Metodología: enfoque constructivista

constructivismo, metodología constructivista, trabajo por proyectos, pedagogía, discapacidad, diversidad funcionalA pesar de que cuando Antón comenzó su escolarización ya tenía una hija mayor que entonces iniciaba 3º de Primaria, nunca antes había oído hablar de la Metodología Constructivista ni del Trabajo por Proyectos. En mi cabeza no existía otra forma de aprendizaje reglado que la visión de un grupo de niños trabajando con un mismo material, ya fueran libros de texto, en el caso de Primaria, o fichas para la etapa de Infantil.

Este novedoso e increíble mundo se abrió ante mí durante la primera reunión que mantuvimos con la que iba a ser la maestra de Antón, Daniela Rocha. Debo decir que salí absolutamente fascinada de aquel encuentro que duró dos horas pero que pasaron como un suspiro. Ya aquel día intuí que se abría ante mí, y ante Antón, un mundo nuevo que podía ser la solución a parte de sus limitaciones y a todos mis temores y miedos respecto a su escolarización. La realidad posterior no sólo no me defraudó, sino que excedió con creces todas aquellas expectativas iniciales.

La metodología tradicional no respeta la diferencia del alumnado. Actúa sobre una visión que contempla al conjunto de niños de una clase como un todo uniforme. Algo irreal porque en ese grupo de niños existen no sólo distintas capacidades y diferentes tiempos de maduración, sino también diferentes personalidades y circunstancias familiares, sociales y culturales enormemente variadas.

Soy conocedora de que existe cierta polémica respecto a esta metodología y de que algunos docentes, partidarios del método tradicional, se resisten a admitir las ventajas y beneficios del trabajo por proyectos. Pero quiero insistir en que la aplicación de esta metodología es la única manera en que ciertos niños puedan aprender y avanzar cognitiva y académicamente de forma efectiva y favorecer, además, una integración social real. Resulta muy difícil que un niño que trabaje con un material diferente al del resto de sus compañeros, pueda sentirse y ser percibido como parte real del grupo.

Este sistema respeta el ritmo de maduración y las competencias de cada alumno. Todos avanzan en el mismo sentido pero cada uno a su ritmo, sin stress, sin ansiedad, sin discriminaciones, sin prejuicios.

Si la clase de Antón hubiera trabajado con los clásicos libros de fichas, su experiencia en aquellos tres cursos no habría sido, ni de lejos, lo que fue, tanto en el aspecto académico como en el social y emotivo. No voy a explicar aquí donde estaríamos porque sería extensísimo pero lo cierto es que Antón no sería el niño que ahora es ni habría llegado a donde está.

constructivismo, metodología constructivista, trabajo por proyectos, pedagogía, discapacidad, diversidad funcionalAdemás, la filosofía constructivista permite una participación activa de las familias, tanto en la educación del niño como en la vida del centro. Facilita las relaciones entre las familias de los niños que comparten aula, permite a esos padres apreciar de cerca y valorar el inmenso trabajo del docente y ayuda a crear un vínculo muy especial tanto entre los niños, como entre los adultos vinculados a esa clase.

La labor de Daniela también incluía educarnos a nosotros, los padres de sus niños. Nos convocaba a reuniones con mucha frecuencia y en aquellas charlas siempre insistía en la idea de que la clase no era un todo homogéneo sino que estaba inundada de diversidad: ideas, experiencias y actitudes previas de cada alumno; estilos de aprendizaje; ritmos de maduración; intereses, motivaciones y expectativas; capacidades y ritmos de desarrollo; sin olvidar la gran variedad cultural, social e incluso lingüística que se daba entre aquellos niños.

En el enfoque constructivista el niño construye su propio aprendizaje, aprende significativa y reflexivamente y se respeta el ritmo de cada niño así como los momentos de desarrollo. Toda esta teoría se materializa a través de Proyectos de Investigación que buscan soluciones a los problemas, intereses o curiosidades que van surgiendo en el aula. Se respetan los intereses de los niños y parte, además, de sus experiencias y conocimientos previos. El objetivo es Aprender a Aprender. Y, en este sentido, los libros de texto no respetan los ritmos, la heterogeneidad del aula ni los distintos momentos del desarrollo.

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constructivismo, metodología constructivista, trabajo por proyectos, pedagogía, discapacidad, diversidad funcionalEsta estrategia busca un cambio de mentalidad, donde se pase del individualismo que representan la metodología tradicional y el libro de texto a la cooperación entre iguales. Se fomenta la ayuda mutua, la solidaridad y el trabajo en equipo, al tiempo que se evitan las situaciones de competitividad. Ni que decir tiene lo que este punto supuso respecto a las circunstancias y características de Antón: aprendió a no avergonzarse ni sentirse de menos por el hecho de necesitar la ayuda de sus compañeros y estos tomaron conciencia de que “todos necesitamos de todos”.

Daniela buscó, además, infinidad de estrategias para que Antón pudiese hacer lo mismo que el resto de compañeros aunque los instrumentos o estrategias que utilizara fueran distintos. Lo importante era el objetivo y el resultado final y no tanto el camino para llegar a él.

La triste regla de tres que se nos ha venido transmitiendo en el tiempo defiende la idea que sólo se pueden resultados a través de trabajo duro, repetitivo y monótono (es decir, aburrido). Así, los detractores de la pedagogía constructivista sólo ven el aspecto lúdico de esta metodología y asocian diversión a pobres resultados académicos, olvidando que los niños a estas edades aprenden jugando.

Evidentemente, lo que menos me preocupaba a mí en esta etapa eran los resultados académicos de Antón y, aún así, terminó el ciclo de infantil leyendo con letras mayúsculas. Muchos de sus compañeros de clase sabían leer y escribir perfectamente tanto en mayúsculas como en minúsculas. Habían aprendido jugando y divirtiéndose. ¿Por qué esto tiene que ser por fuerza malo? Yo he vivido esta experiencia y soy conocedora de sus resultados en todos los aspectos. Es más, soy conocedora de ambas metodologías a través de la experiencia de mis dos hijos. Mi hija mayor (sin discapacidad), con su metodología clásica y sus fichas repetitivas en una especie de bucle insufrible (los convertimos en especialistas en otoño y másters en ejecutores de ondas), no reconocía más allá de unas pocas letras y algunos números. Repito que yo no doy ningún valor ni importancia a la precocidad en este terreno, pero con este ejemplo quiero refutar a quienes sí se la dan y demonizan el Trabajo por Proyectos con este argumento. También probar que esta metodología no sólo es positiva para el alumnado con diversidad, sino para todo el conjunto de la clase.

Y más allá del aspecto puramente académico y de los resultados en lectoescritura o numeración, debo decir que la experiencia en la clase de Daniela me fascinó también en otros aspectos como la autonomía, la solidaridad e incluso el civismo y la convivencia. Desde el inicio del ciclo, los niños aprendían a autogestionarse, no sólo respecto a sus actividades y rutinas (rotación por rincones de trabajo) sino también en cuanto a la resolución de conflictos y problemas que pudieran surgir en el aula. Cada vez que aparecía por la clase, me encontraba con algún reglamento o norma nuevos. “Tenéis más artículos que la Constitución”, le dije un día a Daniela. Se trabajaba el sentido de la justicia y la equidad: todos tenemos los mismos derechos. Eran los propios niños quienes detectaban situaciones que hicieran necesaria la elaboración de una norma y la elaboraban en conjunto. El objetivo de esas normas era garantizar una convivencia libre de conflictos y que todos los niños de la clase tuvieran los mismos derechos (“diferentes pero iguales”), evitando privilegios y privilegiados: que los niños discutían por sentarse al lado de la profe durante la Asamblea, se recurría a un listado que permitiera a toda la clase rotar en este puesto; que Brais se empecinaba en llevarse una ardilla de juguete a casa, listado de las fechas en que el resto podía hacer lo mismo; incluso acompañar a Antón en el ascensor (propiciado desde siempre por Daniela para dejar constancia de que formaba parte de la clase aunque no bajara al patio por las escaleras) se convirtió en un privilegio que tuvo que ser regulado.

No es justo era una frase que se repetía casi a diario y que daba lugar a un foro de debate para solucionar determinada situación y desterrar la mínima injusticia que pudiera contener. Todo conflicto se debatía y reglamentaba y, lo que es aún más importante, las normas se cumplían y todos aquellos niños tomaron conciencia en esos tres cursos de lo importante que es para la convivencia y el buen funcionamiento de una sociedad dotarse de leyes y acatarlas. No sólo de una forma teórica, sino en la práctica. Es más, una vez integrado esto ya en el primer curso, a partir del segundo se trabajaron en la clase las “consecuencias” de incumplir las normas. No acatar determinada norma conllevaba para ese niño una “consecuencia” concreta (que no castigo).

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También le agradeceré siempre a Daniela el haber transmitido al resto de padres la suerte que suponía para sus hijos compartir aula con un niño de las características del mío. Lamentablemente, nuestra experiencia previa con la hermana mayor de Antón había sido muy distinta. No nos faltaban experiencias donde alguna tutora había aludido a la diversidad de la clase (tanto en reuniones personales como de grupo), como justificación para el retraso con la programación o determinados problemas de conducta que habían surgido en la clase. Se escudaba en esa diversidad de su aula (funcional y social) para transmitir a las familias la idea de la enorme carga que debía soportar y de lo limitado del tiempo que podía dedicar al alumnado “ordinario”.

Nosotros tuvimos la enorme fortuna de que la tutora asignada a la clase de Antón defendiera y aplicara la metodología y filosofía constructivistas. El destino nos regaló a Daniela y su maravillosa fórmula de trabajo. Siempre me asombró, además, la naturalidad con la que Daniela se acercó y trató a Antón desde el primer día, a pesar de tratarse del primer alumno con diversidad funcional que había tenido en su aula. No era forzada ni fingida, era natural, le salía de dentro. Y puede parecer una tontería, pero es muy difícil tratar a un niño con discapacidad con naturalidad si no se le conoce ni se tiene contacto con el mundo de la diversidad. Nunca le puso limitaciones y siempre lo juzgó capaz de hacer lo mismo que el resto de sus compañeros. Centró su atención, imaginación y recursos en cómo conseguir que lo lograra. Una vez más, Gracias Daniela.

 

Relación Docente-Familia

Relación docentes-familias, relaciones entre maestros, profesores y padresLa primera experiencia escolar de Antón fue en la guardería, a la que comenzó a asistir con 15 meses. Era la misma Escuela Infantil a la que ya había acudido su hermana y de la que guardábamos un recuerdo fantástico por la implicación, preparación y vocación de las profesionales que la atendían. Agradeceré siempre a su directora que me recomendara retrasar un curso el paso de Antón al colegio, ya que al retraso psicomotor derivado de su discapacidad, se unía la circunstancia de haber nacido a finales de año. Si esto ya supone una gran desventaja para cualquier niño a estas edades, en el caso de Antón implicaba elevar al cuadrado su retraso motriz y cognitivo respecto al resto de compañeros del curso que oficialmente le correspondía.

Para Antón la guardería no fue tan sólo un recurso asistencial y de conciliación de la vida laboral y familiar, fue un paso muy importante por la influencia que supuso para su desarrollo el contacto con otros niños. Tengo algunos recuerdos fantásticos, especialmente de los dos primeros cursos (estuvo tres) y de su maravillosa profesora Natalia. Otros no tanto: reuniones de padres donde aquellos vídeos de los niños en clase hacían inevitable que comparase su evolución con la de sus compañeros, se hiciera patente una realidad que aún me costaba asumir y el llanto contenido me rompía por dentro. Alguna una vez tuve que salir precipitadamente sin poder dar siquiera explicaciones.

Como digo, el hecho de retrasar un curso su paso a Educación Infantil fue transcendental para él y sigo sin entender por qué la administración pone tantas trabas a los padres para poder hacerlo. La inspección educativa no permite (o al menos no dejaba entonces y en nuestra comunidad) escolarizar a niños de 4 años en aulas de 3. Sin embargo, esos mismos técnicos te dicen que ese niño debe repetir el último curso de la etapa de infantil, lo que resulta absolutamente demencial y antipedagógico porque, si para cualquier niño resulta disruptivo tener que adaptarse a tres clases con compañeros diferentes durante tres cursos consecutivos, imaginemos lo que eso supone para un niño con dificultades para ser integrado y aceptado. Cuando lleva tres años más o menos integrado en una clase, se le obliga a conocer y ser conocido por compañeros nuevos al hacerle repetir el último curso de infantil y, lo más probable, es que cuando pase a 1º de Educación Primaria se vuelva a descomponer esa clase para formar otra nueva. Repito que resulta demencial y lo menos adecuado para la integración y aceptación de ese niño que lo primero que requiere es de horas (y muchas) de convivencia. Repito que son innumerables las familias que he conocido a quienes la inspección educativa ha impedido el recurso de retrasar la escolarización.

Características de Antón al inicio de su escolarización: diagnosticado con una enfermedad poco frecuente (conocidas con la horrible expresión de “enfermedades raras”, producto de una pésima traducción que, lamentablemente, se ha impuesto), inició la etapa de Educación Infantil con grandes dificultades tanto motoras como de comunicación. Se desplazaba en silla de ruedas y culeteando por el aula. Respecto a su afectación cognitiva, resultaba difícil de evaluar por las dificultades en su comunicación expresiva. La comprensiva fue enorme desde el principio. Con el tiempo demostró que sus capacidades intelectuales no iban muy por detrás respecto a los niños de su edad, pero las dificultades motrices y de expresión llevaban a infravalorarlas (excepto en el caso de su profesora Daniela, que nunca vio ni puso límites a sus posibilidades, por encima incluso de su propia familia).

PAPEL DEL MAESTRO-TUTOR

Relación docentes-familias, relaciones entre maestros, profesores y padres La experiencia de Antón en su etapa de Educación Infantil fue absolutamente maravillosa. Recuerdo con mucha nostalgia esos tres cursos y siento una punzada de dolor porque esa experiencia no haya tenido continuidad en Primaria… Quiero, sin embargo, pensar que esos tres años fueron esenciales para él y que todo lo bueno que en ellos vivió influirán más en su personalidad que todo lo negativo que le quede por venir.

Desgraciadamente, su caso fue bastante excepcional y la integración escolar suele fallar por múltiples causas: por la carencia de medios materiales y humanos, por lo errado de la metodología, por ciertos condicionantes sociales, por lo equivocado de los valores y objetivos que imperan, y muchas más.

La experiencia de mi hijo demuestra que si el maestro se involucra de verdad y los padres son flexibles, se dejan guiar por esa persona y confían en ella ciegamente, se puede obrar un auténtico milagro y la integración escolar y social de ese niño puede convertirse en una realidad. Porque nuestra experiencia de aquellos años es la prueba palpable de que la carencia de recursos se puede suplir con ganas, vocación y esfuerzo, una tríada que debería ser inherente al papel de docente pero que la realidad de tantas familias demuestra que no siempre es así. El peso del éxito/fracaso de la integración escolar a estas edades recae, fundamentalmente, sobre la figura del maestro-tutor. Y resulta terrible saber que el avance y el futuro de tu hijo dependan del factor suerte: de esa papeleta que decide el nombre de la persona que será responsable de la felicidad o infelicidad de ese niño y con ello de toda su familia.

No me hartaré de repetir que esa misma suerte que decidió la combinación del material genético de Antón responsable de su discapacidad, quiso compensar la mala jugada colocando a Daniela en su camino. La vida, el azar, el destino o como queramos llamarle nos regaló a Daniela.

 

PAPEL DE LA FAMILIA

Una vez se tiene la suerte de que el docente asignado a nuestro hijo es una persona vocacional, trabajadora y comprometida, son varios los factores necesarios para que la relación con la familia tenga éxito y resulte provechosa:

  • Trabajo en equipo y coordinación aula-casa
  • Comunicación permanente
  • Búsqueda de estrategias consensuadas
  • Disponibilidad absoluta de los padres hacia el tutor
  • Confianza en los adultos responsables del niño

Complicidad padres-docente: el éxito de la integración escolar depende especialmente de la relación que se establezca entre el docente y la familia. Resulta imprescindible tener confianza en el tutor, trabajar en equipo y buscar estrategias consensuadas, tanto para los objetivos que se planteen dentro del aula como para aquellos imprescindibles en la vida fuera de ella. No existen dos niños: el del cole y el de casa. El trabajo y las intervenciones que se realizan en la escuela deben tener continuidad en la familia, y viceversa.

La comunicación permanente en ambos sentidos es también clave, sobre todo en aquellos casos, como el de Antón, donde las dificultades de comunicación eran enormes. Fueron especialmente acusadas en el primer curso, cuando aún no había iniciado el lenguaje oral y le costaba enormemente hacerse entender. Esta circunstancia le causaba una terrible frustración y le llevaba a retraerse. Sólo conociendo el contexto de lo que intentaba comunicar, resultaba posible entenderle. Era imprescindible, pues, conocer las circunstancias de ambos mundos: nosotros necesitábamos tener información de las rutinas y anécdotas sucedidas en el cole para poder dialogar con él. Daniela debía conocer también las circunstancias de su vida fuera de él, con el fin de ayudarle a comunicarse en las Asambleas diarias, dando pistas y reforzando su narración para que el resto de compañeros pudiera entenderle. Esto supuso un refuerzo enorme para su autoestima y estoy convencida de que fueron claves para impulsar sus avances en la adquisición y desarrollo de lenguaje oral. Las vías utilizadas, además de las entrevistas personales semanales, fueron muy variadas: libreta viajera, intercambio de correos electrónicos y sms, conversaciones telefónicas… Estábamos en contacto prácticamente a diario, hecho que demuestra la magnitud de la implicación y entrega de su maestra.

Relación docentes-familias, relaciones entre maestros, profesores y padresResulta absolutamente necesario ser flexible y tener plena confianza en quienes son responsables del niño mientras está en el centro. El niño con discapacidad, como cualquier otro niño, está expuesto a sufrir algún percance físico: puede caerse, sufrir la agresión de otro niño…. El hecho de que ese niño esté expuesto a dichos accidentes, es la mejor prueba de que su vida en el centro está normalizada. Un niño al que se mantiene en un rincón, aislado del resto de compañeros y bajo la permanentemente mirada de un adulto, estará más protegido de estos contratiempos pero se le privará de esa normalidad que requiere la integración.

Tampoco pasa nada porque nuestro hijo llegue algún día a casa sucio o con los pantalones meados: no debemos presuponer desidia y falta de interés basándonos en estos detalles, porque pueden ser atribuibles a múltiples causas. Yo, personalmente, pienso que es más prioritario que se ocupen del espíritu de Antón que de su cuerpo. Y agradezco infinitamente a sus cuidadoras que le permitan alejarse de su lado para normalizar su vida en el patio junto a otros niños de clase (que NO quieren un adulto a su lado) o que inventen juegos en el recreo para facilitar su integración social. Si en el transcurso de alguna de sus expediciones en solitario tropieza y se gana un par de moratones, vuelve con barro hasta los calzoncillos o se ha comido los mocos que no es capaz de limpiarse, es un riesgo que estoy dispuesta a asumir.

Por otra parte, si a un profesional (llámesele maestro o cuidador) se le cuestiona su profesionalidad o su interés por el niño en base a esos detalles, le empujaremos a descuidar esas otras actividades tan importantes para nuestro hijo pero incompatibles con la falta de riesgos. E incluso podremos comprometer la afinidad y la relación afectiva de nuestro hijo con ese adulto. Y a pesar de que cualquier profesional debería distinguir entre la relación que mantiene con un niño de la que tiene con sus padres, lo cierto es que la última condiciona la primera. Hay que intentar, por todos los medios, aparcar la susceptibilidad, aprender a relativizar y tomar en consideración el balance final de logros/riesgos.

Resulta también imprescindible normalizar la vida social de ese niño. No se puede exigir al centro un esfuerzo respecto a su inclusión, si esa misma filosofía no se está aplicando en la vida familiar y social. En nuestro caso, tuvimos la inmensa suerte de que Antón viniese precedido de una hermana. Y aunque, en un primer momento, el diagnóstico lo oscureció todo y condicionó no sólo la vida de Antón sino la de toda la familia (incluida su hermana que fue un poco descuidada por un tiempo), llegó un punto en que nos replanteamos todo lo que estábamos haciendo y cuestionamos la vida que le estábamos dando (inmersión obsesiva en el mundo terapias, etc.). A partir de entonces, nos propusimos que Antón pudiese hacer exactamente lo mismo que había hecho su hermana a su edad, con las adaptaciones que fuesen necesarias. Nuestro objetivo fue normalizar su vida y lo cierto es que esto ha supuesto para él la mejor de las terapias.

Escolarización: elección del centro y hermanos

Centro de Educación Especial 

infancia y discapacidad, elección del centro educativoCuando Antón era todavía un bebé y comenzamos a pensar y planificar su futura escolarización, lo primero que valoramos fue un centro de educación especial. Éramos completamente ajenos al mundo de la diversidad y nos parecía lo lógico y natural. Ni su padre ni yo habíamos convivido nunca con un compañero con discapacidad en la escuela. Ni nosotros ni, desgraciadamente, ninguna persona de nuestra generación.

Desde nuestra perspectiva de entonces, la ecuación era bien simple: los niños “normales” iban a una escuela “normal” y los niños “especiales” a una “especial” (difícil imaginar cuantísimo odiaría después las palabras “normal” y “especial”). El hecho es que iniciamos con tiempo una ronda por los centros de educación especial. Y nos encontramos con algo que entonces nos sorprendió (y que hoy nos alegraría) y fue el recibir siempre la misma respuesta: Antón no estaba lo “suficientemente afectado” para acudir a un colegio de educación especial, nos aconsejaban matricularle en una escuela ordinaria. También se nos planteó la posibilidad de combinar ambas opciones, pero el trajín que implicaba alternar dos centros distintos y distantes entre sí, nos parecía una locura para un niño que lo que necesitaba por encima de todo era una cierta estabilidad.

También tuvimos la suerte de que todos los profesionales con los que entonces teníamos contacto (médicos especialistas, terapeutas, técnicos del Equipo de Orientación Específico, profesionales de la guardería a la que acudía Antón, etc.) a pesar de que en muchas cuestiones mantenían posturas distintas (e incluso enfrentadas) coincidieron, sin embargo, en que la educación ordinaria era la mejor alternativa para nuestro hijo. Tuvimos una suerte inmensa en este sentido con la que muchas familias no cuentan, desgraciadamente, en los últimos tiempos. Cualquier especialista sensato de cuantos tienen relación con la infancia y la diversidad funcional, considera que solamente se debe recurrir a la escolarización en un centro de Educación Especial en circunstancias absolutamente excepcionales y por causas de fuerza mayor.

Yo entiendo que a ningún padre le agrada ingresar a su hijo en un centro no ordinario pero, por desgracia, la sociedad es todavía la que es y pueden darse circunstancias familiares y sociales que obliguen a que los centros de Educación Especial deban seguir existiendo. Lamentablemente. Sin embargo, resulta indiscutible que el mejor modelo para un niño son otros niños. Los niños, con discapacidad o sin ella, se toman como referente entre ellos. Es muy difícil que un niño que tiene dificultades de comunicación aprenda a expresarse si está rodeado de niños en circunstancias similares y con quienes resulta difícil la relación. El principal requisito para que exista lenguaje (gestual, verbal, visual…) es la necesidad de comunicar. Sin intención comunicativa no puede haber lenguaje. Y así dispondríamos de muchos más ejemplos similares…

El problema, además, no se reduce tan sólo a una cuestión funcional: corremos el riesgo de que segregando a los niños en función de sus capacidades, se acaben formando guetos. La inclusión sin convivencia resulta imposible y el inicio de ese camino empieza por la integración escolar.

Dicho todo esto, el principal objetivo para mí como madre, es que mi hijo sea feliz, por encima de si anda, habla, come o se viste sin ayuda. Y lo cierto es que he conocido casos de niños absolutamente infelices en colegios ordinarios porque su integración no era real y simplemente “estaban allí”. Cuando sus padres los han trasladado a un centro de educación especial o específico y se han visto en un entorno en el que tenían una vida afectiva real y se sentían parte de una red social, su estado anímico ha cambiado de forma radical y les ha llevado, incluso, a conseguir importantes progresos funcionales y/o cognitivos.

El hecho de que algo así pueda ocurrir significa el fracaso de todos como sociedad, porque es consecuencia del fracaso de la integración escolar que todos deberíamos intentar construir. El recurso al centro especial sucede cuando la integración no es real y se limita a que ese niño esté simplemente matriculado en un centro ordinario: comparte un espacio físico con otros niños pero no forma parte activa de sus vidas. Se descuida su parte emocional y afectiva con la factura que eso pasa a su felicidad y a su autoestima. Lamentablemente, solemos querernos a través de los ojos de los demás.

Así que, aunque yo esté absolutamente convencida de la necesidad de integrar a nuestros niños en centros ordinarios con niños de todos los colores y condiciones, tampoco descartaría cambiar a mi hijo a un centro especial si allí puede encontrar una vida social que no le provoque sufrimiento ni mine su autoestima, que en cualquier ser humano es básica pero que en el caso de un niño con diversidad resulta imprescindible.

No me gustaría que mi hijo acabara formando parte de un gueto. Pero, por otra parte, prefiero esta opción a que sea absolutamente infeliz en un entorno teóricamente abierto, variado y normalizado pero que no le integra ni acepta. Si hay algo cierto es que el ser humano busca la compañía y la aceptación del resto y la primera opción implica una soledad absoluta y una cuota de sufrimiento para él que no creo estar dispuesta a aceptar.

Con todo lo expuesto hasta aquí trato de transmitir que el tema centro ordinario-centro especial es enormemente complejo. Lo que no puede ser cuestionable en ningún caso es el derecho de las familias a decidir la escolarización de sus hijos, algo que desgraciadamente ha venido a desmontar el Tribunal Constitucional de nuestro país con una sentencia absolutamente abominable (Luto para la diversidad). La administración educativa afirma que los padres tienen derecho a decidir libremente el tipo de escolarización que quieren para sus hijos. Y yo digo que eso es absolutamente mentira: los padres de alumnos con discapacidad deben matricular a sus hijos en aquel centro que les indica la inspección. Hasta ahora, nuestra capacidad de decisión se reducía a la elección entre un centro ordinario o uno especial. Ahora ya ni eso.

Como he analizado además en otras entradas, los beneficios de la integración escolar discurren en ambos sentidos. No se trata tan sólo de evitar la segregación en función de las capacidades y la creación de guetos, sino también de ayudar a todos los niños a aceptar y apreciar la riqueza de la diversidad. Y esto sólo resulta posible a través de la convivencia. En estos primeros años de vida es cuando más vital e importante resulta enseñarles a aceptar lo diferente y al diferente. De ahí la importancia de la presencia de la diversidad en la escuela. En toda clase debería haber un niño con discapacidad, de otra etnia o cultura, nacido en otro lugar del mundo o con un color de piel diferente al de la mayoría. Si los segregamos de pequeños, ¿cómo va a ser posible la convivencia entre ellos de adultos? Y si tenemos claro lo abominable que resulta segregar a los niños en función de su lengua, religión o cultura, si nadie puede defender con argumentos que sea positivo separar a los niños inmigrantes de los nacidos en suelo patrio, ¿por qué no aplicamos también esta ideas a los niños con diversidad funcional?

Escuela ordinaria y hermanos

Retomando el relato de la escolarización de Antón, una vez decidida la opción del centro ordinario, es la administración quien nos dirige a aquel que, teóricamente, dispone de “los recursos necesarios” para nuestro hijo. Suelen reducirse a: accesibilidad física (sin barreras arquitectónicas, ascensor) algo que no siempre se cumple, auxiliar técnico educativo (cuidador) y algunas horas semanales con profesionales de Pedagogía Terapéutica (PT) y Audición y Lenguaje (AL). Por desgracia, resulta frecuente que los centros asignados ni siquiera cumplan con todos los recursos o estos resulten limitados para el número de alumnos con necesidades educativas especiales que se concentran en ese centro de referencia.

Casualmente, y dado que vivimos en un pueblo pequeño, la única escuela que cumplía con los requisitos para Antón en nuestra área coincidió con la misma a la que ya acudía su hermana, que iniciaba por aquel entonces 3º de Educación Primaria. Y esto, se probó con el tiempo, fue una suerte inmensa. A veces no siempre resulta posible escolarizarlos en el mismo centro al que ya acuden los hermanos porque no cuentan con los requisitos mínimos (barreras arquitectónicas, personal) y la única alternativa de que disponemos es cambiar a los hermanos de colegio, lo que no siempre es justo para ellos. En nuestro caso, ya digo que tuvimos la inmensa suerte de que el centro al que la administración remitía a Antón era el mismo donde ya estaba escolarizada su hermana.

Centro-hermanos 3.3Y esto me lleva a hablar de una figura esencial para Antón: su hermana. Ella ha supuesto su mejor terapeuta, su referente, su modelo, su ejemplo y su mejor estímulo con diferencia. Desde la naturalidad y normalidad con que siempre lo ha tratado, nunca ha puesto limitaciones a su hermano por su condición. Es más, le ha enseñado cosas increíbles que a nosotros nunca se nos hubiese ocurrido ni plantear que intentara.

Durante los cursos en que coincidieron en el colegio, siempre insistí en determinadas circunstancias/lugares (bus escolar, comedor…) en que los adultos a cargo permitieran que mi hija se ocupara de su hermano pequeño. No ha faltado quien, desde un discurso bastante condescendiente, a veces casi paternalista y siempre desconocedor de las circunstancias que implican la discapacidad de un niño en la familia, me haya reprochado esta actitud alegando que exigía a mi hija demasiada responsabilidad para su edad.

Seamos serios. No perdamos la perspectiva porque en nuestra sociedad parecemos estarnos volviendo un poco locos en muchos sentidos y en muchas cuestiones pero, especialmente, respecto a los niños. Cuando mi madre tenía 5 o 6 años quedaba a cargo de su hermano recién nacido porque sus padres debían atender el trabajo en el campo. Las circunstancias socioeconómicas de la posguerra no estaban para tonterías y todas las manos para procurar alimento eran pocas. De acuerdo que esto ocurrió hace más de medio siglo pero, ahora mismo, en este mismo instante, hay cientos de miles de niños trabajando: en vertederos de basura en Perú, elaborando alfombras en Pakistán, extrayendo diamantes en minas de Sierra Leona o siendo explotados sexualmente en Tailandia. Y son estas realidades las que resultan estremecedoras y las que atentan contra los derechos de la infancia.

Nuestra sociedad ha recorrido el camino contrario pero no ha sabido parar a tiempo y en un futuro veremos el daño que la sobreprotección exagerada que hoy ejercemos sobre nuestros niños va a tener en su vida como adultos. Los estamos convirtiendo en objetos delicados y frágiles y eso no es bueno para nadie pero, fundamentalmente, es nefasto para ellos. Desgraciadamente, no veremos las consecuencias hasta que crezcan y entonces ya será demasiado tarde.

El caso es que la circunstancia de nuestra familia es la que es y resulta que mi hija tiene un hermano pequeño más dependiente y por más tiempo de lo que lo serán los hermanos de sus amigos. No es ninguna carga ni ninguna tragedia. Es nuestra circunstancia. No creo que su vida sea más penosa porque durante algunos cursos se haya sentado con él en el autobús, por haber esperado a su lado para entrar en clase, por ayudarle a trocear la comida en el comedor o por inventar juegos en el patio para facilitar su integración con otros niños… Al contrario, mi hija es una niña madura y responsable, sociable y alegre, y aunque estoy convencida de que parte de ese carácter ya venía configurado por su genética, también estoy segura de que las circunstancias de Antón han contribuido a moldear la niña fantástica que es.

Sé que hay padres de niños con discapacidad que escolarizan a sus hijos en centros distintos al del resto de sus hermanos porque consideran que ya es una “carga” para ellos en su vida familiar y quieren ahorrársela en el mundo escolar. Lo respeto pero no lo comparto. Es más, ¿cómo pretendemos que los padres de los compañeros de los alumnos con diversidad no los perciban como una rémora y un contratiempo para sus hijos, si los propios padres los sienten como una carga para sus hermanos?

Estoy convencida de que mi hijo ha aportado un montón de cosas a sus compañeros: paciencia, solidaridad, sentido de la cooperación y de la ayuda, el valor del esfuerzo y de la perseverancia, la evidencia de que todos necesitamos de los demás, el respeto por la diferencia… La presencia de Antón ha contribuido en infinidad de aspectos beneficiosos para su aprendizaje y su formación en valores, tal y como ha ocurrido con su hermana. No es una carga para sus compañeros como tampoco lo es para mi hija.

Ahora que ya ha entrado en la adolescencia sigue contando con su hermano y las dificultades que este tiene para disfrutar de relaciones de amistad normalizadas, le han llevado a incluirle en algunas de las salidas que ella hace con sus amigos. A Antón le encanta acompañarles y yo muero de amor cuando los veo salir de casa desde la ventana y me los imagino en la terraza de la heladería compartiendo risas y confidencias con el resto de la pandilla.

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Gracias Daniela ❤

constructivismo, metodología constructivista, trabajo por proyectos, pedagogía, discapacidad, diversidad funcionalLa suerte, el azar, el destino, o como queramos llamarle a esa circunstancia que suele marcar nuestras vidas, quiso compensar la tremenda putada que la lotería genética le había hecho a Antón colocando a Daniela en su camino.

Daniela, su maestra durante los tres cursos de Educación Infantil, nos demostró que la carencia de recursos puede suplirse muchas veces con ganas, vocación y esfuerzo. Y, sobre todo, con el amor infinito que ella demuestra hacia todos sus niños.

Daniela es vocación, intuición, imaginación, sensibilidad, capacidad de trabajo, entrega, dedicación. Resulta imposible trasladar en una sola entrada la forma en que suplió la falta de medios con todos los recursos nacidos de su tremenda vocación y su extraordinaria imaginación. Haría falta un libro completo para hacerlo. Difícil también expresar y agradecer todo lo que pude aprender a su lado. Con ella lo aprendí todo. Y nunca podré agradecer lo suficiente su generosidad por todo el tiempo que me dedicó y todo cuanto me enseñó. Y nuestra experiencia junto a ella demuestra que, si el maestro se involucra de verdad y los padres son flexibles, se dejan guiar por esa persona y confían en ella ciegamente, se puede obrar un auténtico milagro y acercar la integración escolar y social de ese niño a la realidad con la que muchos soñamos.

Esos años al lado de Daniela me hicieron además entender cuánto de importante tienen los docentes a estas edades, lo claves que resultan para nuestra sociedad y lo poco que se cuida su función. Solemos valorar socialmente a los docentes de forma inversamente proporcional a su influencia real sobre los alumnos. En la cúspide situamos a los catedráticos de universidad (cuando poco o nada pueden ya influir sobre los valores y la personalidad de nuestros hijos llegados a esas edades), mientras parecemos colocar en lo más bajo del escalafón a quienes se ocupan de ellos hasta los 6 años. Esos seis años cuya importancia coinciden en resaltar todos los expertos en pedagogía, psicología o biología. Increíble paradoja sobre la función de estos docentes que lleva también a descuidar su elección. Deberíamos reflexionar sobre lo trágico que resulta que existan personas que ejercen de forma equivocada su trabajo, con el daño tan enorme e irreparable que pueden causar.

Ojalá muchos futuros docentes pudieran formarse junto a Daniela Rocha para salir tocados con esa varita mágica tan especial que los convertirá en maestros muy especiales. No consigo entender que la formación en Ciencias de la Educación no obligue a los estudiantes a ejercer prácticas desde el minuto uno y de forma continuada a lo largo de toda la carrera, de la misma forma que los estudiantes de Medicina se convierten en la sombra de los profesionales que están en ejercicio por consultas y hospitales.

Me gustaría dedicar las entradas de estas últimas semanas del curso escolar a analizar diferentes aspectos de la escolarización, referidos especialmente a la de los niños con diversidad funcional. He intentado recoger en ellas diferentes reflexiones que pertenecen a la primera etapa de la escolarización de Antón. Nuestras vivencias en Educación Infantil fueron tan extraordinarias que me convencieron en aquel momento de que la inclusión de mi hijo en una escuela ordinaria sí era posible.

Lamentablemente, el paso a Primaria y nuestro camino en estos últimos cursos ha evolucionado de forma muy distinta. Tanto dentro como fuera de la escuela. Los factores y las circunstancias que han marcado esta inflexión son múltiples y variados. Tienen más que ver con la complejidad de la propia sociedad, la evolución de los niños según van cumpliendo años y los roles, capacidades o destrezas que el mundo les empuja a valorar, que con la propia escolarización. Dado que todavía estamos ahí inmersos y resulta difícil analizar una situación sin perspectiva y cierta objetividad, pospondré las reflexiones y conclusiones derivadas de esta última etapa. Intentaré también que el dolor de ahora no me impida recordar la extraordinaria experiencia y la felicidad vivida en aquellos tres primeros cursos de Infantil. Trataré de analizar los principales factores que creo incidieron no sólo en los avances motores y cognitivos que entonces experimentó mi hijo, sino también en su desarrollo espiritual como el ser humano completo y complejo que es. Y ojalá nuestra experiencia pueda servir para marcar el camino y aportar luz tanto a las familias que inicien ahora la escolarización, como a esos docentes cuyo papel va a ser tan importante en las vidas de esos niños.

constructivismo, metodología constructivista, trabajo por proyectos, pedagogía, discapacidad, diversidad funcional

Los tres años que Antón pasó al lado de Daniela fueron los más felices de nuestras vidas. A veces me gustaría sumergirme en un bucle espacio-temporal que reprodujera aquella época de forma indefinida. Que los años que nos quedan por vivir transcurrieran en nuestro particular “día de la marmota” y que ese tiempo nos atrapara y no nos dejara escapar nunca.

Verdades y mentiras en la red

verdades y mentiras en la red, hoaxHace unas semanas Antón y yo nos sentábamos en la sala de espera de una consulta rutinaria. Después de estudiar para el control de Conocimiento del Medio del día siguiente, repasar la tabla del 3 y jugar cien partidas al ahorcado, él se sumergió en Youtube y yo en Facebook, gracias a la conexión wifi libre que pueden disfrutar los usuarios de una hospital público que no mencionaré, no sea que Telefónica o alguna de esas compañías que tanto se esmeran en hacernos la vida más fácil, interpongan una denuncia y nos corten la conexión. Por lo visto, no tienen problema en que los megacentros comerciales ofrezcan wifi gratuito a sus clientes pero sí los organismos públicos.

Abrí el enlace a una noticia tan fascinante como increíble: una chica de Liverpool había emprendido una travesía a través del Atlántico y, tras una serie de vicisitudes, había acabado recalando en la playa de una isla desierta donde vivió durante siete años. Pudo ser rescatada gracias a un chico de Minnesota que descubrió a través de una imagen de Google Earth la señal de S.O.S que la náufraga había escrito en la arena de la playa. Una historia increíble que, sin embargo, incluía algunos detalles que me la hicieron creer verosímil. O quizás fui víctima del más mortal de los aburrimientos.

El caso es que caí en eso que tanto critico a muchos de mis contactos: me creí un hoax y aunque no lo compartí con mis contactos, hice algo muy parecido que fue comentárselo a Antón en voz alta. Y al igual que yo, encontró la historia fascinante y se la creyó por completo. Con la diferencia de los treinta y cinco años que nos separan…

De vuelta a casa, siguió haciéndome preguntas en el coche y analizamos juntos lo increíble que resultaba todo: el hecho de que una chica de ciudad pudiera sobrevivir en una isla desierta, sola y sin medios, que ninguno de los grandes canales de noticias hubiera incluido esta información, más teniendo en cuenta que el gigante de internet andaba de por medio y que no habría dejado pasar la ocasión para publicitar su herramienta… Había demasiados flecos que comentábamos y analizábamos en voz alta. Le dije que en cuanto llegáramos a casa comprobaríamos la autenticidad de la noticia y así lo hicimos.

No hubo más que poner el nombre de la desdichada inglesa en el buscador de Google para comprobar que se trataba de un hoax. Antón pasó del asombro al estupor: ¿por qué alguien se inventaba una noticia y la difundía en internet? No pude darle respuesta a esto pero la anécdota le sirvió para conocer de primera mano que estas cosas pasan: que en internet (como en la  vida) hay mentiras. Y aunque cometí el error de no comprobar la veracidad de la noticia antes de comentarla con él, el incidente nos sirvió para aprender muchas cosas: que los errores son la mejor forma de aprendizaje, que los padres no lo saben todo y a ellos también pueden engañarles, los pasos a dar en la red para verificar una noticia. Si le hubiera dicho sin más: Antón, ten cuidado y no te fíes de todo lo que encuentres en internet, no hubiera aprendido nada.

Existen padres y docentes contrarios a la tecnología precisamente a causa de todas las características negativas de la red: sobreabundancia de información, mentiras, falsedades y medias verdades, acoso…. Esta afirmación no puede servir como excusa para expulsar la tecnología e internet del aula. Internet resulta fundamental en la sociedad que hemos o estamos creando, así que también resulta imprescindible enseñarles a nuestros niños a manejarse en la red. Y esto resulta muy difícil cuando la mayoría de los propios adultos no sabemos hacerlo. Todos recibimos decenas de hoax vía wasap, correo-e o redes sociales y lo peor es que contribuimos a darles difusión por no tomarnos la molestia de comprobar su veracidad, algo que apenas lleva medio minuto.

A veces no se trata de no saber, sino de no ser conscientes, de creernos todo lo que nos llega porque nos lo ha enviado alguien de confianza. Vale, bien, ese contacto no te suele mentir o engañar pero la fuente de su fuente (puede haber cientos de personas por medio) sí puede hacerlo. Así que tenemos que hacer conscientes a los niños de que no todo lo que aparece en internet es verídico o fiable, ni tampoco cualquier noticia o enlace que nos envía un amigo. Exactamente de la misma forma que tampoco todo lo que aparece en las ediciones en papel de los periódicos ni en los libros es cierto. Se han escrito miles de libros que sólo contienen patrañas, noticias inventadas o no documentadas ni contrastadas. Internet es sólo otro formato más, sólo que más accesible y con una cantidad mucho mayor de información. Información que hay que enseñarles a gestionar.

No debemos utilizar la idea de las falsedades que circulan por la red para expulsar internet de la vida de los niños. Todo es aprendizaje, incluso las mentiras y las falsedades. Tal y como ocurrió en el caso que comentaba al inicio de esta entrada sobre la pobre Gemma Sheridan. Me arrepentí de no haberlo contrastado antes de contárselo a Antón pero resultó la forma más eficaz de trasladarle esta realidad a mi hijo. Me sirvió para enseñarle de forma práctica a razonar, cuestionar, profundizar e investigar. Y esa debería ser la tarea de la escuela en relación a la tecnología.

Al mismo tiempo, debemos ser conscientes de que es un mundo nuevo para todos, también para nosotros y si no aprendemos a manejarnos en él, difícilmente podremos guiar a nuestros hijos/alumnos. Este es un camino de ensayo-error a recorrer juntos. Estamos obligados a descubrir un nuevo mundo junto a nuestros niños y al mismo tiempo que ellos. Y, sobre todo, debemos perder el miedo a decir: “No lo sé, pero vamos a averiguarlo juntos”. Yo lo hago constantemente con mis hijos y puedo asegurar que es maravilloso y muy enriquecedor.

Google Earth app for iPad

Enlace descarga en iTunes

Google Earth

Desarrollador: Google Inc.

Idioma: español y otros

Precio: gratuita

Categoría: Conocimiento / Geografía

La experiencia aquí relatada también nos sirvió para descubrir Google Earth. Le había hablado con anterioridad sobre esta herramienta pero nunca le prestó atención. La falsa noticia le ayudó a descubrir que existía y sus hipotéticas utilidades. Me pidió que le bajara la aplicación y le fascinó.

Buscamos la zona donde donde vivimos y comprobamos que aparecía con una nitidez asombrosa, seguimos descubriendo otros rincones de nuestro pueblo y Antón pasó media tarde enredado con esta herramienta: “¡Mamá, mira mi cole!” “Mamaaaa, también viene la casa de los abuelos!!!” Buscó el prado donde tienen la cabaña del árbol, el barrio de los primos de Bilbao, su playa preferida…

Curiosamente, esa misma tarde teníamos que repasar el tema de Conocimiento del Medio dedicado a lo que significa vivir en comunidad, a los diferentes tipos de localidades, el municipio y sus servicios. ¿Acaso no resulta mil veces más interesante, instructivo y pedagógico examinar las diferencias en las características de una aldea, un pueblo y una ciudad volando sobre ellas de forma virtual a través de Google Earth que mirando las aburridas (y poco esclarecedoras) fotos del libro de texto?

 

Inclusión Escolar: Todos ganamos

Inclusión escolarHace nueve años, llegó a mi vida un ser maravilloso al que la lotería genética le puso las cosas mucho más difíciles que al resto de los niños que nacieron ese día en aquel hospital. Sin embargo, mi hijo se define por muchísimas más características que las modeladas por su discapacidad.

Es tenaz y luchador, cariñoso y alegre, testarudo y cabezota. Le entusiasma la música (desde Mozart hasta Queen, pasando por Manolo Escobar), devorar gominolas, subirse al tractor del abuelo y comerse la masa cruda del bizcocho con la excusa de ayudar a prepararlo. Leer cuentos de Teo y Os Bolechas, además de los clásicos de Perrault, Andersen o los Hermanos Grimm. Le encanta que le hagan cosquillas y odia cepillarse los dientes. Arrasa jugando al “ahorcado” y, si nos descuidamos, es capaz de ver de una sentada la última temporada de Peppa Pig, siete capítulos seguidos de La que se avecina o la gala completa de Tu cara me suena. Y, la única forma de que el resto del mundo pueda ver también más allá de sus dificultades motrices y de comunicación, es a través de la convivencia diaria, continua y normalizada. La vía para iniciar esa normalización es la inclusión escolar. Y en esas estamos desde que nació.

Tradicionalmente y a la hora de abordar la escolarización de niños con discapacidad en la escuela ordinaria, la atención se ha centrado casi exclusivamente sobre las ventajas que esta opción tiene para el alumnado con necesidades educativas especiales. Sin embargo, creo firmemente que esos beneficios circulan en ambos sentidos y que los “niños ordinarios” (si tal grupo existe realmente como un todo homogéneo) se benefician tanto o más de esa convivencia como el alumnado con diversidad funcional. Es necesario transmitir esta idea si queremos que la sociedad en su conjunto admita y fomente la inclusión. Dado nuestro alto grado de egoísmo, resulta difícil que luchemos por una causa si no percibimos que ésta nos vaya a beneficiar a  nosotros o a los nuestros.

Existen multitud de estudios, libros, artículos, documentales… que nos hablan de la necesidad de escolarizar a los niños con discapacidad en escuelas ordinarias. Todas se centran en las ventajas que ello reporta a este tipo de alumnado e insisten en que es la única vía para lograr la normalización de las vidas de las personas con diversidad funcional. Todos esos argumentos parecen incidir tan sólo en el beneficio que obtendrían los niños a quienes hasta hace algunos años no se les ofrecían otras alternativas de escolarización que los centros específicos o de educación especial. Desgraciadamente, estos autores olvidan casi siempre mencionar el enorme valor que esta convivencia aporta al resto de sus compañeros, a los niños que no viven las circunstancias de haber nacido con una discapacidad, y a la generalidad de la sociedad.

caretas

Beneficios para sus compañeros: Hasta la fecha, mi hijo ha tenido la suerte de contar con docentes que han sabido transmitir en las reuniones de padres, la infinidad de oportunidades que la convivencia con Antón les ha reportado a sus hijos. Esto, que parece una obviedad y que debería ocurrir por norma, no siempre es así. A mi hija mayor (sin discapacidad) le tocó en suerte una tutora que, cada vez que nos reuníamos con ella, no hacía más que lamentarse por lo condicionada que se veía por uno de los niños de aquella clase con discapacidad, lo mucho que entorpecía su trabajo y el lastre que suponía para el resto de compañeros. Mi marido y yo nos mirábamos sin dar crédito, preguntándonos si aquella señora conocería las circunstancias del hermano pequeño de su alumna y cruzando los dedos para que se jubilase antes de que Antón llegara a su curso.

Repito que, por suerte, las tutoras que ha tenido hasta ahora han incidido siempre en que los beneficios no han sido sólo para su compañero con discapacidad sino, también y sobre todo, para el resto de niños de la clase. Esta convivencia ha ofrecido a esos alumnos la oportunidad de conocer y poner en práctica valores de los que muchas veces sólo conocemos la teoría: la aceptación de la diversidad y la diferencia; la toma de conciencia del esfuerzo que las personas con discapacidad deben hacer cada día para alcanzar los mismos objetivos que el resto; la posibilidad de utilizar instrumentos, estrategias o caminos para llegar a esos objetivos que, muchas veces, son distintos a los que emplea la mayoría pero igual de válidos; la constatación de que ninguno de nosotros somos realmente autosuficientes y de que todos necesitamos del resto; la puesta en práctica de la solidaridad, la cooperación y la ayuda mutua.

Es en esos primeros años de vida cuando más vital e importante resulta enseñarles a aceptar la diferencia y al diferente desde el respeto. No se trata tan sólo de evitar guetos, sino también de ayudar a todos los niños a aceptar y apreciar la riqueza de la diversidad. De ahí la importancia de que esté presente y coexista en el aula. No sólo en cuanto a capacidades, sino también respecto a estratos socio-culturales diversos, procedencia geográfica, creencias y religiones, etc. Si los segregamos desde niños, ¿cómo va a ser posible la convivencia, la tolerancia y la aceptación mutua de los adultos del futuro?

Beneficios para la sociedad: La integración escolar es, por tanto, la única vía real para alcanzar una inclusión social real de las personas con discapacidad. Para potenciar valores como el respeto a la diversidad, la tolerancia, la solidaridad, la aceptación de la diferencia, la convivencia entre ciudadanos con diferentes capacidades y, en definitiva, para modelar una sociedad donde la norma sea la tolerancia y el respeto.

pintar pies

Sin embargo, todos estos beneficios sólo serán posibles cuando la inclusión escolar sea real en la práctica y no tan sólo una bonita teoría como ocurre ahora mismo. Desgraciadamente, y en la mayoría de los casos que conozco, está muy lejos de ser una realidad. Se ha reducido a la mera matriculación de ese alumno en un centro ordinario donde, simplemente, se limita a compartir un espacio físico con otros niños pero sin formar parte activa de su mundo. Cierto que se necesita de medios materiales pero lo que precisamos, sobre todo y por encima de todo (y hablo desde nuestra experiencia particular), es de recursos humanos apropiados:

Recursos: es necesario que la Administración (que nunca se ha acordado de la diversidad en sus sucesivas y nefastas reformas educativas) aporte un número suficiente de profesores que evite la masificación de las aulas y permita al tutor de la clase prestar al alumno con discapacidad la atención que necesita, dentro del entorno natural que es su aula.

Docentes con la aspiración de suplir la carencia de recursos materiales con ganas, vocación, entrega, sensibilidad y creatividad. Muchas veces, la falta de medios se puede suplir con estrategias y recursos nacidos de la vocación y la imaginación (vuelvo a hablar desde nuestra propia experiencia). Necesitamos de maestros y profesores que se involucren de verdad, no sólo en el avance académico sino, y sobre todo, en la inclusión social de ese alumno. Profesores valientes que ignoren la rigidez de temarios y libros de texto y adopten nuevas metodologías que permitan respetar las características únicas y especiales de cada uno de los niños de su clase. Metodologías que ayuden a todos los niños de la clase a avanzar en función de sus características, intereses y capacidades, y no al ritmo impuesto por temarios y programaciones. Docentes que miren al alumno con discapacidad como un reto y una oportunidad, y nunca como un problema. Si el maestro está realmente convencido de esto, su actitud logrará transmitir esta idea también al resto de niños y a sus padres.

Modificación de las actitudes mentales en la sociedad: se necesita de padres que no trasladen a sus hijos la idea de que su compañero de clase es una rémora y un obstáculo para el avance de su aprendizaje. Padres más preocupados por los valores que la convivencia en la escuela aporta a sus hijos, que por sus teóricos avances académicos y el boletín de notas. ¿Por qué y para qué tanta prisa? Tienen toda la vida para aprender. No hay absolutamente ningún estudio que demuestre que la precocidad en lectoescritura o cálculo conduzcan al éxito académico, social o laboral y mucho menos a la felicidad personal. Permitamos que nuestros hijos se formen, primero y ante todo, como personas y llenémosles después la cabeza de letras, números y datos.

Entiendo que la presión fundamental proviene de la sociedad y de la esclavitud a la que nos somete esa búsqueda constante de logros, del éxito. Sé que docentes y padres formamos parte de esa misma sociedad, pero deberíamos ser los primeros en hacer esta reflexión y convencernos de lo importante que es llegar al destino, pero con seguridad y firmeza, sin prisas, presión o sentido de la competencia. Y no nos olvidemos nunca de que los beneficios de la inclusión escolar del alumnado con diversidad funcional circulan en ambas direcciones.

beneficios de la Inclusión Escolar para todos los niños y para la sociedad

Inclusión Escolar: todos ganamos

ayuda-al-estudianteQuiero agradecer a Carlos Arroyo que me haya permitido compartir experiencias y reflexiones en su espacio “Ayuda al Estudiante” dentro de la sección de Blogs de El País.

Podéis leer la colaboración de Cappaces en el siguiente enlace: Todos ganamos con la inclusión escolar

Deberes vs Actividades Extraescolares

Deberes versus Actividades ExtraescolaresYa hemos llegado a 3º de Primaria. La vida nos está cambiando bastante debido a ese empeño del sistema en sobrecargar el temario en el primer curso de cada ciclo (especialmente 1º y 3º), para después convertir el segundo en un repaso del anterior. ¿No sería más sensato y menos estresante para los niños (y padres) repartir esos contenidos entre los dos cursos que componen cada ciclo?

En fin, es lo que toca y en esas estamos…. Sin apenas tiempo para nada, porque la carga de deberes y de cuestiones a analizar, comprender y memorizar ha aumentado notablemente y me niego a que renuncie a las actividades extraescolares. Estoy bastante harta de escuchar y leer acerca de la demonización que se viene realizando sobre las actividades extraescolares. Pocas veces se habla sobre ellas de forma positiva y se insiste en ciertos calificativos y estigmas para definirnos a los padres partidarios de estas actividades complementarias.

No, señores, no aspiramos a convertir a nuestros hijos en Einsteins, Mozarts, Messis o ejecutivos de Inditex. No queremos que sean extraordinarios o que nos saquen de pobres. Simplemente pretendemos cubrir las inmensas carencias del sistema educativo oficial respecto al arte, la música, la danza o el deporte. A cultivar todas esas áreas tanto o más importantes para su formación como personas, como los conocimientos académicos en matemáticas, biología, historia, física o filosofía. No queremos sobrecargar a nuestros hijos. Nuestros hijos están sobrecargados porque el sistema se ha empeñado en que cinco horas lectivas diarias no son suficientes y deben llegar a casa y hacer más de lo mismo durante dos, tres, cuatro o las horas extras que el sistema (a través de algunos docentes) estime necesarias. Resulta absolutamente demencial.

Antón es todavía pequeño y hasta ahora la carga lectiva extraescolar ha sido sensata, pero mucho me temo que tengamos que reproducir la situación por la que transitó su hermana mayor. Cada vez que pienso en todas las horas y energías que le he visto desperdiciar durante estos últimos cursos, me hierve la sangre… Por el contrario, no me arrepiento en absoluto de todas las actividades complementarias en que la hemos inscrito desde los 4 años: pintura, barro, baile (popular y moderno), pandereta, patinaje, fútbol, voleibol, piano, teatro…

Actividades Extraescolares

Gracias a Julio, Miguel, Marta, Sandra, Clara, Ruth, Carmina, Esther, Pedro, Alberto… y el resto de fantásticos monitores/profesores de los que ha disfrutado mi hija en estos años

En algunas actividades ha disfrutado más que en otras pero todas, absolutamente todas, le han servido para aprender, formarse y relacionarse, al tiempo que le han permitido experimentar en diversos mundos hasta conducirle a su actual pasión: el atletismo. Mi hija disfruta con este deporte y ha descubierto un mundo que, seguramente, le pueda ayudar a superar esa difícil prueba que es la adolescencia. Espero (ojalá) que le ayude a tener un aliciente, una pasión en su vida, a ampliar su círculo social a través de entrenamientos, viajes y competiciones, a ser consciente de que debe cuidar su cuerpo y a aspirar a algo más que la llegada del “momento botellón” durante el fin de semana.

Sin embargo, y hasta llegar a dar con esta afición, ha necesitado de un largo recorrido y del contacto con diferentes actividades y disciplinas. Resulta muy triste ver cómo a medida que los niños van creciendo y avanzando cursos, la mayoría de padres sacrifica el deporte, la música, el arte o cualquier otra actividad, a causa de la sobrecarga que sus hijos llevan a casa en forma de deberes.

Sé que las circunstancias de Antón son diferentes a las de su hermana y que su discapacidad sí exige ciertas tareas de refuerzo en casa, dado que los recursos de la escuela pública son muchas veces insuficientes para atenderle con el tiempo y en la forma que necesita. Resulta imposible dedicarle la atención que precisa en un aula donde comparte espacio con otros 23 niños (otra aberración del sistema), cada uno de ellos con sus propias y particulares necesidades, al tiempo que las horas de apoyo se reducen cada curso que pasa. Así que, no nos va a quedar más remedio que trabajar en casa y ampliar la jornada académica pero insisto en que es un caso muy particular. No se debería obligar a la mayoría de los niños a prolongar su jornada académica.

Tampoco es que yo tenga especial prisa en que mi hijo aprenda lo que la programación dicta cada curso. Pero parece que el sistema sí. Y, desgraciadamente, es ese sistema el que moldea nuestra vida social porque, llegados al final de cada ciclo, si el alumno no ha alcanzado los objetivos que se han determinado, se le obliga a repetir curso. Y eso, para cualquier niño, pero más aún para un niño con diversidad funcional, significa destruir todas sus referencias, al separarlo del grupo dentro del cual ha podido lograr una cierta inclusión social.

La alternativa en forma de adaptación curricular también resulta peligrosa, porque ese niño ya es lo bastante diferente a sus compañeros, como para añadir que en clase realice otras actividades y tareas distintas a las del resto o que deba salir continuamente del aula para recibir una atención diferenciada.

La solución sería que el sistema no tuviera tanta prisa y, sobre todo, que los niños recibieran una Educación individualizada que respetara sus características y particularidades. No todos los niños deberían estar realizando las mismas tareas ni al mismo ritmo. El “niño-tipo” NO existe. Ahora mismo, quien no alcanza ese prototipo de alumno se queda atrás. Y quien lo rebasa (y se aburre), también. Es el sistema el que debería adaptarse al niño y no el niño al sistema. Lo único que se consigue por esta vía es que muchos alumnos se queden por el camino.

Todas estas connotaciones negativas del sistema educativo y de los deberes, no repercuten tan sólo en el alumnado condicionado por alguna discapacidad. Estoy convencida de que los deberes generan grandes desigualdades sociales en la escuela. No todos los alumnos pueden recibir en sus casas el apoyo necesario, bien porque sus padres están ausentes trabajando, porque carecen de los recursos culturales necesarios para ayudarles o de medios económicos para pagar a quien lo haga por ellos.

Sin embargo, y a pesar de todas esas circunstancias que rodean a Antón, no quiero sacrificar la felicidad y todo cuanto le aportan las actividades extraescolares. Son su mayor motivación a lo largo del curso. Lo primero que dice al despertarse los martes es: “¡qué bien, hoy tengo teatro!”. Mientras desayunamos los jueves, se emociona al acordarse de que esa tarde Javier le va a enseñar a tocar la batería. La clase de solfeo no le gusta tanto, pero ha asumido que tiene que aprender a leer la música para poder interpretarla. Llegado el fin de semana, no le importa que llueva o truene y la perspectiva de montarse en la piragua y luchar contra las olas de la ría, le convierte en un niño alegre, motivado y feliz. Ninguna de estas actividades le va a ayudar a comprender lo que son las decenas de millar o cómo funciona el aparato excretor, pero el placer y la autoestima que le aportan son infinitas. Y no, no vamos a renunciar a ello…

Actividades Extraescolares

Gracias en nombre de Antón a: Rebeca, Iria, Ramiro, Keke, Sandra, Javier, Lauren, Ricardo, Karin, Jonathan y a todos los monitores/profesores que le quedan por disfrutar

A este afán porque mis hijos encontraran una pasión particular que les sirviera de motor en la vida, se une el horario tan demencial que la escuela pública ha adoptado en algunas comunidades como la nuestra. La jornada continua (de 9:00 a 14:00), además de suponer (a mi entender) una aberración pedagógica, deja a los niños con una larga tarde por delante que suele ocuparse en alguna de estas opciones: televisión, videojuegos y redes sociales. Ojalá el mundo de ahora se pareciera al de antes, porque lo suyo sería que después de comer y descansar un rato, bajaran a jugar a la calle o al descampado como hicimos nosotros. Pero la sociedad que hemos creado exige padres/madres a su lado en el parque y eso, muchas veces y a causa de la incompatibilidad entre horarios laborales y escolares, resulta imposible.

La inclusión social de los niños con diversidad funcional suele ser más compleja fuera que dentro del aula. El “momento patio” evidencia ese fracaso. Como también el entorno del parque. Ha sido mucho más fácil normalizar la vida de mi hijo a través de las actividades extraescolares que jugando en la calle, ya que sus características no le permiten jugar al fútbol, a la pilla-pilla ni subirse solo a los columpios. Las actividades extraescolares, regladas y dirigidas por un adulto, le permiten estar en igualdad de condiciones respecto al resto. Y este es un motivo más para defenderlas.

Yo, desde luego, no encuentro más que beneficios en las extraescolares, mientras que los deberes porque sí y sin sentido, me parecen cada día más perjudiciales. Estoy convencida de que lo único que consiguen es que los niños aborrezcan la escuela, además de matar su curiosidad y anular sus ganas de aprender.

Por cierto, aconsejo leer este artículo para comprobar una vez más que, en cuanto a Educación se refiere, no es necesario inventar la rueda, bastaría con imitar a quienes lo hacen bien: Finlandia destruye 8 soluciones por las que ha optado la educación española

De Letras y de Ciencias

Ciencias y LetrasEsta mañana, camino del bus, Antón y yo hemos ido repasando los contenidos del control de Conocimiento del Medio que tenía hoy. Entre ellos, las etapas de la vida: gestación, infancia, adolescencia, madurez y vejez. Pues bien, en las diferentes etapas de mi propia vida, he tenido distintas relaciones con la rama de las ciencias: en la infancia (EGB) odiaba las matemáticas, para pasar a aborrecer las ciencias en general al llegar a la adolescencia (BUP). La causa: una serie encadenada de docentes de estas asignaturas en el instituto que eran tan abominables, como maravillosos aquellos que me impartieron Historia, Literatura o Lengua. Esto, sumado a esa otra abominación de obligar a un alumno a elegir entre ciencias o letras, cuando aún no tiene edad ni criterio para decidir cuestiones mucho más básicas de la vida diaria.

Así que, dadas mis experiencias con los profesores de Ciencias, me decidí por las Letras. Pero no letras a secas, sino letras purísimas. Tanto, que incluían hasta griego. Todo por mantener ecuaciones, derivadas, tablas periódicas, átomos, neutrones y formulaciones lo más alejados de mi persona que fuera posible.

No fue hasta alcanzar la “Madurez”, cuando empecé a ser consciente de lo mucho que, en realidad, me gustan las ciencias. Especialmente la biología. Cuando fui madre y empecé a llevar a mis hijos a ciertos museos relacionados con la ciencia y la tecnología, me encontré como una niña más: parándome a leer cada explicación en paneles y cartelas, a ver todos y cada uno de los vídeos o hacer cola para manipular cada elemento interactivo que encontraba a mi paso. Mamá era siempre la última en salir de la exposición y, tan inmersa estaba en aquel mundo que empezaba a descubrir, con una curiosidad igual de infantil que la de sus propios polluelos, que llegaba a desentenderse de ellos. Menos mal que siempre podían recurrir a su padre, a quien el sistema encaminó y especializó en el sendero contrario: el de las Ciencias.

Como mi intención es evitar que esta experiencia se repita en mis hijos, en nuestra casa nunca se ha hablado de las Humanidades en contraposición a las Ciencias, ni viceversa. Ambas son igual de apasionantes, complementarias y necesarias. Es una pena que nuestro sistema educativo, donde tantas reformas se han sucedido durante los últimos años (a cada cual peor que la anterior), no sea capaz de incorporar esta idea, que es puro sentido común. Seguimos empeñados en especializar y bifurcar el interés por aprender y la curiosidad innata de nuestros niños.

Así que, me encuentro descubriendo, al mismo tiempo que mis hijos, un mundo que por culpa del sistema creía aborrecer. Esta reflexión me ha surgido a raíz del trabajo conjunto que estamos haciendo Antón y yo en las últimas semanas para descubrir juntos todos los entresijos de esa máquina tan fascinante que es el Cuerpo Humano. Por el camino hemos encontrado aplicaciones maravillosas que iremos señalando en las próximas entradas.

Instrumentos que permiten innovar y motivar mediante la utilización de las TICs

Introducir tecnología en las aulas  no puede consistir tan sólo en sustituir libros por portátiles o cuadernos por tabletas. La utilización de estas herramientas de información y comunicación debe impulsar también una transformación de la metodología y de la forma de alcanzar diferentes objetivos pedagógicos y académicos.

El libro de texto digital no puede limitarse a reproducir la dinámica del libro en papel sobre un formato digital. Es más, quizás debiéramos plantearnos su eliminación o, al menos, promover que se utilice en menor medida. Los libros no pueden seguir siendo la columna vertebral de la enseñanza. Ese papel corresponde al docente que ve minada su libertad, imaginación y vocación por la dictadura que implica la rigidez de temarios y libros de texto.

Deberíamos aprovechar esa multitud de herramientas que se encierran en una tableta: diccionarios, enciclopedias, mapas, cámara de foto y vídeo, grabadora, editor de textos y presentaciones, aplicaciones que permiten componer collages, cómics, libros… Las posibilidades son infinitas,  así que no deberíamos limitar su uso al acto de abrir un libro digital por tal página o utilizar determinada aplicación para reforzar la ortografía, las tablas de multiplicar o los conocimientos de anatomía.

Hace unos meses mi hija me pidió que le ayudara a crear su propio blog. Es una lectora voraz y quería compartir los libros con los que más había disfrutado y que más le habían conmovido. Así nació Ler para dentro. La administración de este espacio y todo lo que implica, quizás le haya restado tiempo para hacer deberes y estudiar, pero lo que ha ganado a cambio es impagable.

Educacion y TICs

lerparadentro.com

No sólo ha sido un incentivo más a su pasión por la lectura, sino que le ha dado la oportunidad de aprender de multitud de temas y sobre la utilización de diferentes herramientas a través de la práctica:

  • Elección del nombre del blog
  • Diseño, contenido y estructura del blog
  • Definición de categorías y etiquetas
  • Manejo de documentación e información (sobre las obras, enlaces a biografías y webs oficiales de los autores)
  • Búsqueda, selección y descarga de imágenes
  • Creación de imágenes propias (manejo de la cámara, de aplicaciones de fotografía, edición de imágenes, etc.)
  • Redacción y revisión de textos, cuidado de la ortografía, edición de textos, práctica de la mecanografía…
  • Aprender los entresijos de la informática más allá del “abrir” y “aceptar”
  • Interacción con sus lectores a través de comentarios, correos y mensajes. Una forma de aprender a relacionarse en la galaxia virtual que les ayudará después a saber cómo moverse por las redes sociales

Educacion y TICs

Con el tiempo, además, no sólo ha dado cabida en el blog a sus lecturas preferidas, sino que también ha explorado otras vías de creación, incluyendo textos propios y aprovechando este espacio como excusa para cultivar y compartir otra de sus pasiones como es la fotografía. Su último proyecto es la publicación de algunos de los cuentos que ha escrito. Está colaborando con un compañero de clase, que es un genio del dibujo, para ilustrarlos. ¿Qué mejor manera de cultivar la creación artística y fomentar el trabajo en equipo?

Con todo lo descrito, ¿cómo no se va a aburrir con los ejercicios de corta y pega manual que significan las actividades de los libros de texto? Es más, me parece un milagro que no se haya rebelado y negado en redondo a dedicar tiempo a estas tareas. Lo acata y hace los deberes de turno sin ganas y con resignación, lo que me plantea enormes dudas acerca de su utilidad y sobre si es realmente una forma eficaz de alcanzar un aprendizaje y asimilar conocimiento. Resulta extraordinariamente aburrido y poco motivador hacer las cosas sin sentido y sin un objetivo claro. Sobre todo si se tiene 12 años y se está rodeada de infinidad de actividades e instrumentos fascinantes y sugerentes.

Saquemos provecho de las tabletas y de las pizarras digitales. Las posibilidades seguramente sean infinitas. Se podría utilizar en el aprendizaje de conocimiento del medio, animando a los alumnos a salir con sus cámaras a retratar la flora de su entorno, buscar información en internet y elaborar una presentación particular sobre el tema. Lo mismo con el patrimonio arquitectónico, etnográfico o cultural del lugar en el que viven. Existen aplicaciones que permiten la creación de collages y composiciones, cuentos ilustrados, cómics y hasta revistas.

Estos dispositivos resultan también herramientas increíbles en cuanto a la enseñanza de lenguas extranjeras. Recuerdo cuando en mi época de EGB nuestra innovadora maestra de inglés nos inscribió en un programa para cartearnos con niños anglosajones. Resultó una experiencia increíble que, sin embargo, requería de enormes dosis de paciencia dado lo prolongado del tiempo que transcurría entre el envío de una misiva y la contestación de mi pen-friend de Cardiff. El correo electrónico y las plataformas de mensajería instantánea posibilitan una inmediatez que constituye el más poderos de los estímulos. Nada mejor para incentivar el aprendizaje de otro idioma que la utilización del instrumento que le da sentido: la comunicación. Y no son pocas las iniciativas que existen en la red que propician el encuentro y la comunicación entre alumnos de diferentes países.

Todo esto no supone más que una pequeña parte de la infinidad de actividades que permiten las TICs. Son, además, actividades dinámicas que convierten el acto de aprender en algo lúdico, emocionante y activo. La letra no entra con sangre, así solo se alcanza el desinterés, la alienación y el aborregamiento. Y nosotros deberíamos aspirar a formar niños despiertos, creativos y, sobre todo, felices.

Enlaces relacionados:

Aplicación de las nuevas tecnologías a la Educación

Enseñar dónde, cómo y con quién

Enseñar dónde, cómo y con quién

IMG_6064Saber dónde. En la anterior entrada reflexionaba acerca de las carencias que tienen muchas veces nuestros niños cuando se colocan frente a la pantalla del ordenador, desmintiendo así ese tópico generado por su definición como “nativos digitales”. Lo cierto es que no saben dónde encontrar la información que precisan, ni distinguir las fuentes fiables de las que no lo son. Lo ilustraba con el ejemplo del esfuerzo que supuso para mi hija localizar una simple poesía por encargo de uno de sus profesores.

Además de las horas de práctica necesarias para aprender a localizar información en la red, sería también necesaria una adecuada orientación por parte del docente, encaminada a enseñar a sus alumnos la forma más efectiva de localizar esa información, así como los criterios de búsqueda y las combinaciones de palabras más eficaces en cada caso.

Cuando se encarga a un alumno buscar en internet un poema (o cualquier otro tipo de documento o información), debería instruírsele previamente sobre cómo hacerlo. O, al menos, aprovechar esa experiencia con posterioridad: se podría utilizar este tipo de actividad no sólo para cultivar la afición a la poesía, sino también para realizar una puesta en común posterior en la clase donde los alumnos compartieran su experiencia en esta búsqueda. Podrían cotejar el tiempo invertido por cada uno, analizar y comparar los términos de búsqueda empleados, para concluir cuál es el mejor camino y el criterio más eficaz para completar con éxito y en el menor tiempo posible el ejercicio.

Me he hecho el firme propósito de reservar algún hueco a lo largo de la semana, para instruir a mi hija sobre el manejo y la búsqueda de información en la red. Se desenvuelve a las mil maravillas en Tuenti o Youtube, dadas las horas invertidas en estas plataformas. Saber buscar en internet información fiable y con la mínima pérdida de tiempo, es una habilidad que también requiere de práctica.

Saber cómo. La falta de criterio y de juicio crítico de los niños no se aplica tan sólo a la búsqueda de información. Hace unos días mi hija descubrió (con cinco años de retraso) la canción Viva la vida de Coldplay. Tanto le entusiasmó, que buscó la partitura en internet para poder tocarla al piano. Esta aventura nos ha costado una infección de virus y troyanos en el PC de consecuencias todavía imprevisibles. Ha servido, sin embargo, para que por fin entienda que no debe teclear nunca en la barra de Google la combinación “descargar” + “gratis”. Es el camino más recto para instalar archivos que acaben cargándose nuestro ordenador.

Los niños y adolescentes no instruidos en el uso adecuado de la tecnología, son extraordinariamente imprudentes. No se puede dar a “aplicar”, “descargar” o “instalar” sin pensárselo dos veces como hacen ellos. Por no hablar de que no saben cómo salir del lío cuando el sistema se colapsa o la interfaz gráfica no responde como debe, a no ser “apagando por las bravas”. Desterremos el falso mito de los “nativos digitales”. Ser un usuario activo de tecnología no garantiza el saber cómo utilizarla sin unos conocimientos básicos previos y una adecuada supervisión.

Cierto es que no se necesita conocer con precisión el funcionamiento de un motor para conducir un coche. Pero sí resulta imprescindible conocer las normas de circulación, distinguir las señales de tráfico, saber cómo revisar la presión de los neumáticos y hasta cómo cambiar una rueda.

Educacion y TICsSaber con quién. Los “inmigrantes digitales” estamos tan preocupados porque nuestros hijos sepan desenvolverse en el mundo virtual, que muchas veces les dejamos acceder a él de forma ilimitada, sin formación, sin guía y sin supervisión.

Existen dos tipos de ciberpadres:

Los despreocupados. Formado por aquellos que no ejercen ningún tipo de vigilancia ni control, amparados en la aparente seguridad física de tener a su hijo a salvo entre las cuatro paredes de su habitación. Hasta que un día se despiertan, entre desconcertados y sorprendidos, por la depresión en que está sumida una hija, a quien en la intimidad de sus cuatro paredes se le ocurrió mandar a su novio una foto en ropa interior que circula ahora por medio instituto, o de un hijo sometido a ciberbullying a través de una red social.

Son muchísimos los epígrafes que se podrían dedicar al desconocimiento o mal uso que los niños y adolescentes hacen de la tecnología y de la red. Sólo intento desbaratar esa idea de que es un mundo en el que saben desenvolverse sin problemas y donde nos llevan una enorme delantera. No es verdad. Y deberíamos interiorizar esto cuanto antes para evitar las consecuencias de ese mundo tan grande como variado, donde hay información, arte, creatividad, amistad… y también riesgos, accidentes y peligros.

Los ciberhistéricos. Este segundo grupo lo constituyen padres convencidos de que hay un pederasta listo para acosar a sus hijos al primer clic que estos ejecuten. De tal modo, que restringen su acceso a internet y apenas sí les dejan consultar el correo electrónico o la web de la escuela. Privan a sus hijos de las inmensas posibilidades del Universo Google.

A la espera de que aparezca una tercera opción más sensata, yo me encuentro moviéndome entre ambas categorías dependiendo del momento, aunque debo reconocer que el pie de la histeria está más anclado que el de la despreocupación. Y, del mismo modo que mi madre me contaba cuanta violación tenía lugar en 10.000 km. a la redonda cuando yo era adolescente y anunciaba mi intención de regresar tarde, me veo ahora a mí misma transmitiendo a mi hija cada noticia que aparece en relación al ciberacoso, al sexting y al grooming.

Cuando creía saber todo sobre este tema, me sorprendieron los nuevos datos que ella misma me aportó a raíz de una charla impartida en su instituto por un equipo especializado de la Guardia Civil. Este tipo de encuentros debería ser obligatorio en las escuelas al menos una vez por semestre. Tanto para los niños como, y sobre todo, para sus padres.

Suelo estar vigilante a los pasos de mis hijos en el ciberespacio. Algunos padres consideran que esto supone una intromisión en su intimidad. Sin embargo, si nos preocupamos por saber con quién se relacionan en el mundo real, a dónde van, cuándo y durante cuánto tiempo, no deberíamos considerar una intrusión en su privacidad el saber de estas circunstancias también en el mundo virtual. Considero que informarme sobre dónde y con quién han estado mis hijos en internet, no equivale a leer su diario. Aunque como nadie me ha formado ni orientado sobre esto, puedo estar perfectamente equivocada. Cada vez que algún aspecto de la educación de mis hijos me plantea alguna duda, suelo remitirme a cómo resolvían mis propios padres situaciones similares. Valoro como adecuada, sensata y justa la forma en que ellos me educaron e intento obrar siempre del mismo modo o, al menos, de forma similar. Sin embargo, ese recurso no me sirve en este campo. Somos nosotros quienes nos vamos a tener que encargar de señalar el camino por primera vez. Y esa idea asusta… y mucho.

Enlaces de interés:

Pantallas amigas

Protégeles

Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil

El blog de Angelucho

Violencia Sexual Digital

Ciberacoso

Sexting

Stop grooming!

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Aplicación de las nuevas tecnologías a la Educación

Instrumentos que permiten innovar y motivar mediante la utilización de las TICs

Aplicación de las nuevas tecnologías a la Educación

Educacion y TICs

Educacion y TICs

Competencia digital. Nos vemos constantemente bombardeados con noticias, artículos y estudios de los especialistas más diversos, sobre la necesidad de introducir en la escuela las nuevas tecnologías de la comunicación e información (eso que conocemos con el manido acrónimo de TICs). Pedagogos, científicos, periodistas… todos, absolutamente todos, inciden en la idea de que la sociedad que hemos creado en el siglo XXI, obliga a que los alumnos sepan desenvolverse en el mundo digital.

Y, aunque resulte una obviedad, estas competencias requieren, para empezar, que los niños estén en contacto con este tipo de dispositivos. Esto es algo que debería garantizar la escuela pública, dados los claros desequilibrios sociales que impiden que todos los niños tengan acceso a un ordenador o cuenten con conexión a internet, los dos factores principales para desarrollar esas competencias.

Así que, estamos inmersos en la tarea de llenar las aulas de dispositivos (ordenadores de mesa, portátiles, pantallas digitales, tabletas…) y generalizando el acceso a internet en las escuelas. Ahora bien, la competencia digital no se logra tan sólo poniendo estos instrumentos a disposición del alumno. Si cambiamos las herramientas pero seguimos empleando la misma metodología del pasado, nada cambiará. La metodología actual es la misma que se empleaba cuando estudiaba yo y cuando lo hacían quienes se lo podían permitir en la época de mis abuelos y hasta bisabuelos. Sin embargo, el mundo en que vivimos ya no se parece en nada a aquél.

No se trata simplemente de sustituir los lápices y cuadernos por portátiles o tabletas, y los libros en papel por formatos digitales. El cambio no consiste en esto. La transformación de la educación para adaptarla a la sociedad de la comunicación va mucho más allá. Y ese cambio radical es imposible sin una modificación de la metodología que garantice el aprendizaje, ya que la mera introducción de tecnología en el aula no lo garantiza.  Lo que resulta realmente definitivo es el procesamiento de la información que el alumno realiza. Y para ello es determinante el papel del profesorado.

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La tecnología es un mero instrumento que abre nuevos caminos y permite posibilidades impensables hasta ahora. Garantiza el acceso a la información de forma ágil y cómoda. Sin embargo, es necesario educar a los niños para que adquieran sentido crítico. Orientarles y guiarles para que sepan cómo acceder a esa información.

Juicio crítico. Tenemos la falsa percepción de que los niños van por delante de nosotros en cuanto a su desenvolvimiento en el mundo virtual, pero esta es una verdad a medias. Los niños y adolescentes son auténticos expertos en juegos digitales, saben cómo acceder y descargar los contenidos que les interesan (juegos, música, películas) y se mueven como nadie en las redes sociales. Sin embargo, cuando un niño (e incluso muchos adultos) busca información en internet, se queda con lo primero que Google le muestra, sin valorar la fiabilidad y credibilidad de esa fuente. Y en la red hay tanta información y documentación, como desinformación, mentiras y medias verdades. Es necesario enseñarles a distinguir la información fiable y documentada, de aquella que no lo es.

Es indispensable educar al alumnado en la utilización correcta de los buscadores, así como orientarles hacia sitios, páginas y webs de confianza, que son infinitos en la blogosfera. La red nos da acceso a infinidad de bibliotecas públicas digitales, a bancos de imágenes, diccionarios y enciclopedias, museos virtuales.… Ni siquiera es necesario ya desplegar los viejos mapas polvorientos, ahora podemos asomarnos al mundo a través de Google Earth. Las posibilidades a nuestro alcance son infinitas, pero hay que aprender cómo y a dónde ir. Y esta labor de formación descansa sobre los docentes.

Nuestros niños también desconocen cuáles son los criterios de búsqueda o la combinación de palabras que resulta más apropiada a la hora de encontrar una información concreta. He visto a mi hija desesperarse buscando una poesía en internet, sin éxito y durante casi media hora, para a continuación quedarse perpleja al ver como su madre era capaz de localizarla  en medio minuto y a un golpe de clic.  Debería incluirse entre los objetivos de la escuela, el enseñar a los alumnos la forma más adecuada para localizar la información que les interesa, así como dilucidar cuáles son las palabras o expresiones clave para acceder a ella. Son indispensables, además, muchas horas de práctica para alcanzar esta habilidad. De la misma forma que es imprescindible la realización de cuentas y ejercicios prácticos para adquirir destreza en el cálculo matemático.

La tecnología en si misma no garantiza una mayor motivación e implicación del alumnado. Incentivar y aprovechar esa curiosidad innata que tienen los niños es tarea del profesor. Esta motivación se puede espolear a través del cambio de la metodología didáctica que requiere la utilización de estas nuevas herramientas digitales. Nos abren posibilidades inmensas e increíbles en cuanto a la generación de contenidos. El libro digital no puede consistir tan sólo en un cambio de formato. La mayoría de editoriales denominan así a la reproducción del libro de texto, a una mera maqueta digitalizada de la versión en papel. Esto no es un libro digital.

Las tabletas y los portátiles tampoco deberían reducir su papel a ser meros  “contenedores” de aplicaciones o de libros de texto, sino que deberían utilizarse como herramientas para la creación de material por parte del alumno. Facilitan el acceso rápido a fuentes de  información, ofrecen la posibilidad de hacer fotos, grabar vídeos, audios… Es fabuloso el rendimiento que se le podría sacar a la combinación de estos elementos, si se realizaran buenas actividades con una metodología adecuada.

Educacion y TICsY para ello sería también necesaria una adecuada formación de los docentes que, en la actualidad, carecen de guía sobre cómo integrar estas nuevas tecnologías en la estructura de la clase y el currículo académico. Esta orientación, cuando existe, se limita a una formación meramente técnica, a instruirles sobre qué botones pulsar y no acerca de las infinitas posibilidades pedagógicas que estas herramientas ofrecen. Existen muchos profesores y maestros que están implementando una nueva pedagogía real utilizando las TICs, fruto de su propia iniciativa e impulsada por la vocación, la curiosidad y el deseo de innovar.

Lo que sí resulta incuestionable, aún con la metodología clásica, es la importancia de las nuevas tecnologías para el alumnado con diversidad funcional. A mi hijo le resultaría imposible ejecutar trazos legibles con un lápiz. No puede esperar uno, dos o quince años a mejorar sus habilidades en cuanto a la motricidad fina para aprender escribir, cuando es perfectamente capaz de hacerlo mediante un teclado. Lo importante es aprender a leer y escribir, lo de menos la herramienta empleada. Sin embargo, esto  es algo muy concreto y específico.

Educacion y TICsNo me gusta la educación actual que sigue tratando a todo el conjunto de niños de una clase como un todo homogéneo, con los mismos libros, la misma metodología y los mismos objetivos. Cada niño debería aprender siguiendo su propia evolución madurativa y en función de sus habilidades, inquietudes e intereses. Sin libros de texto, sin programas ni currículos prefijados, sino en función de los intereses y curiosidades que surjan en la clase. Y todo esto es posible con la aplicación de la metodología constructivista y el trabajo por proyectos.

Hoy en día nos estamos volviendo locos introduciendo TICs en las aulas, sin ton ni son. Si Antón pudiera escribir a mano, sería absurdo que hiciera todo lo que se ve obligado a hacer para ejecutar los ejercicios en el mal llamado libro digital de que dispone (y que no deja de ser una maqueta en pdf del libro en papel y resulta una auténtica pesadilla). La revolución digital es otra cosa y no consiste en llenar la aulas de portátiles o iPads. Debería consistir en enseñar a los niños a utilizar esas herramientas.

La educación tal y como se aplica hoy en día no funciona. Prueba de ello es el elevado índice de fracaso escolar que, no sólo no disminuye, sino que no deja de incrementarse curso tras curso. La metodología actual no es efectiva y, muchas veces, aburre o aborrega a los niños. La solución no reside en cambiar los instrumentos (sustitución de libros por tabletas), sino en cambiar la forma en que se enseña. Y no hace falta inventar la rueda, ya está inventada y se llamada metodología constructivista y trabajo por proyectos.

Espero que algún día administración, docentes y familias dejemos de lado nuestros respectivos intereses y podamos alcanzar un consenso para llevar a cabo los cambios que la Escuela Pública precisa, para convertir la Educación en un instrumento real de avance y progreso. Porque, ahora mismo, quienes están en medio y pagando los platos rotos de nuestras discrepancias son los niños. Sin educación nunca alcanzaremos esa sociedad justa y equitativa que lleva soñando la humanidad desde su origen.

Todos iguales en Sistema educativo

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Enseñar dónde, cómo y con quién (Seguridad en la red)

Instrumentos que permiten innovar y motivar mediante la utilización de las TICs

Pequeños consejos para aprender y disfrutar en verano

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Conviene analizar aquellos puntos o temas donde el niño ha encontrado mayores dificultades a lo largo del curso e idear recursos para que pueda entenderlos y ejercitarlos.

El verano también puede aprovecharse para adelantar temas, materias, conceptos con los que entrará en contacto en el nuevo curso a partir de septiembre. En nuestro caso, estamos abordando las tablas de multiplicar para que no se le haga tan duro el comienzo de curso y le lleve a desmotivarse.

Resulta aconsejable establecer una rutina y plantear un horario regular y un lugar estable de trabajo. Nosotros intentamos hacerlos después de desayunar, momento en que el niño está más fresco e inspirado y no nos condiciona ya el resto del día.

Limitar el tiempo que dedicamos a estas tareas: en el primer ciclo de primaria resulta aconsejable no dedicar más de 40-50 minutos, a lo sumo una hora. El verano es un tiempo de relax y descanso que los niños necesitan. El realizar una pequeña tarea diaria es interesante para que no pierdan el hábito del trabajo, al tiempo que resulta una excelente excusa para dedicarles un tiempo y atención exclusivas. Resulta interesante aprovechar actividades lúdicas para repasar cuestiones académicas pero sin que lo vean como algo negativo y les genere rechazo, de lo contrario, será un tiempo desaprovechado. Es por ello importante la cuestión del tiempo. Más vale media hora bien aprovechada que varias que sólo sirvan para generar rechazo hacia el trabajo académico.

Este tipo de tareas no implican forzosamente sentarse en una mesa y delante de un conjunto de material de trabajo, sino que podemos aprovechar las oportunidades que las actividades/salidas que realizamos en verano nos ofrecen: viajando en coche, en salas de espera de estaciones y aeropuertos, camino de la playa, paseando por el monte, visitando mercadillos, etc. Cualquier entorno nos ofrecerá magníficos recursos para realizar actividades lúdicas que, al tiempo, sirvan para ejercitar contenidos aprendidos durante el curso.

Esos eternos viajes en coche son una excelente oportunidad para plantear diferentes actividades que, además, ayudarán a sobrellevar el tedio del viaje y supondrán una excusa para todos los miembros de la familia puedan interactuar: jugar a las palabras encadenadas, plantear pequeñas operaciones aritméticas que vamos resolviendo todos los pasajeros por turnos, localizar determinados números o letras en las matrículas de otros vehículos, jugar a adivinar palabras que comiencen por determinada letra, observar e identificar elementos naturales del paisaje, etc.

Podemos ejercitar la numeración y practicar el cálculo aprovechando las excusas que nuestras actividades y salidas nos ofrecen: hacer que el niño observe el cartel de los helados y animarle a elegir aquel artículo que no supere determinada cifra, fijarse en el precio de los artículos en los estantes del supermercado a la hora de hacer la compra, observar el cambio a la hora de pagar, hacer que sean los niños quienes se encarguen de pedir la cuenta y decidir con ellos el billete/monedas que debemos entregar para pagar, comprobar el cambio, etc.

El juego de las palabras encadenadas, el veo-veo o el registro de un Diario de Verano supone una estupenda oportunidad para practicar la ortografía y la redacción.

Podemos aprovechar las construcciones de arena en la playa para trabajar el reconocimiento de distintas formas geométricas o ejercitar la orientación espacial.

Aprovechemos cualquier excusa que se nos ocurra. El aprendizaje no debe estar basado únicamente en apps/tecnología o libros de texto. La vida real nos ofrece infinidad de situaciones para que nuestros hijos avancen y progresen en su aprendizaje. Suponen además, una excelente excusa para interactuar con ellos y dedicarles toda nuestra atención que es lo que realmente ellos desean y que actúa como la mayor de las motivaciones.

FELIZ Y PROVECHOSO VERANO

Diario ilustrado del Trabajo de Verano

VERANOVaya por delante que las vacaciones, especialmente las de verano, están hechas para descansar. Sin embargo, es un descanso tan prolongado en el tiempo (quizás deberíamos plantearnos imitar a nuestros vecinos del norte a la hora de repartir mejor los períodos vacacionales), que no está de más reservar entre las actividades de nuestros hijos un espacio para el trabajo y el estudio, aunque revestido de un disfraz todo lo divertido y amable que nos sea posible.

El trabajo de verano ha de adaptarse a las circunstancias de cada niño. A mi hija mayor nunca le impuse una tarea de verano, aunque siempre traté de proveerle de un buen kit de libros para estos meses que se adaptaran a sus gustos, intereses y personalidad (cambiantes con el tiempo). La lectura es, sin duda, la actividad más recomendable para este tiempo, permite a los niños seguir aprendiendo mientras se divierten.

Sin embargo, con el enano la cosa es diferente. Las limitaciones motoras e intelectuales condicionadas por su discapacidad, nos obligan a aprovechar este tiempo para trabajar aquellos puntos donde ha encontrado más dificultades a lo largo del curso, a la vez que intentar adelantar algunos de los temas que se le vayan a plantear de cara al año que viene, de forma que el comienzo de curso no se le haga especialmente duro o desmotivador.

He querido dedicar la entrada de hoy a mostrar algunas de las actividades que utilizamos para lograr estos objetivos.

NUMERACIÓN: Estamos aprovechando el verano para trabajar aquellos puntos donde ha mostrado mayores dificultades durante el curso: contar de 2 en 2, de 5 en 5, de 10 en 10, de 100 en 100… Tanto hacia adelante como hacia atrás. He comprobado que necesita visualizar los números en su conjunto para orientarse y desplazarse en la numeración. Contamos con unas hojas plastificadas que incluyen los números entre 1 y 1000. La utilización de una cinta métrica también es un recurso muy útil, ya que permite visualizar los números de forma lineal.

Por otra parte, utilizamos de forma regular las apps de Rubio para ejercitar el cálculo y practicar operaciones aritméticas.

 NUMERACION

MULTIPLICACIÓN: Tratamos también de aprovechar este tiempo para iniciarnos en el mundo de la multiplicación, que centrará el tiempo de las matemáticas el curso que viene. Lo prioritario es que entienda primero este concepto, más adelante intentaremos memorizar las tablas más sencillas. Utilizamos como apoyo algunas de la aplicaciones para multiplicar reseñadas aquí durante las últimas semanas.

 MULTIPLICACION

LECTURA: Aprovechamos cada día para leer un rato. Hemos escogido libros con historias cortas. Resulta difícil encontrar colecciones que se ajusten a este momento de la lectura, cuando los cuentos pensados para los primeros años resultan ya demasiado infantiles y aquellos destinados a “primeros lectores” son aún demasiado complejos, ya que no permiten completar la lectura de la historia en un tiempo máximo de 10/15 minutos. Mi hijo no tiene todavía la paciencia necesaria para leer libros más extensos que requieren de varios días para completar la historia. Hemos encontrado una colección que nos ha gustado mucho es “Mis primeras páginas” de Almadraba.

Recomendación: tirad de biblioteca y seguro que vuestra búsqueda obtendrá resultados. No seleccionéis los libros en función de vuestros gustos o del mensaje que trasmiten. Elegid aquellos que creéis se puedan adaptar a los gustos y personalidad de vuestros hijos. La clave principal para formar lectores es iniciarse en la lectura divirtiéndose, de lo contrario sólo conseguiremos que la aborrezcan. Ya tendrán tiempo de adultos para acudir a libros que les aporten otros valores más allá del puro placer.

No os fieis ciegamente de las recomendaciones de otros, por muy expertos que sean. Nadie conoce a vuestros hijos como vosotros. La mayoría de libros que le apasionaban a mi hija mayor en estos primeros cursos de primaria, a su hermano pequeño no le dicen nada. He tenido que volver a salir a la búsqueda de nuevos temas y colecciones que en nada se parecen a lo que atraía a su hermana.

Aquí os dejo el enlace de algunas de las colecciones que apasionaron a mi hija entre los 6-9 años:

La casa mágica del árbol. SM (Esta es la única serie de los libros heredados de su hermana que también le encanta al enano)

Katie Kazoo. Bruño

Junie B. Jones. Bruño

Judy Moody. Alfaguara

Ruby Rogers. Anaya

Mila y Luna. Montena

Bat Pat. Montena

Gerónimo Stilton. Planeta

Tea Stilton. Planeta

Manolito Gafotas. Alfaguara

Rebasada esa edad y ya en plena preadolescencia, mi recomendación, sin ningún género de dudas, cualquier título de la Colección Juvenil de la Editorial Salamandra. No ha habido ni un sólo libro de esta editorial que, no sólo no haya defraudado a mi hija, sino que todos le han entusiasmado y renovado su placer por la lectura. Ojalá todas las firmas orientadas a este sector de lectores mimaran tanto lo que editan como este sello.

LECTURA

ESCRITURA: Hemos creado un documento en el Pages del iPad titulado “Diario de Verano”. Aquí Antón escribe cada día unas tres líneas en las que describe o narra lo que más le apetece. Resulta infinitamente más interesante y motivador que las actividades incluidas a tal fin en cualquier libro de vacaciones. Una de las lagunas más importantes que detecto en la enseñanza actual es la relacionada con la redacción. Seguro que todos recordamos aquella redacción semanal ineludible de nuestra etapa de EGB. Suponía un ejercicio de escritura y de estímulo de la imaginación impagable que hoy en día parece completamente abandonado. De la misma forma que sólo es posible aprender a leer ejercitando la lectura, resulta imposible aprender a escribir sin el ejercicio continuo y sistemático de la redacción.

REDACCION

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