Cuatro en Raya
Desarrollador: Ludei
Idioma: Inglés (no relevante)
Precio: Versión lite con publicidad gratuita
Versión libre de anuncios: 0,89 €
Categoría: Lógica / Juegos para compartir
Descripción: Clásico juego del 4 en raya, cuyo reto es colocar las 4 fichas del color con el que jugamos en línea, bien sea horizontal, vertical o diagonal. Además de perseguir este objetivo, nuestra estrategia debe evitar también que el oponente lo consiga antes que nosotros.
Esta aplicación ofrece tres modalidades de juego:
– Dos jugadores (Player vs Player). Marca el turno de cada jugador (amarillo o rojo) remarcando el círculo dentro del cual se inscribe su perfil. Bajo este círculo un contador señala el tiempo restante. Disponemos de 30 segundos para ejecutar este movimiento. Si, pasado este tiempo, no señalamos una casilla, la máquina elegirá por nosotros y puede que este movimiento nos perjudique.
– Jugador contra dispositivo (Player vs Computer). La mecánica es la misma que la descrita en el apartado anterior, sólo que esta vez nuestro adversario es la máquina.
– Multijugador (Multiplayer). Permite invitar a jugar a nuestro contrincante y a la vez ser invitados a través de Wi-Fi o Bluetooth.
Compatible con Game Center. Esta es una de las aplicaciones que incluye el iPad en su configuración de fábrica y que resulta imposible eliminar (junto a Contactos, Mapas, Mensajes, Calendario, Notas o FaceTime). Representa una plataforma que permite jugar en red contra otros jugadores, tanto amigos ya conocidos como rivales desconocidos. Permite utilizar nuestro ID de Apple para iniciar sesión y poder conectarnos. En la sección “Juegos” nos aparecerá un listado de todas aquellas aplicaciones con que contamos compatibles con esta modalidad de juego.
4 en Raya
Desarrollador: Finger Arts
Idioma: Español
Precio: Versión lite con publicidad gratuita
Versión libre de anuncios: 0,89 €
Categoría: Lógica / Juegos para compartir
Descripción: Esta aplicación sigue la misma mecánica que la que acabamos de describir, con la diferencia de que aquí tan sólo nos permite jugar contra el dispositivo. Para enfrentarnos a otros adversarios, deberemos recurrir al Game Center.
Cuenta con la ventaja, respecto a la anterior, de que permite seleccionar entre cuatro niveles de dificultad: Fácil, Normal, Difícil y Experto. Es necesario superar con éxito cada nivel varias veces consecutivas para poder pasar al siguiente.
Dado que ambas aplicaciones son gratuitas y no ocupan demasiado espacio (13,4 y 22,6 MB respectivamente) podemos descargar ambas y utilizar la primera cuando contemos con un oponente de carne y hueso. La segunda se puede reservar para cuando no dispongamos de un rival físico a mano, permite también medirnos contra nosotros mismos, ya que podremos comprobar la evolución de nuestros progresos a través de los niveles que somos capaces de sortear.


En nuestra 
Lo queramos o no, es una evidencia que, en general, los gustos y aficiones de los niños difieren en función del género. Y por mucho que intentemos educarles de igual forma y les ofrezcamos las mismas posibilidades, en general y salvo raras excepciones, sus mundos se separan a partir de los 6 ó 7 años y no vuelven a reencontrarse hasta algún tiempo después.
Otra opción, bastante más excepcional, es la de acoplarse a las niñas. Este es el caso de Antón ya que, debido a las circunstancias derivadas de su discapacidad, también carece de la habilidad necesaria para atrapar bichos o abordar un barco imaginario. Cuando leí esa frase en el artículo de Roncagliolo, entendí que esa definición tan concisa y perfecta (“hablaban más y corrían menos”) resumía en cinco palabras el fundamento del mundo social de Antón: dadas sus dificultades en cuanto a la comunicación expresiva, se le da muy bien escuchar y el movimiento no es precisamente su fuerte.
Parecía misión imposible, hasta que a la maravillosa y tenaz mamá de Brais se le ocurrió probar con el mundo de los juegos de mesa. Aunque inicialmente ambos fueron reacios, la operación acabó resultando un éxito. Y ese ha sido el punto de inflexión que les está volviendo a reunir. Primero fue el parchís, después el Cadoo, el Quien es Quien, dominó, memory… Nuestro último descubrimiento ha sido el ajedrez.
Aunque las habilidades motrices y cognitivas de su amigo quizá siempre estén por encima de las suyas, lo importante es que jueguen y participen de la misma actividad. Han aprendido a asociar ciertos juegos a determinados amigos. Brais sigue jugando al fútbol con Jaime, “a luchas” con Mateo y a la Play con Santi. Y a Antón le sigue encantado jugar “a tiendas”, a “mamás y papás” o a disfrazarse con Yasmin, Manuela o Patri. Finalmente, han aprendido a adaptarse el uno al otro y a encontrar un lugar donde disfrutar juntos. Tenemos la esperanza de que eso les ayude a establecer puentes entre ellos, a afianzar lazos y consolidar una amistad que ojalá les lleve a encontrarse también en otros puntos y momentos de la vida.


Ya hemos visto cómo las palabras pueden crear o destruir porque, muchas veces, elaboran el pensamiento y le dan forma. Los términos llevan asociados ideas, valores y prejuicios que se transmiten en el tiempo. Si queremos cambiar esos conceptos y valores, debemos empezar por cambiar las palabras. La utilización de cierta terminología anticuada y poco apropiada, puede perpetuar estereotipos negativos y reforzar barreras de comportamiento muy importantes. Y son estas barreras las que suponen el principal obstáculo en la vida de las personas con diversidad funcional.
Para esa niña de seis años, la palabra especial tenía el mismo significado que para los adultos el término problema. La palabra que todos usábamos para referirnos a Antón y que creíamos completamente inocente, había adquirido una carga tremendamente negativa.












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