina, “poteando” (como se dice en el País Vasco) en el bar de la piscina, y haciendo miles de planes más juntos.

Luego llega Navidad, que Nochebuena la pasamos mis padres, mi hermana y yo en casa de mi abuela; me gusta mucho estar en ese ambiente tan íntimo los cinco juntos. Esa noche ver “Telepasión” (lo sé, os parecerá un rollo, pero es muy bonito ver esas coreografías, y es muy gracioso ver cómo cantan los que no se dedican a eso) antes de cenar y el Especial de la 1 que haya después.

El día de Navidad y los días siguientes también los pasamos con mi abuela.

Unos días antes de Nochevieja nos vamos a Bilbao, donde nos reunimos otra vez con mucha parte de la familia. También, da tiempo para quedar con los amigos que tenemos allí.

Al llegar el último día del año, por la tarde-noche empieza nuestro ritual: empezamos tomando algo en un bar, luego vamos a una tienda de chuches y después vamos a la casa de mis tíos a cenar. Parte de lo bonito es el poco espacio que hay en el salón para todas las personas que estamos allí. Pelearnos por decidir en dónde ver las Campanadas (muchos están muy interesados en ver el vestido de la Pedroche, y es que a mí la verdad, ya me aburre), esa emoción pura que me recorre todo el cuerpo con el corazón a mil por hora, al acabar de tomar las uvas (que yo siempre empiezo antes, porque en serio lo digo, uno se puede atragantar perfectamente, y vaya forma de acabar el año sería), nos abrazamos todos entre todos acompañado de mucha alegría y un “feliz año”, asomarnos a una ventana a ver los fuegos artificiales, y por último bajar a la plaza a tirarlos (que yo siempre tomo una distancia prudente sabiendo cómo tira los fuegos artificiales mi tío Alberto).

Luego llega cuando muchos se van por ahí de fiesta u otros simplemente van a dormir; yo me quedo en el sofá de la casa donde duermo viendo el Especial “¡Feliz (el año en el que entramos)!” en la 1, que siempre suele estar bastante chulo.

Al día siguiente mola bajar a la calle y verla desierta de gente y con todo el suelo lleno de confeti y de cosas esas, aún con la resaca emocional (otros muchos que aún no se han despertado y cuando lo hacen tienen resaca, en el sentido literal de la palabra).

En resumen, este soy yo: una persona que a veces sólo está hasta las tantas de la mañana si hay música o charloteo tomando algo si es con mis seres queridos, porque la verdad no es mi ambiente donde suele salir la gente de mi edad y las situaciones en que hay un uso excesivo de alcohol (no me siento a gusto), al que le dan miedo hasta estos mosquitos que son medianamente grandes pegados a la pared (y no os digo ya con las avispas y las abejas), cuando estoy en un entorno de confianza, entonces ahí soy realmente yo; también me encanta estar con mi familia y amigos, y me encanta viajar.

Y es que a pesar de los golpes que me han dado en mi vida, ahora me siento muy afortunado y muy contento por la vida que tengo.

 

Imagen del rostro de Antón con fondo negro

Autor de la imagen: Jose Luis Aguirre

 

Nuestras otras celebraciones:

Celebrando la vida (8 años)

Celebrando la vida (11 años)

Grazas á túa vida

Celebrando la vida (15 años)

Celebrando la vida (17 años)

 

El pulso entre las dos escuelas (II)

La anécdota que narra Nacho Calderón en un momento de esta entrevista demuestra cómo tantas veces la Escuela consigue que un niño transite en ella desde la libertad al control. Desde la construcción de conocimiento a la reproducción.

Imagen en blanco y negro de unas escaleras de cemento sin barandilla. En una de las escaleras superiores se ven las piernas colgando de un niño que está allí sentado. Sólo se ve la imagen del niño del cuello para abajo.

©Imagen: Paula Verde Francisco

***Recuerdo dos momentos de la educación escolar de mi hijo que para mí fueron hitos en mi interpretación de su escolarización.

Recuerdo un día en que estaba haciendo alguna tarea de la escuela y al comprobar que el resultado que obtenía no coincidía con el del libro dijo: “El libro está equivocado”.

Ya pasado el tiempo, recuerdo otro momento en que al preguntarme cómo se hacía algo, yo le respondía y él me decía: “No, así no es como lo dice mi profesora”.

En realidad, son maneras de entender la producción de conocimiento de dos formas radicalmente diferentes. Por una parte, desde la libertad de un niño que todavía es capaz de cuestionar el saber más legitimado en la escuela (un libro). Esa posición desafiante, arrogante y cuestionadora, que es una forma de reconocer que él está construyendo su conocimiento de manera correcta. Puede que estuviera equivocado, y seguramente estaba equivocado, pero el mero de hecho de que tú puedas cuestionar lo que hay ahí enfrente, es ya educativo de por sí. 

Y la otra forma, es el asumir ya la reproducción de la escuela, que es: no sólo tengo que decir lo que me has dicho, sino que además tengo que decirlo de la manera en que me lo has dicho.

Es en el resolver esa tensión entre el control y la libertad, entre la reproducción social y la justicia social, donde se libra la batalla de la escuela. Y donde se libra también la batalla de la inclusión, que no es otra cosa que la batalla por el Derecho a la Educación.***