En la historia de la evolución humana, los científicos han documentado la existencia de distintas especies de homínidos. Los criterios de arqueólogos, paleontólogos o antropólogos para considerar la “humanidad” de un grupo de primates se basan en cuestiones como la posibilidad de fabricar objetos, dar sepultura a sus muertos, crear expresiones artísticas… Sin embargo, si de mí dependiera, sé sin lugar a dudas cuál sería el criterio que elegiría: el momento en que un grupo de homínidos decide no deshacerse de los congéneres afectados por alguna discapacidad, sino cuidarlos como un miembro natural de esa comunidad.

Benjamina
Esta imagen intenta reconstruir uno de los fósiles hallados en las excavaciones de Atapuerca. Se le ha llamado Benjamina y corresponde a una niña nacida con una grave deformación craneal, que pudo vivir hasta los diez años gracias a los cuidados de su comunidad. Benjamina es el primer ser humano con discapacidad documentado del que cuidó su grupo.
Aún sabiendo que se trata tan sólo de una reconstrucción, el rostro de Benjamina me emociona y enternece. Me hace sentir cuánto de grandioso se encierra tantas veces en el ser humano y me resulta infinitamente más conmovedor que cualquier obra o logro realizados por el hombre. Las pirámides de Egipto, las catedrales del Barroco, la carrera espacial… todo resulta diminuto al lado de esa escena donde imaginamos a este grupo de homínidos, en las condiciones más adversas imaginables y cuando la supervivencia estaba tan comprometida, que fueron capaces de asumir el cuidado y la protección de esta niña.
Este es el rasgo que realmente nos convierte en seres humanos, más allá del fuego, el lenguaje o el caminar erguidos…
Los arqueólogos no encuentran una explicación razonable del por qué este grupo desafió las leyes del darwinismo cuando decidió cuidar de una niña que podía comprometer la supervivencia de la propia comunidad. Yo encuentro una explicación en la propia teoría de Darwin, que no afirmaba que sobreviviera el más fuerte sino el mejor adaptado. Y, en ese sentido, ocuparse de los miembros más frágiles del grupo supuso una forma de adaptación y evolución: significó un modo de impulsar la cooperación y la solidaridad, que han sido los elementos fundamentales para la evolución y pervivencia de nuestra especie.
Es cierto que el ser humano también ha sido quien de crear campos de exterminio, tortura, bombas nucleares… Y a eso sí que no le encuentro explicación. Seguramente en la balanza global esto último pese menos que todo lo bueno que ha sido capaz de crear. De lo contrario puede que ya no siguiéramos aquí.





Hoy he vuelto a leer en la prensa otro de esos artículos con los que nos bombardean últimamente sobre el derecho al aborto en los casos de “malformación del feto”, como si en esta palabra cupiera todo: ceguera, parálisis cerebral, autismo, síndrome de Down, sordera…






Hace unos días reflexionaba acerca de la preocupación que sentimos los padres de niños con discapacidad
Me preocupa un futuro donde mi hijo no tenga alguna obligación que le empuje a levantarse cada mañana. O que su única salida esté en algún taller ocupacional cuya materia no sea de su interés ni se adapte a sus habilidades. Es por ello que aplaudo inmensamente iniciativas como la realizada por 

Cuando los padres de niños con diversidad funcional pensamos en el futuro de nuestros hijos, nos preocupan grandes interrogantes que tienen que ver, principalmente, con su capacidad de autonomía e independencia en su vida como adultos. A medida que esta aspiración se evidencia más y más difícil, nuestra inquietud se centra en asegurarnos de que, una vez que nosotros no estemos, otros se ocuparán de quererles, cuidarles y protegerles.





El euro ha estado en mi vida durante una cuarta parte de mi existencia. Los inicios de nuestra relación resultaron bastante difíciles. Pensé que jamás conseguiría aceptarlo ni cambiar mi chip mental pesetero. Lo cierto es que, poco a poco y sin apenas percibirlo, he conseguido olvidarme de las pesetas e integrar plenamente la nueva moneda. Y resulta que ahora, precisamente ahora y después de más de una década de lucha y aceptación, vuelvo a añorar las pesetas.































































